Viernes 16 de Abril de 2010
Con un disparo certero, dirigido directo a la cabeza, el cabo de policía Marcelo Galmarini mató
en mayo de 2007 a Pablo “Rusito” Espíndola en la zona sudoeste. El efectivo de la
Patrulla Urbana discutió con el joven para exigirle que su hermano menor, ex novio de su hija, no
tuviera más contacto con la chica. Le dio un golpe en la frente con la culata del arma y enseguida
le disparó a corta distancia.
Para el juez a cargo del juicio que acaba de cerrar contra el
uniformado, de esa mecánica se desprende con claridad la “inequívoca intención” de
matar, por lo que descartó que se haya tratado de un tiro accidental. Bajo ese encuadre le impuso
17 años de prisión y la obligación de indemnizar en 330 mil pesos a los familiares de la víctima.
Ese es el fallo que dictó el juez de Sentencia Nº 6, Julio García, al
terminar el juicio contra el policía de 37 años. El juez descartó el planteo defensivo de que al
policía se le había escapado el disparo. Tuvo en cuenta los dichos de varios testigos que vieron
tirar a Galmarini y también las pericias técnicas realizadas en la causa. Lo condenó por el delito
de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y contempló como agravantes su condición de
policía y su entrenamiento en el manejo de armas.
Violencia repetida. Esta es la segunda vez que el policía Galmarini afronta un
juicio penal por homicidio. En febrero de 2001 fue acusado junto a otro policía de la ejecución de
dos hombres, Esteban Cabral y Rubén Ortega, en Circunvalación y Uriburu. Un caso que familiares de
las víctimas presentaron comotípico caso de gatillo fácil. Entonces fue acusado de homicidio
agravado pero el juez de Sentencia José María Casas consideró que los dos efectivos actuaron en
legítima defensa y los absolvió (ver aparte). El policía también registra una causa por apremios
ilegales y amenazas del año 2000 que prescribió en 2007.
A diferencia del doble crimen de Ortega y Cabral, el homicidio de
Espíndola no fue cometido durante un procedimiento funcional de Galmarini como policía. El efectivo
persiguió al hermano menor de la víctima en un auto para recriminarle una cuestión personal. De
todos modos, estaba uniformado, llevaba el arma oficial e iba acompañado de otro policía.
“El disparo producido a corta distancia, dirigido a una zona vital
como la cabeza, pone en evidencia la inequívoca intención que tenía Galmarini de producir la
muerte. Actuó con dolo directo”, evaluó el fallo el juez García. Para probar la intención
homicida, dijo, “basta, como en este caso, que en el momento del hecho el sujeto quiera matar
y en efecto mate, tal como surge de apuntar su arma reglamentaria”.
La defensa rechaza. La fiscal de la causa, Adriana Camporini, apeló el fallo ante
un tribunal superior porque pretende una pena más alta: en su alegato había solicitado una condena
de 26 años. La defensa hoy cuestionará la sentencia. “Fue un disparo accidental producto de
un forcejeo. Fue homicidio no intencional”, dijo el abogado José Nanni.
El juez impuso una indemnización al efectivo en forma solidaria con la
provincia de Santa Fe porque el policía actuó con su arma reglamentaria. Debe resarcir al
matrimonio Espíndola.
El asesinato del Rusito Espíndola provocó una conmoción en el Fonavi de
bulevar Seguí y rollón, en barrio Triángulo. Separados por una distancia de cien metros, allí
vivían tanto el policía como el joven Espíndola. El hermano menor del muchacho, Gustavo, entonces
de 16 años, había sido novio de una hija del policía hasta tres meses antes del hecho. Los padres
de la chica, según declaró en el adolescente en el juicio, se oponían a esa relación.
Frente a testigos. La mañana del 24 de mayo de 2007 el chico cruzó a su ex novia
en la calle e intentó retomar la relación. La versión de la chica, de la que incluso dejó
constancia en la comisaría 19ª, fue que el joven intentó agredirla. Tras ese encuentro, ese
mediodía Galmarini fue en su auto y acompañado de otro policía a buscar a Gustavo para exigirle que
se alejara de su hija. El joven contó que al ver a Galmarini esperándolo en la puerta de su casa él
salió corriendo y el auto comenzó a seguirlo. En Uruguay al 6000, según dijo, el policía lo
alcanzó, se bajó arma en mano y lo apuntó.
Pablo llegó en una moto, se bajó y le gritó al uniformado que lo dejara
tranquilo. “Marcelo dijo que dejara de molestar a su hija y Pablo le contestó que no estaba
haciendo nada”, contó el hermano de la víctima. Dijo que la discusión escaló, el policía le
pegó una trompada al Rusito y éste respondió. Entonces “Marcelo levantó el arma, le dio con
la culata en la frente y lo tiró a Pablo”.
En el momento en que el joven se ponía de pie, el uniformado le apuntó a
la frente y disparó. El muchacho cayó ensangrentado al piso. “tomártelas porque a vos también
te voy a pegar un tiro”, le dijo a Gustavo, quien se fue en la moto de su hermano a buscar
ayuda.
La misma escena fue observada por otros testigos azorados, que contaron
que Pablo fue ejecutado cuando estaba atontado por el golpe con el arma. La bala ingresó por la
frente del muchacho, le atravesó la cabeza y le provocó destrucción de masa encefálica. Espíndola
murió al día siguiente en el Heca.
Los padres del muchacho decidieron donar sus órganos. El agresor se
entregó pocas horas después en la seccional 19ª y el episodio detonó un estallido de bronca
barrial, en el que los vecinos saquearon el departamento de la policía. El caso motivó marchas y
actos de los familiares para denunciar maniobras de protección policial hacia el imputado y
reclamar que el caso tuviera sanción penal.