Viernes 10 de Octubre de 2008
Tulio tiene 15 años. Junto a sus amigos Leonardo y Franco, de 17 y 14 años, esperaba en la esquina de Castro Barros y Anchorena el 141 para ir a la escuela. En un momento tuvo ganas de orinar y se corrió unos metros en busca de unos arbustos y de un poco de discreción. El chico no sabía que instantes después aparecería un comisario vestido de civil que, sin que mediara discusión o problema previo, bajó de su auto, lo encañonó con su arma, le aplicó un culatazo y le efectuó un disparo que pasó muy cerca de su cabeza.
El episodio causó un desbande en el lugar. El menor, ante la mirada aterrada de sus amigos y otras personas que se encontraban allí, fue conducido primero a la seccional 11ª por orden directa del mismo funcionario, que al parecer habría confundido a Tulio con un ladrón.
Doble denuncia. El caso de abuso policial fue denunciado en la División Judiciales de la Unidad Regional II y una testigo de toda la secuencia hizo lo propio en la delegación local de la Dirección de Asuntos Internos de la policía.
Todo sucedió el lunes a las 7.30. Los tres menores son amigos del barrio, una zona donde se confunden los barrios Saladillo y Roque Sáenz Peña, y viven a escasos metros unos de otros. Es más, Franco y Tulio compartieron un año en jardín de infantes. Ese día los tres no hacían otra cosa que ir a la escuela con sus bolsos y mochilas.
Patricia Araoz, Marta Villamil e Inés Laurich, las madres de los chicos, contaron a este diario lo sucedido. "Queremos que este policía no use más armas. No queremos que otros padres lloren lo que lloramos nosotros. Y necesitamos que esto salga a la luz para protegernos", remarcaron.
La secuencia se inició con los tres muchachos en la parada del colectivo de la línea 141, que los llevaría minutos después hacia la Escuela Newell’s Old Boys, en Corrientes al 1800.
Tiro a la cabeza. "Tulio se apartó hacia un costadito por Castro Barros porque tenía ganas de hacer pis, cuando llegó ese hombre a bordo de un auto clarito y acompañado por una mujer", sostuvo Laurich, la mamá de Tulio.
"De inmediato fue hacia mi hijo, le puso el revólver en la cabeza y le dijo «quedate quieto porque te mato»", agregó la mujer. Según su versión, en ese momento el muchacho se asustó "porque pensó que lo querían asaltar. En ningún momento esa persona se identificó como policía".
Así fue como el policía le pegó varios culatazos con su arma en la cabeza, le colocó la campera como capucha y arrojó al menor al suelo. Fue en ese instante, según contaron los testigos, que el hombre efectuó un disparo que pasó a centímetros de la cabeza del chico.
Por el golpe, a Tulio tuvieron que aplicarle más tarde cuatro puntos de sutura. En el lugar, los amigos del chico encontraron el casquillo de una bala calibre 45 que fue entregada a los investigadores.
A la comisaría. Tras la agresión, el comisario, de apellido Acosta, pidió refuerzos al Comando Radioeléctrico e hizo llevar al pibe a la seccional 11ª supuestamente acusado de robo. Laurich contó que a las 7.51 recibió un llamado de esa dependencia y le informaron, sin precisiones, que su hijo estaba herido en el hospital y que debía acercarse a la comisaría. A partir de allí comenzaron las irregularidades. Primero le dijeron que Tulio era víctima y luego que estaba imputado de un robo.
"Nos dieron bolilla recién cuando llamamos a un abogado penalista. Ahí se solucionó todo y nos mandaron a hacer la denuncia a Judiciales de Jefatura. Algunos policías de la 11ª y del Comando nos dijeron que ese tal Acosta se había equivocado y que no era la primera vez que hacía una cosa de ese tipo", concluyeron las mujeres.