Lunes 21 de Julio de 2008
Un proyectil calibre 32 era hasta anoche el "único elemento técnico" concreto con el que contaba la policía para aclarar el crimen del taxista Hugo Prada. La bala fue extraída en la autopsia practicada al chofer, quien apareció desvanecido tras estrellarse contra un cordón en Oroño al 3500. Luego se comprobó que había sido baleado a la altura del omóplato izquierdo. La policía precisó ayer que el disparo fue efectuado a una distancia superior al metro y medio porque de lo contrario hubiera dejado una marca llamada "tatuaje" en la piel. Pero el caso seguía siendo un misterio y investigadores no descartaban "ninguna hipótesis".
Los primeros tramos de la pesquisa estuvieron acompañados de un correlativo clima de desconcierto entre los taxistas. Los conductores realizaron asambleas espontáneas en distintos puntos de la ciudad, pero no llegaron a ninguna medida orgánica porque aún se desconoce qué pasó. Para la policía, no se puede considerar acreditado que fuera un homicidio en ocasión de robo.
Discordancia. Esto ocurrió, además, en medio de controversias sobre las circunstancias que rodearon a la muerte del chofer. Es que el primer informe a los familiares de los médicos del Heca que atendieron a Prada en sus últimos minutos daba cuenta de una "muerte súbita". La existencia de un plomo en su cuerpo se detectó después. Ayer, desde el Heca explicaron por qué no se advirtió la herida de bala (ver aparte).
"Estamos ante un caso en el que todas las hipótesis encajan", expresó uno de los oficiales que investiga el caso. Prada, de 48 años y padre de dos hijos de 19 y 21 años, fue asistido el viernes a la noche luego de que se desvaneciera y perdiera el control del taxi Peugeot 405 cuando iba sin pasajeros por Oroño hacia el norte. En el cruce con Seguí el auto golpeó contra una rotonda y terminó en la vereda.
Desde allí, una ambulancia del Sies trasladó al chofer hasta el Heca, donde falleció pese a las maniobras de reanimación. En la autopsia, ordenada por rutina, se halló una bala en su cuerpo y por eso se dio intervención a la jueza de Instrucción Mónica Lamperti. Un escueto informe del Instituto Médico Legal que circuló entre allegados al chofer dictaminó como causa de su muerte una "hemorragia masiva de tórax por proyectil de arma de fuego".
Todo encima. Al conductor no le faltaron sus pertenencias: llevaba encima la billetera y el celular. Para la policía, esto no implica que deba descartarse el intento de robo como móvil. Pero tampoco hay indicios que alienten esa hipótesis.
"El disparo pudo incluso haber sido desde otro vehículo o con el chofer fuera del auto", añadió el vocero. La trayectoria del disparo indicaría que el tiro fue efectuado desde el costado izquierdo y levemente hacia atrás del chofer.
Por el mínimo orificio que dejó el proyectil calibre 32, la policía se inclina a pensar que el tiro fue realizado desde de 1,5 a 3 metros de distancia de la víctima. De lo contrario, aseguran, la bala hubiera dejado un tatuaje. El conductor iba con la ventanilla baja, por lo que no se descarta un ataque desde otro vehículo.
Según datos de la autopsia detallados por una calificada fuente del caso, la bala ingresó a la altura del omóplato izquierdo del chofer y le atravesó transversalmente el tórax hasta alojarse en el pulmón derecho. "El ingreso de la bala era imperceptible", precisó el portavoz.
El tiempo remanente. Según un oficial de Jefatura, una persona que recibe una herida de esas características podría permanecer consciente "entre ocho y diez minutos". El efectivo explicó que el sangrado de la víctima fue a nivel interno, por lo que al llegar al hospital no tenía manchas visibles. Los investigadores también secuestraron la remera y un buzo de la víctima con una mínima perforación y apenas unas gotas de sangre.
Hasta ayer no habían aparecido testigos de un hecho violento. Los efectivos trataban de determinar cuál fue el último viaje del chofer, su recorrido habitual y los datos que quedaron registrados en la tiquetera para precisar en qué lugar habría sido herido. También revisaban el teléfono móvil, desde donde el chofer habría intentado enviar un mensaje o realizar una llamada antes de desvanecerse.
En el taxi no se encontró ningún rastro de violencia. Prada tampoco tenía golpes u otras lesiones. "Sólo el disparo. El único elemento técnico que tenemos para avanzar es el proyectil", dijo el portavoz. Se trata de una prueba decisiva en caso de que se secuestre un arma de fuego.
Repercusiones. El caso generó reacciones entre los taxistas. El sábado a la noche y la madrugada del domingo interrumpieron en forma parcial el servicio, que ayer al mediodía ya estaba normalizado. En asambleas espontáneas circuló el rumor de que las autoridades habrían ocultado la causa de la muerte para evitar una medida de fuerza que dejara sin taxis a la ciudad. Desde el Heca, sin embargo, remarcaron que el balazo no se detectó porque la herida era imperceptible.
La Cámara de Titulares de Taxis (Catiltar) dispuso una jornada de duelo con quite de colaboración hasta el mediodía del domingo. "Fue algo espontáneo en lo que los choferes mostramos nuestra solidaridad", dijo José Luis Cecchini, del Sindicato de Peones de Taxis. "El hecho es muy confuso y por eso fuimos prudentes. Sospechamos de un intento de robo, pero no sabemos. Queremos que se esclarezca", dijo por su parte José Tornambé, de Catiltar. Ayer a la mañana, los restos del taxista fueron sepultados en un cementerio privado de Granadero Baigorria.