Policiales

"Cuando vi el fotofit supe que era quien me había asaltado"

Lo dijo Juliana, empleada de una juguetería de zona sur que el miércoles fue víctima de un robo e intento de abuso a manos del sospechoso de otros ataques.

Viernes 12 de Julio de 2019

Juliana tiene 27 años, pero su menuda contextura la hace parecer "más chica". El miércoles a las 9 de la mañana sufrió lo que ella pensó fue un robo con suerte. Un hombre morrudo, de pelo muy cortito, con un camperón de Rosario Central entró a la librería en la que trabaja en España al 3800 y la asaltó. La muchacha no podía sacarse de la cabeza el énfasis con que el ladrón intentó conducirla al baño del local. Ella, en medio de una crisis de llanto, se negó. Pasado el hecho, y junto a la dueña del lugar, hicieron la denuncia en la comisaría 15ª. Después Juliana se fue a su casa con la amargura del robo. Y ayer, al regresar al trabajo, su empleador le comentó que los medios publicaban el fotofit de un abusador que respondía a la descripción que ella les había dado del atacante. "Cuando vi el fotofit me di cuenta que era la persona que me había asaltado. Ahí el cuerpo se me llenó de pánico", contó a este diario.

Lo que le sucedió a Juliana el miércoles podría transformarse en el noveno caso de una saga de abusos sexuales cometidos en los últimos siete meses y atribuidos a un mismo atacante. Es que en el relato de esta muchacha se vislumbraron rasgos comunes a otros hechos bajo investigación de la fiscal de la Unidad de Delitos Sexuales Alejandra Raigal.

El atacante llegó en una moto negra que tenía una caja de PVC blanca similar a la de los deliverys. Una semana o diez días atrás el sujeto fue al local fingiendo ser cliente y observó el escenario en el que el miércoles daría lo que parece ser su último golpe. "Cuando vino hace una semana o diez días estaba vestido exactamente igual. Con con un camperón de Central color azul, con capucha", explicó La víctima.

Embed

Robo y amenaza

Juliana trabaja a la mañana en la juguetería de España al 3800, un negocio ubicado en una planta baja que está hermanado a otro local de los mismos dueños. El lugar no tiene cámaras de videovigilancia y su interior está dividido por góndolas repletas de todo tipo de juguetes. La muchacha rememoró que el miércoles llegó poco después de las 9. Que entró a su lugar de trabajo, dejó su mochila y cuando se preparaba para tomar algo caliente escuchó que golpeaban la puerta. "Atendí. Al abrir la puerta me di cuenta que era un hombre que había venido una semana o diez días atrás e hizo una consulta. Me preguntó si molestaba que mirara juguetes y le respondí que no. Entonces se alejó del mostrador. Yo baje la cabeza y cuando volví a levantar la mirada ya se había puesto la capucha de la campera. Tocándose la cintura como si portara un arma me dijo que era un robo. «¿Dónde tenés la plata, dónde tenés la plata?», me gritaba una y otra vez. Y no había plata porque recién abría. Yo entré en una crisis de nervios y me puse a llorar mal", recordó la joven.

La muchacha contó que su agresor la hizo tirar al piso detrás del mostrador, ubicado sobre uno de los laterales del local. "Nunca me tocó ni me ató. Habrá estado unos diez minutos, pero para mi fueron una eternidad. En un momento me pidió mi celular, que estaba bloqueado. «Desbloquealo», me dijo. Y yo no podía acordarme la clave. No lo podía desbloquear. Agarró un trozo de papel y me dijo: «Escribime el PIN del teléfono». Fue entonces que me dijo: «¿Dónde está el baño?» Cuando me preguntó eso se me cruzó por la cabeza el caso de una de las chicas que la había llevado al baño para abusarla. Al baño no voy a ir, no pienso ir al baño, por favor no me hagas nada, le empecé a decir mientras no podía parar de llorar. «Andá para el baño», me gritó mas fuerte. Y yo con la crisis de nervios le decía: No, al baño no voy a ir", recordó Juliana. "En un momento me dijo, ya como harto, «Metete en el baño, pero no salgas. Que no te voy a hacer nada»", recordó.

Juliana fue hacia el baño, que está junto a un depósito en remodelación, y cerró la puerta. Por una pequeña hendija en el durlock miró los movimientos del hombre. "Caminaba de acá para allá. Estaba muy pendiente de la puerta. Yo sólo podía ver una especie de pasillo, pero no la puerta. Escuchaba los pasos y el ruido del papel del packaging de juguetes que iba agarrando. En un momento quedó todo en silencio. Aproveché y abrí la puerta. Y escuché que me dijo fuerte: «Todavía no». Me volví a encerrar hasta que se fue. Se llevó un paquete de cadetería que estaba cerrado con dos muñecos de «Toy Story» que valen 5 mil pesos cada uno. Pero es imposible que supiera qué se llevaba", agregó.

"¿Viste el diario?"

Juliana y María Claudia, la dueña del local llamaron a la comisaría 15ª peor nadie les respondió, com denunciaron otras víctimas de esa jurisdicción. Terminaron llamando al 911 y posteriormente fueron a hacer la denuncia.

Después Juliana se fue a su casa. Ayer regresó a las 9 para abrir la jugueteria y su empleador le dijo: "Viste que en el diario pusieron el fotofit de un violador que están buscando. La descripción del tipo es muy parecida a lo que nos contaste ayer".

Cuando Juliana vio el diario quedó petrificada. "Era el mismo tipo que me había robado el día anterior. Todo lo que había visto sobre lo que sufrieron las otras chicas se me pasó por la mente. El cuerpo se me llenó de pánico", confió Juliana. "Decidimos contar lo que sucedió no sólo por Juliana sino por las otras pibas que sufrieron abuso de parte de este tipo. Lo que todos necesitamos y queremos es que la Justicia actúe y lo detengan", reflexionó María Claudia, la dueña de la juguetería.

trabajando. Juliana no tiene dudas de que se salvó por su crisis de llanto.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario