Policiales

Cuatro jóvenes heridos en un salvaje ataque a tiros a la salida de un boliche

Fue en represalia por golpear, frente a la disco, a tres ladrones que intentaron robarle la cartera a una chica .Los agresores los siguieron en dos autos y a las siete cuadras los balearon. Están fuera de peligro.

Sábado 25 de Septiembre de 2010

"Nosotros somos choros y ustedes no saben con quiénes se metieron". Esa fue la última frase que escuchó a la salida de un boliche un grupo de jóvenes que caminaba por calle Rioja al 3700 antes de que dos hombres armados empezaran a disparar a mansalva. La secuencia duró menos de un minuto: cuatro muchachos de entre 19 y 24 años recibieron impactos de bala en las piernas y uno de ellos sufrió una fractura de fémur.

Mientras los agresores huían, Rioja entre Castellanos y el pasaje Sánchez de Triana se vio estremecida por los alaridos de dolor de las víctimas y los pedidos de ayuda de sus amigos. Si bien no hay detenidos, por la mecánica de los hechos los investigadores tienen bajo sospecha preliminar a varios hombres con antecedentes que caminan por barrio Tablada y los monoblocks de Grandoli y Gutiérrez.

Lo ocurrido ayer entre las 4 y las 4.30 de la mañana en barrio Agote insinúa que en las calles rosarinas los viejos códigos parecen haberse quebrantado. Hasta hace unos años el "aguantársela" era sinónimo de enfrentar una pelea a las trompadas, pero el significado de ese axioma callejero hoy, en ocasiones, consiste en sacar un arma y arremeter a tiros.

Punto de partida.Todo comenzó con una gresca entre dos grupos de muchachos a partir del intento de robo de una cartera, a la salida de un boliche ubicado en el Patio de la Madera sobre Santa Fe a la altura de Crespo. Terminó siete cuadras más allá, en Rioja al 3700, con cuatro heridos de bala.

Según pudo reconstruir la policía, pasadas las 4 de la mañana nueve jóvenes, seis varones y tres chicas, salieron del boliche en el que se realizaba una peña universitaria. En la vereda, frente al estacionamiento, a una de las mujeres del grupo le quisieron arrebatar la cartera y esto motivó una pelea a trompadas. Tres hombres que participaron del intento de robo contra cinco que salieron en defensa de la chica. La pelea se disolvió a partir de la desventaja numérica y los agresores se fueron.

Salvado el incidente el grupo que salía de bailar cruzó la plaza Juan Domingo Perón, que contiene al Patio de la Madera, y luego caminó por calle Rioja hacia el oeste. Al cruzar la cortada Sánchez de Triana el grupo caminaba disperso por la vereda de los pares. Entonces escucharon rugir los motores de dos autos: un Renault Clío y un Peugeot 206. Hubo una frenada brusca, a cero, y dos hombres que bajaron de uno de los autos empuñando pistolas los enfrentaron metros antes de llegar a Castellanos.

“Ustedes son los que nos picotearon —en la jerga, herir o golpear en una pelea—. Nosotros somos choros y no saben con quiénes se metieron”, dijo uno de los agresores mientras le pegaba varios culatazos en la cabeza a uno de los jóvenes. Enseguida comenzaron los disparos. Los investigadores indicaron que fueron al menos seis, cifra que coincide con los escuchados por los vecinos.

Un caos. “Fue una locura. Serían las 4.30. A mí me despertaron los disparos. Me asomé por la ventana y pude ver a dos muchachos tirados. Uno estaba en la calle y otro sobre la vereda. Otros dos estaban heridos, pero de pie. Y las chicas no dejaban de gritar pidiendo una ambulancia”, contó una vecina que vive a metros del lugar.

“Una madrugada horrible. Primero se escucharon frenadas de autos, después gritos, estampidos de disparos y pedidos de auxilio. Terrible”, relató otra mujer. Ayer a la mañana, en una franja de 20 metros entre la numeración catastral 3766 y 3782 de Rioja, había ocho círculos trazados por los efectivos policiales para enmarcar donde quedaron vainas servidas y ojivas de plomo. Sobre la calle, a la altura de un bache mal reparado, dos imponentes manchas de sangre, un guante de látex y hasta un tubo de suero eran parte de la escena.

Cuatro muchachos resultaron baleados: Maximiliano L., de 22 años, recibió un balazo con entrada y salida en su rodilla izquierda; Sebastián S., de 19, un disparo en el tobillo izquierdo; Rubén M., de 24, un balazo que le fracturó el fémur de la pierna izquierda y otro en el brazo del mismo lado y varios golpes en la cabeza por los culatazos; y Rubén Darío A., de 22 años, un impacto en el pie derecho. Este último corrió casi 200 metros hasta refugiarse con un amigo en una casa de San Nicolás al 900.

“Ibamos caminando y dos chicos nos empezaron a disparar a quemarropa. Yo corrí con un amigo que tenía un tiro en un pie y nos metimos en la casa de una amiga, en San Nicolás y Rioja. Ella llamó a la ambulancia y a la policía, los otros quedaron tirados en el piso porque no se podían mover”, relató Ezequiel, quien integraba el grupo de los agredidos.

“Fueron muchísimos disparos. A los que quedaron tirados en el piso los dejaban, pero a los que salimos a correr nos siguieron tirando”, relató una de las muchachas del grupo. “Lo que queremos dejar claro es que no hubo un enfrentamiento entre barras. Ninguno de nosotros estábamos armados. Salíamos de bailar y nos topamos con esto”, dijo la joven.

Los heridos fueron derivados al hospital Centenario y al Clemente Alvarez. Si bien ninguno tiene heridas que comprometan su vida y tres de los jóvenes fueron dados de alta, Rubén M. es el más complicado por la fractura en el fémur y permanece internado en observación en el Heca.

Los plomos. De la escena del ataque se pudieron recolectar cinco vainas calibre 9 milímetros, dos ojivas de plomo y un proyectil intacto calibre 380, conocido como 9 milímetros corto. Lo que hace inferir que uno de los tiradores montó la pistola desconociendo que tenían munición en la recámara. Y que hubo dos armas diferentes.

Por la mecánica del episodio, fuentes allegadas a la investigación posaron sus ojos en una serie de nombres ligados al mundo del hampa de la zona sudeste, aunque aguardaban medidas para evaluar el sustento de esa presunción inicial. Según una fuente de la causa, en tanto, todos los testigos del ataque describieron la misma situación y señalaron que los dos grupos no se conocían entre sí. La pesquisa quedó en manos del juez de Instrucción Juan Andrés Donnola.

 

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