Policiales

Cuestionan un fallo que dejó en libertad a un condenado por matar a su pareja

Fernando Godoy había sido sentenciado a perpetua pero la Cámara Penal rebajó la pena a tres años por considerar que se trató de un accidente.

Martes 28 de Enero de 2020

Entre los carteles que se alzarán hoy en la marcha contra los femicidios en Villa Gobernador Gálvez estará el nombre de Tamara Merlo. La joven de 18 años fue baleada por su pareja cuando volvían a su casa de un cumpleaños en 2017. "Nunca me voy a cansar de pedir justicia por mi hija", convoca su madre, Graciela.

El caso quedó en medio de una controversia luego de que la Cámara Penal le rebajara la condena al marido de la chica de prisión perpetua a tres años. Para los camaristas, Fernando Godoy mató a Tamara por accidente al manipular un arma en mal estado y no hay pruebas de otra cosa. Hace once días el joven recuperó la libertad y esto provocó la reacción de la familia, que reclama otra revisión.

"Nunca es tarde para que me escuchen. Para la Justicia la vida de mi hija no valió nada. Voy a seguir luchando", dijo ayer la mamá de Tamara mientras se preparaba para llevar su reclamo a la marcha contra la violencia de género que hoy, desde las 18.30, recorrerá las calles de su ciudad.

Vínculos

Godoy, un albañil de 23 años, había sido condenado en juicio oral a prisión perpetua por un crimen calificado por el vínculo. El caso nunca se encuadró como femicidio porque no hubo pruebas de agresiones previas. Sobre fines de diciembre un tribunal de apelación le rebajó la condena a 3 años de prisión. El acusado dijo que se le escapó el disparo y los camaristas no encontraron pruebas de una intención homicida.

Como resultado de esa rebaja, el 17 de enero pasado la jueza Silvia Castelli le otorgó a Godoy la libertad con restricciones. No podrá acercarse a Graciela, quien cuida a su nieto Ciro, de 4 años. El nene tenía 2 años y medio cuando su madre fue asesinada la noche del 10 de junio de 2017 en la casa de Villa Gobernador Gálvez donde Fernando y Tamara convivían.

Ese día la chica había ido con el nene, hijo de ambos, a un cumpleaños infantil en un salón frente al club Talleres. A las 21 Fernando la fue a buscar en moto y volvieron a su casa de Alvear al 3200, a 12 cuadras. Minutos después retumbó el disparo.

El muchacho salió desesperado a pedir ayuda. El padre de Godoy llevó a Tamara con un tiro en el pecho al Hospital Gamen pero llegó sin vida.

Lo primero que le dijo Fernando esa noche a la policía y a la familia de Tamara fue que unos encapuchados los siguieron desde el cumpleaños y les dispararon al llegar a la casa. Luego dijo otra cosa: que el arma se había disparado sola. Finalmente confesó que se le había escapado un disparo mientras manipulaba un arma defectuosa. Se hizo un allanamiento y se encontraron las piezas del revólver calibre 22 que causó el crimen.

"Fallé en cambiar las versiones. Estaba muy nervioso, se cruzaron muchas cosas por mi mente. El miedo a perder a mi hijo, perder un montón de cosas. No tenía motivos para querer quitarle la vida a la madre de mi hijo. La verdad es que fue un accidente", dijo en septiembre en la primera jornada del juicio oral ante las juezas Patricia Bilotta, María Trinidad Chiabrera y Mónica Lamperti que lo condenaron a perpetua como autor de un crimen intencional.

Luego llegó la apelación y la rebaja que sorprendió a la familia de la chica. "Fue todo tan de golpe. La Justicia le respondió a la defensa de Godoy y la vida de mi hija no valió nada", dice su madre, que pretende seguir apelando. La controversia quedó instalada: para las organizaciones de género la muerte de Tamara fue un femicidio pero para la Justicia eso no pudo probarse.

Negligencia

Por eso vale la pena detenerse en el fallo que el 20 de diciembre emitieron en forma unánime los camaristas Javier Beltramone, Gabriela Sansó y Guillermo Llaudet. Lo que se divulgó hasta ahora es sólo la parte final: que rebajaron la condena al entender que se trató de un homicidio culposo, es decir causado por negligencia. Pero en las 18 páginas de la sentencia los jueces argumentan esa conclusión.

Primero revisaron el planteo de la defensora pública Andrea Siragusa, quien dijo que el disparo fue accidental. Luego analizaron la réplica del fiscal Luis Schiappa Pietra, quien pidió confirmar la condena porque la mecánica del crimen da cuenta de un disparo directo al pecho.

Entre esas dos posiciones, y "aún cuando la mecánica del hecho puede ser discutible", para la Cámara no se probó una intención de Godoy de matar a su pareja a minutos de llegar a su casa, en una habitación sin testigos. El joven dijo que todo ocurrió apenas llegaron del cumpleaños, cuando estaban los dos en la cama, ella con el niño en la cabecera y él en la punta revisaba un arma que tenía sólo una bala y se disparó por estar defectuosa.

Si bien primero mintió, "en muy poco tiempo decide decir su verdad, que mantuvo durante dos años", rescatan los camaristas. Esa confesión, en las primeras horas y antes de cualquier pericia, permitió hacer el allanamiento donde hallaron no una sino dos armas. Una, la usada en el crimen, estaba rota en un cañaveral. La otra es un revólver hallado en la casa que funcionaba correctamente y "tenía el cargador completo de balas". Sin ese aporte, dice el fallo, el caso quizás no se hubiera aclarado.

"Durante los años que estuvo con Tamara, Godoy jamás fue denunciado. Jamás la madre de Tamara reseñó algún indicio de maltrato o destrato", destaca la sentencia. El muchacho se había casado con ella sabiendo que era portadora de VIH y tuvieron un hijo, "la cuidó y la cuidaba hasta el día del fatal suceso. ¿Cuál es el móvil del homicidio?", plantearon los jueces.

Sin intención

Para ellos la mecánica del suceso no prueba una intención homicida. "¿Godoy tenía un arma en perfecto estado de uso y prefirió usar para matar con dolo directo a su esposa, sin saberse el porqué, un arma defectuosa que tenía una sola bala?", se preguntan los camaristas, y responden: "Tan defectuosa estaba que la policía científica debió realizar no menos de cinco intentos para dispararla. Un arma que funciona tan mal difícilmente pueda admitir el dolo directo".

Otro aspecto que tuvieron en cuenta son los horarios. Fernando buscó a Tamara en el salón a las 21.20. Hay unos 15 minutos de trayecto hasta su casa. A las 21.35 salió desesperado a pedir ayuda y llamó a su abuela. Tres minutos después un vecino avisó al 911. "El disparo se produjo de inmediato. Tal es así que a las 21.45 estaba firmado el deceso", sigue el fallo. Frente a este panorama, concluye que "lo verdaderamente relevante es que Godoy admite haber mentido".

El muchacho, sin conocimientos legales ni antecedentes, fue para los jueces "claro y llano" al reseñar lo que pasó. Tenía con Tamara una relación algo reservada —no usaban celular y compartían un perfil de Facebook— pero "pacífica. Se ha probado que no existía ningún tipo de conflicto entre ambos. Nadie en forma seria y contundente ha expresado lo contrario". Lo que se penó con 3 años fue una dramática negligencia de alguien que "ha internalizado desde el primer día la gravedad del suceso".

Cada caso es un mundo. Aterida de dolor, la familia de Tamara seguirá buscando respuestas, denunciando un femicidio y agitando carteles con voluntad firme y sabor a poco. La Justicia responderá que a cualquier conjetura, a todo lo que puede ser, hay que probarlo. Entre esas dos posiciones quedó instalada la pregunta sobre el final de Tamara y la densidad de su temprana muerte.

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