Policiales

Cumple un mes de impunidad la ejecución a balazos de un muchacho

Elías Bravo tenía 17 años y era acusado por la policía como un arrebatador. El 15 de octubre lo mataron de 30 tiros frente a un quiosco de venta de drogas. No hay detenidos.

Domingo 13 de Noviembre de 2011

Los familiares de Elías Gabriel Bravo, el pibe de 17 años que tenía varias anotaciones penales y fue acribillado con 30 balazos hace un mes en la zona noroeste de la ciudad, no se cansaron de denunciar en Tribunales y ante los medios de comunicación el apodo del presunto asesino. Sin embargo, la causa que investiga el juez de Instrucción Luis María Caterina, quien apartó del trabajo de campo a los efectivos de la sección Homicidios de la policía rosarina, sigue sin detenidos.

El motivo de la separación de la pesquisa callejera de los efectivos más calificados para la investigación de un asesinato, dijeron fuentes oficiales, tuvo su origen en un áspero incidente con familiares y allegados de la víctima. "Se vivió una situación de hostilidad manifiesta, a un paso de la agresión física por parte de allegados a la víctima, y por eso las declaraciones serán tomadas sólo en Tribunales", explicó un vocero el edificio de Balcarce y Pellegrini.

En ese orden la madre de Elías, Analía, había dicho públicamente que pensaba que el crimen de su hijo no era investigado seriamente porque se trataba de un muchacho con antecedentes policiales. Desde la otra vereda se decía que a los policías involucrados en la pesquisa, los familiares y los allegados de Elías les retaceaban información.

Según el cristal. Elías Gabriel Bravo era un pibe de 17 años que despertaba amores y odios. Para su gente, era un ángel. Un muchacho cuyo bestial asesinato motivó distintas pintadas en inmediaciones de su casa de Olavarría al 1200 bis, en Empalme Graneros. Su nombre está mencionado en cadenas de mensajes de texto, en dedicatorias de canciones en las radios FM de la zona noroeste, y sus amigos abrieron una cuenta de Facebook llamada "Elías Bravo, siempre presente". La foto del perfil es un retrato de Elías apoyado en su Honda Tornado negra, la moto que lo acompañó hasta su muerte. Varios de sus amigos, incluso, se tatuaron su nombre entre un par de alas.

En ese sentido, Analía aseguró en un diálogo con La Capital que Elías se había rescatado, como en la jerga se denomina el haber dejado el mundo del delito. Pero para la policía era un muchacho con antecedentes que se dedicaba al arrebato a bordo de su moto.

En la calle, Elías era un tipo a veces respetado y otras temido. "Al petiso lo remataron en el piso como a un perro. Sobre el cemento se pueden ver los corchazos (impactos). Sabían que si lo dejaban malherido él los iba a ir a buscar. El petiso se la aguantaba. Con él era sencillo: si estaba todo bien, buenísimo, ahora si les caías mal...", comentó un joven de la zona pocas horas después del crimen.

El asesinato de Elías Bravo fue el más sangriento y brutal de 2011. Treinta impactos calibre 9 milímetros tenía su cuerpo cuando los vecinos de French al 2100 se animaron a salir de sus casas. Recibió impactos desde la nuca hacia las piernas, la mayoría cuando estaba de espalda Fue el viernes 15 de octubre a la medianoche, frente a un quiosco de venta de drogas que los vecinos luego destruyeron al vincular a sus ocupantes con el homicidio. Para los investigadores hubo por lo menos dos tiradores. A Elías no le hallaron arma y su moto quedó tirada a su lado.

Apuntado. La mamá de Elías apuntó de inmediato al apodado Oreja, un muchacho que supo jugar al fútbol con Elías y que, según los dichos de los allegados a la víctima, tiene relación directa con los encargados de la distribución y comercialización de drogas en Empalme Graneros y Ludueña.

En diálogo con varios medios, Analía relató que Elías "era un buen muchacho", que "sus vecinos lo apreciaban" y que tras estar detenido tres meses en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar) en julio "había comenzado un taller de carpintería y se había escolarizado: estaba en primer año del secundario".

Sus vecinos indicaron que con Elías esa zona de Empalme Graneros estaba más segura y ellos podían caminar tranquilos. Pero uno de los testimonios que más conmovió en la voz de Analía fue cuando la mujer admitió que su hijo robaba a los transas para que no le vendieran droga a los más chicos. "El no quería que le vendan droga a los chicos chiquitos, pero a los transeros no les importa nada", contó la mujer. "Yo sé que habían puesto un precio por la cabeza de mi hijo", explicó Analía. Fuentes judiciales indicaron que ese testimonio consta en el expediente judicial en manos del juez.

El miércoles 26 de octubre, en la lápida de la tumba de Elías, en el cementerio La Piedad, apareció una pintada con tinta indeleble verde: "Arde el infierno—!!! Feliz Mami!!!". Un día más tarde, Analía fue al juzgado de Caterina y dejó constancia de la amenaza.

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