Policiales

Dejaron seña de mil pesos por una compra y se robaron 400 mil en alhajas

Dos mujeres distrajeron a una empleada y una de ellas escabulló un paño con joyas. Estuvieron media hora en el local. Todo ocurrió en el shopping ubicado frente al aeropuerto.

Jueves 12 de Marzo de 2015

Dos mujeres llegaron el miércoles a la mañana a una joyería del shopping que se levanta frente al aeropuerto de Fisherton. Una era veinteañera y otra bordeaba los 50. Con modos amables le dijeron a la vendedora que estaban interesadas en comprar una cadena y un dije de oro para regalar a una amiga. Las clientas adquirieron joyas por un valor de 15 mil pesos y entregaron una seña de mil. Pero cuando la empleada que atendía el local se disponía a concretar la operación, la mujer mayor guardó con mucha astucia un paño con pulseras de oro en un bolso, sin que la vendedora pudiera advertirlo.
  La sorpresa de la comerciante fue mayúscula cuando le dijeron que un lienzo con pulseras de oro por un valor de 400 mil pesos había desaparecido. Y su asombro fue aún mayor cuando después comprobó en las imágenes que registró la videocámara de vigilancia del negocio que quienes se habían llevado las joyas eran las dos mujeres a las que ella creyó clientas.

Bien vestidas. El singular atraco ocurrió en Angel Joyas, un negocio ubicado en el local 19 del shopping Fisherton Plaza Chic Mall, situado sobre la avenida Jorge Newbery frente al Aeropuerto Internacional Islas Malvinas. Alrededor de las 11.30 del miércoles, Silvina atendía el comercio como lo hace habitualmente durante las mañanas.
  A esa hora, dos mujeres bien vestidas llegaron al negocio. “Hola, queremos ver dijes y cadenas de oro para regalárselas a una amiga de 30 años”, le dijo la más joven a Silvina.
  La vendedora desplegó un paño con esas joyas y se las mostró. Las dos mujeres las miraron con atención antes de decidirse cuáles llevarían. Incluso, la muchacha veinteañera le colocó una cadena en el cuello de su acompañante para alimentar la farsa de modo que la vendedora ni soñara con que estaba frente a dos ladronas.
  “Eran dos clientas normales. Tenían buena apariencia y ropa de calidad. Compraron joyas por alrededor de 15 mil pesos, me entregaron una seña de mil pesos y quedaron que hoy a la mañana (por ayer) pasarían a retirarlas. Además como el monto de la compra era importante me pidieron que les hiciera un descuento. Entonces llamé a la dueña para que lo autorizara”, explicó la empleada de Angel Joyas.
  Silvina envolvió las telas con las alhajas que las dos mujeres habían reservado y caminó unos pasos para guardarlas. En ese momento las ladronas se mostraron interesadas en otras pulseras de oro. Entonces Silvina regresó al mostrador con dos paños más.
  En todo momento, la chica joven hablaba con la empleada mientras su compañera escuchaba sin pronunciar palabra. “Me preguntó por una cadena de plata de un valor importante y la reservó. También preguntó si podíamos hacer un trabajo en oro con la foto de una criatura”, recordó la mujer.

En segundos. Silvina se alejó del mostrador para terminar de concretar la operación. “Les tomé los datos para arreglar el tema de la seña”, contó.
  Los breves segundos que la vendedora dejó los lienzos abiertos bastaron para que la mujer mayor consumara su tarea. Primero —según pudo comprobarse luego al observar sus movimientos registrados por una cámara de vigilancia instalada en el interior del local— envolvió con mucha sutileza el paño más pequeño con las alhajas y lo apoyó en un espejo sobre el mostrador mientras observaba las pulseras.
  “Siempre cierro los paños y los guardo en las vitrinas, pero nunca sospeché que podían robarme. Además estaba tranquila porque tenemos cámaras de video”, señaló la empleada.
  La vendedora enrolló los lienzos que habían quedado en el mostrador y los guardó. “En ese momento no me di cuenta de que faltaba uno”, contó.
  La ladrona, según puede verse en el video, colocó una cartera sobre el paño. Luego sacó un telefóno celular y comenzó a mirar los contactos. Ya para entonces, la mujer más joven se había retirado del local. Antes de irse del shopping, que cuenta con numerosos locales comerciales, la joven le preguntó al dueño de un negocio contiguo dónde podía tomar un taxi.
  Su socia apeló a un nuevo ardid. “Me dijo que quería ver las pulseras que le había mostrado”. En los pocos segundos que Silvina dejó de posar los ojos en la clienta mientras envolvía los lienzos, la ladrona miró hacia el exterior, se llevó una mano hacia la cabeza y guardó el paño en la cartera.
  Cuando ya habían transcurrido media hora, con las alhajas en su poder, la mujer salió con naturalidad del local. Incluso Silvina finalizó su jornada laboral sin haberse percatado de la sustracción.
  “Cuando llegué a mi casa, una compañera me avisó que habían robado las pulseras. Yo le dije que eso era imposible porque soy muy cuidadosa”, recordó. Sin embargo, las imágenes captadas por la videocámara le terminaría mostrando los hechos tal cual fueron.
  
En el centro. Un rato después Silvina se enteró de que el lienzo, sin las joyas, había sido hallado en el baño de una conocida librería del microcentro. “Lo encontró una empleada de limpieza y nos avisó un cliente (de la librería) que es conocido de la dueña de la joyería”.
  La investigación del hurto quedó a cargo del flamante fiscal de Flagrancias Rodolfo Coria y de la Policía de Investigaciones.

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