Sábado 19 de Diciembre de 2009
Los cuatro operarios de la Empresa Provincial de la Energía (EPE) que presenciaron el crimen de
Leonel González, el joven de 16 años abatido de seis disparos por un policía en barrio San
Francisquito, avalaron la versión oficial de que se trató de un enfrentamiento. Lo hicieron al
declarar en Tribunales, donde dijeron que el chico fallecido empuñaba un arma y que no acató la
orden de uno de los agentes que los custodiaba para que la arrojara al piso. Sin embargo, ninguno
de ellos pudo narrar la secuencia concreta del tiroteo porque, según dijeron, se agacharon para
preservar sus vidas. De modo que no lograron precisar cómo se inició la supuesta balacera.
Los relatos de los empleados, “muy similares” y “muy
firmes”, fueron considerados válidos por allegados a la investigación. A partir de esos
testimonios fuentes de la causa señalaron que, en principio, habría elementos para suponer que el
procedimiento policial no fue irregular.
No obstante, el quinto testigo del hecho, Nicolás, un amigo de la
víctima que iba con él cuando ocurrió el homicidio, aseguró a este diario que su amigo estaba
desarmado y que fue ejecutado cuando estaba en el piso, versión que reiteró al prestar declaración
ayer en presencia de su madre y un asesor de menores.
En este sentido, el juez de Instrucción Juan Andrés Donnola, quien
interviene en suplencia en el juzgado de Instrucción Nº 13, dijo que “hay cuatro testigos
presenciales” que situaron sus “firmes relatos” en croquis graficados por ellos
mismos.
El hecho ocurrió el martes a las 22.30 en Virasoro al 3500. Una
cuadrilla de la EPE trabajaba en un transformador custodiada por dos efectivos del Comando
Radioeléctrico cuyos nombres no trascendieron. En un momento tres jóvenes, entre los que estaban
González y Nicolás, aparecieron corriendo por Virasoro de este a oeste. La policía planteó que
González se descartó de un pistolón y luego inició un tiroteo con un revólver calibre 22.
Qué dijeron. En sintonía con la voz oficial, los operarios de la EPE relataron que ante la voz
de alto de los policías uno de los jóvenes escapó y tras él salió uno de los uniformados, que
regresó cuando ya habían concluido los disparos. Otro muchacho, Nicolás, se arrojó al piso. Y
González, relataron, siguió caminando mientras apuntaba hacia adelante con un arma que tenía con
las dos manos. Y narraron que el efectivo que permaneció en el lugar le gritó cuatro o cinco veces:
“Largá el fierro”.
En un momento, dijeron los testigos, el chico giró hacia donde estaba el
policía sin dejar de empuñar el arma y en ese instante se desataron los tiros. Los operarios
afirmaron que temieron por sus vidas, se protegieron y por eso no vieron la secuencia decisiva
aunque escucharon entre “6 o 7 disparos”, efectuados cuando el policía y la víctima
estaban a una distancia de entre 10 y 15 metros.
El relato de los empleados, aún en la hipótesis del enfrentamiento, no
despeja un dato clave: si existió intercambio de disparos y, en ese caso, quién tiró primero. Un
elemento esencial para establecer si la reacción policial fue justificada. En ese sentido, un
vocero indicó que no se secuestraron en el lugar proyectiles del revólver adjudicado a la víctima.
Según los testigos, una vez que el adolescente cayó abatido, el policía
se acercó con la pistola en alto y pateó el arma del muchacho para alejarla del cuerpo. Luego
regresó al patrullero, llamó al 911 y se palpó el cuerpo. Uno de los operarios le preguntó si
estaba bien. “Estoy viendo si no tengo una herida”, respondió el uniformado.
Una versión muy distinta fue la que brindó el amigo del adolescente
fallecido. Según un vocero, Nicolás reiteró lo dicho a este diario durante el velorio de González.
Contó que huían de otro grupo que los perseguía a tiros, que no tenían armas y que al doblar por
calle Virasoro se encontraron con los policías. “Nos hicieron tirar al piso, a mi me pegaron,
pero a Leonel lo balearon varias veces hasta que le dieron. Después le pusieron un fierro para
decir que hubo un enfrentamiento”. Los familiares del chico ultimado dijeron que era incapaz
de enfrentarse con un arma y señalaron que se trató de un caso de gatillo fácil.
Pericias
A pedido de la fiscalía, el juez Donnola ordenó que la reconstrucción del hecho la realice
Gendarmería Nacional. “Que sea otra fuerza la que lo haga para que no sea discutido el
dictamen”, señaló el magistrado, quien espera las pericias sobre las armas incautadas (un
revólver calibre 22 con tres balas y otras tres percutadas y un viejo pistolón) y la que
determinará la trayectoria y distancia de los seis disparos que mataron al adolescente.