Policiales

Cuatro hombres al banquillo por el secuestro extorsivo de un joven de 20 años en 2017

Dos están acusados de haber raptado y robado el auto de la víctima. Los otros dos fueron imputados de integrar el grupo de captores.

Lunes 22 de Abril de 2019

Un caso de secuestro extorsivo ocurrido en 2017 en Rosario, en el que un joven de 20 años estuvo retenido durante cinco horas hasta que su familia negoció y pagó un rescate, comenzará a ser ventilado en un juicio oral y público a partir de mañana en los Tribunales Federales de Oroño al 900. Por el hecho responderán cuatro acusados en el marco de medidas de seguridad rigurosas con la finalidad de que víctimas e imputados no tengan ningún tipo de contacto.

Que un secuestro extorsivo se exponga en un juicio oral federal es un acontecimiento inusual del que no hay registros en Rosario. En la ciudad de San Nicolás la Justicia federal investigó dos secuestros extorsivos (uno en Arrecifes y otro en San Pedro) en años anteriores que finalmente se tramitaron en los tribunales ordinarios de esa provincia. El que empieza mañana desde las 9 se desarrollará en el Tribunal Federal Oral Nº 3 a cargo de los jueces Eugenio Martínez, Osvaldo Facciano y Germán Sutter. El encargado de acusar es el fiscal Federico Reynares Solari y las audiencias se celebrarán los martes y viernes.

Armas y chalecos

Los hechos que se analizarán en un juicio al que están citados 41 testigos ocurrieron a partir de las 23.40 del 31 de marzo de 2017. Un muchacho de 20 años que había salido de su casa para comprar helados fue interceptado por dos hombres que se bajaron de un Chevrolet Aveo en Zuviría y Solís, en barrio Belgrano. Los dos sujetos, que según la víctima tenían chalecos policiales y usaban armas, lo hicieron bajar y reingresar a su Ford Fiesta que luego dejaron abandonado en Saavedra entre Rodríguez y Callao.

"Me di cuenta de que me seguía un auto porque se me pegaba mucho atrás y pensé que era un Vectra", dijo la víctima.

"Se bajaron dos tipos, se identificaron con placas y dicen ser policías. Me muestran las armas, una pistola cada uno. Me abren la puerta, me obligan a bajar, todo gritando. Me metieron en el asiento de atrás pero como yo forcejeaba vino el grandote y me empezó a pegar. El viejo canoso se sentó conmigo. Manejó el grandote que iba a mil, me hizo mierda el auto porque agarraba los lomos de burro y el cordón. Yo estaba todo el tiempo en el auto semiencapuchado", contó en su declaración en la instrucción del caso.

Indicaciones

La madre del muchacho recibió el primer llamado extorsivo a la 0.24 del 1º de abril, a 45 minutos de la captura. Le dejaron claro que tenían a su hijo, que comenzarían por cortarle un dedo y que terminarían por darle muerte si no les pagaban 100 mil pesos para liberarlo.

"Mami, quedate tranquila, me secuestraron, prepará toda la plata porque si no me van a matar", escuchó la mujer la primera vez. Un minuto después el celular volvió a sonar. "Señora, ya entendió, su hijo está secuestrado. Le digo dos cosas: no llame a la policía y espere mis indicaciones. Si no hace caso se lo mato". La mujer quedó congelada al oír pero al recobrarse llamó al 911 con el celular de otro hijo.

Arrancó entonces una negociación con llamadas que se cortaban. A las 3.25 la mujer, desde la comisaría 14ª, escuchó de nuevo que debía pagar 100 mil pesos. Reuniendo dinero a las apuradas entre distintas personas lograron juntar 85 mil pesos y algunas alhajas. Colocaron todo en una bolsa y aguardaron directivas por parte de los captores.

En el contacto posterior los secuestradores le dijeron que debía dirigirse en auto a una ermita dedicada al Gauchito Gil situada en Acevedo entre Omar Carrasco y Ovidio Lagos (en el ingreso a barrio Acindar) y, sin detenerse, arrojar por la ventanilla la bolsa con el dinero.

Cuando los delincuentes constataron que eso había ocurrido sacaron al joven de su lugar de cautiverio y lo trasladaron hasta Sastre y Garay. Una vez liberado, el muchacho caminó hasta Ovidio Lagos al 3200 donde tomó un taxi.

Dos días después

Los principales acusados por el secuestro, los hombres que señaló el joven cautivo, fueron apresados dos días después del hecho por un trabajo conjunto de la Policía de Investigaciones de Rosario (PDI) y una brigada de la División Antisecuestros de la Policía Federal. Son Miguel Angel Capobianchi, de 56 años, y Diego Sebastián Gamboa, de 39. Ambos cuentan con antecedentes por robo de autos y salideras.

Los dos fueron procesados como coautores de secuestro extorsivo, agravado por haberse cobrado el rescate, por el uso de armas de fuego y la participación de tres o más personas, lo que supone penas posibles de hasta 25 años de cárcel. También se les atribuyó el robo del auto de la víctima. Capobianchi tiene una condena a nueve años por tres hechos de robo calificado y Gamboa una a cuatro años por robo agravado. Su defensor será Alfonso Garrone.

Como integrantes del grupo de apoyo a los captores irán a juicio además a Dionisio Gutiérrez, de 63 años, y Jonatan Andrés Sosa, de 27. El primero quedó ligado a los sindicados como autores materiales del secuestro por escuchas telefónicas que lo vuelven sospechoso de ser parte del grupo. Sobre Sosa hay un testimonio incriminatorio. Todos admiten conocerse. Estos dos acusados fueron desvinculados del robo del auto y serán defendidos por el abogado Marcelo Piercecchi.

Sin contacto

Para este juicio las víctimas, que manifiestan seguir bajo un fuerte trauma razón por la cual se omiten sus nombres, van a declarar sin la presencia de los acusados y con procedimientos de seguridad internos para que no se crucen en ningún espacio del edificio con los imputados. Para supervisar el cumplimiento de las medidas preventivas hoy estará en los Tribunales Federales un equipo del Programa de Protección de Testigos de la Nación.

Para mañana se espera una de las audiencias más importantes del juicio. Se prevé que declaren el joven secuestrado y sus familiares, las personas que vieron el secuestro y también tres personas inicialmente imputadas, acusadas de haber facilitado la casa donde el muchacho estuvo retenido, quienes recibieron falta de mérito cuando la víctima descartó que lo hubieran tenido cautivo en la casa donde viven.

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