Crónica de un crimen mafioso opacado por 19 kilos de cocaína
Julio Ricardo Tello tuvo una muerte terrible. Hace una semana, en un Fonavi de la zona oeste donde vivía, fue acechado por dos individuos que bajaron de un auto con armas de fuego. Corrió desesperado intentando perderse en un pasillo del complejo. Trastabilló, se levantó y cruzó la calle. Recorrió unos metros con los dos sujetos detrás pero volvió a tropezar. Esta vez para no levantarse: sus perseguidores lo ejecutaron desde distancia mínima con ocho disparos a quemarropa...

Lunes 21 de Diciembre de 2009

Julio Ricardo Tello tuvo una muerte terrible. Hace una semana, en un Fonavi de la zona oeste donde vivía, fue acechado por dos individuos que bajaron de un auto con armas de fuego. Corrió desesperado intentando perderse en un pasillo del complejo. Trastabilló, se levantó y cruzó la calle. Recorrió unos metros con los dos sujetos detrás pero volvió a tropezar. Esta vez para no levantarse: sus perseguidores lo ejecutaron desde distancia mínima con ocho disparos a quemarropa. Murió el miércoles pasado después de agonizar dos días en el Hospital Clemente Alvarez.
  La crueldad de este fusilamiento mafioso quedó opacada por otro hecho: la policía informó que buscando a los autores del crimen hallaron 19 kilos de cocaína en un chalé de Funes. Este hallazgo eclipsó la temeridad de un asesinato de violencia extrema cuyos autores no fueron localizados.
  “A mi hijo lo usaron. La policía pidió una orden de allanamiento diciendo que los que lo habían baleado estaban en esa casa de Funes pero en realidad fue una excusa: hacía siete meses que estaban buscando droga en esa casa pero no tenían elementos de prueba de que allí se vendiera”. La afirmación es del sargento 1º Julio Adriano Tello, el padre de Julio Ricardo, el joven de 26 años asesinado en el Fonavi de Parque Oeste. Hoy, según anticipó, se presentará a decirle eso a la jueza de Instrucción Nº 12, Mónica Lamperti, que investiga el homicidio.

Riñas de barrio. El suboficial Tello, sumariante de la subcomisaría 2ª, niega que la causa de la muerte de su hijo estuviera vinculada con una venganza por el tráfico de drogas. Dice conocer a quienes lo hicieron. Admitió que Julio y uno de los agresores mantenían una vieja disputa por el control de la calle desde que los Tello llegaron en 1989 al complejo Fonavi del pasaje Ancunia al 5700, una cortada situada entre Rouillón y Pedro Lino Funes.
  Tello señaló que el Negro José es uno de los dos hombres que gatilló una pistola 9 milímetros cuando su hijo estaba indefenso y desarmado en el suelo. Al otro agresor el policía lo identificó como el Diente.
  “El Negro José tuvo problemas toda la vida con mi hijo. Se pelearon desde chicos y Julio se preparó para defenderse. Fue al gimnasio y practicó taekwondo. El Negro creía que era el dueño de la esquina. Se pelearon varias veces a trompadas y mi hijo le ganó siempre. La última pelea fue un mes atrás en un boliche de Avellaneda y San Juan y allí le juró que lo mataría”, comentó Julio.

Calle salvaje. En la medianoche del domingo, Julio conversaba con un amigo en el ingreso al Fonavi donde vivía. Estaba apoyado sobre una pieza que se estaba construyendo casi sobre la vereda. Se disponía a ir a bailar a un boliche cuando un Renault 19 de color gris metalizado estacionó en Ancunia y Rouillón. Dos hombres bajaron del auto y caminaron hacia donde estaba Julio y su compañero. Apenas se toparon con Julio uno de los atacantes le advirtió. “Corré porque te la damos”.
  Asustado, Julio corrió hacia la vereda de enfrente y se cayó sobre una columna contigua a un descampado. Logró incorporarse y cruzó la calle. Recorrió unos metros por el pasillo de ingreso al Fonavi y volvió a desplomarse. El compañero de Julio, aterrado, ya se había esfumado.
  Los dos atacantes alcanzaron a Julio y abrieron fuego. Le dispararon con dos pistolas 9 milímetros ocho balazos que le perforaron el cuerpo. Quienes están acusados del brutal ataque, según aparece en el pedido judicial de captura— son José Alberto A., alias el Negro José, y Pablo Esteban R., conocido como el Diente.
  Malherido, a Julio un vecino lo subió a un auto y lo llevó al Hospital de Emergencias. En el centro asistencial los médicos lo operaron en cuatro oportunidades, pero su vida se apagó el miércoles pasado. “Uno de los balazos le había perforado un riñón y le tuvieron que hacer diálisis”. explicó el padre del muchacho fallecido.
  El sargento Tello contó que Julio se ganaba la vida como pintor. Su empleador era un contratista que realizaba trabajos para una cadena prestadora de salud privada en Rosario. Estaba separado y tenía un hijo de tres años. No tenía prontuario abierto. “Era un chico sano. Nunca consumió drogas. Además era muy solidario”, recordó su padre.
  Fuentes policiales indicaron que los hombres acusados por el crimen de Julio Ricardo Tello tienen antecedentes penales por delitos y que José Alberto A. estuvo detenido en la cárcel de Coronda. El Negro José, según Tello padre, vivió hasta dos atrás en un Fonavi ubicado enfrente del departamento de los Tello: en el primer piso de la tira 17. “Los vecinos saben lo que hizo y lo echaron del barrio”, comentó.