Sábado 16 de Mayo de 2020
¿Cómo murió Natalia Fraticelli? La pregunta que impulsó el cuestionado trámite del caso sigue abierta después del fallo que absolvió a sus padres hace diez años. Los cinco jueces que opinaron en esa sentencia de casi 300 páginas definieron el desenlace. Pero no destrabaron la gran controversia que acompañó a la investigación desde el origen: si la adolescente de 15 años se suicidó al ingerir pastillas contraindicadas para su epilepsia o si fue estrangulada. Las dos versiones encontraron el mismo eco. El misterio duró hasta el final.
Pocos casos penales de la provincia concitaron tanto interés público y a la vez opiniones tan contrapuestas como el de Natalia Fraticelli. La adolescente fue encontrada muerta la madrugada del 20 de mayo de 2000 en su casa de Rufino. Los padres dijeron que la hallaron con una bolsa en la cabeza, las manos atadas y que faltaba dinero de un hueco en el cielo raso de su habitación.
La autopsia concluyó que había sido estrangulada y las sospechas recayeron sobre sus padres porque estaban en la casa. Graciela Dieser fue detenida a los cuatro días y Carlos Fraticelli seis meses más tarde, tras un jury que lo destituyó de su cargo de juez penal. Se especuló con que la chica complicaba la vida social de la pareja porque padecía un leve retraso madurativo. Eso, que suena a despropósito, terminaría motivando la condena a perpetua de los padres en 2002, sin aclarar quién de los dos la habría estrangulado con las manos.
Desde los primeros meses de la investigación, a esa hipótesis se contrapuso la versión del suicidio. Es que el examen toxicológico detectó que la chica había consumido entre 22 y 25 pastillas de Uxen Retard. Un antidepresivo que tomaba su abuela, contraindicado para su problema de epilepsia, que le habría provocado una crisis convulsiva.
Las defensas plantearon que la chica las tomó para quitarse la vida _esa noche la habían rechazado en una fiesta_ y que, en el shock del momento, sus padres intentaron enmascarar la situación montando la escena de un robo. “Fue un acto de estupidez mayúscula _dijeron_. Pero no el encubrimiento de un crimen”. La inquietud de los primeros días, quién mató a Natalia, fue desplazada entonces por la misma que sigue vigente veinte años después: cómo murió. La causa de la muerte fue puesta en crisis y nunca terminó de aclararse si hubo o no delito.
Envuelta en misterio, avivada por el contrapunto, la muerte de la adolescente funcionó como una gran vidriera del desempeño de la institución judicial en la provincia. Que exhibió falencias _prácticas, de procedimiento y de criterio_ desde el principio. No en vano el caso terminó interpelando a todo el sistema penal santafesino: la tardía reforma que instaló el juicio oral en 2014 nació del caso Fraticelli.
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La Corte Suprema de la Nación hizo una fuerte crítica del sistema de enjuiciamiento de la época al expedirse en 2006. Dijo que era inconstitucional y exponía a los jueces a prejuzgar. Y mandó a revisar la condena a perpetua a los padres, que quedaron libres bajo fianza tras seis años en prisión. La hora del veredicto final y decisivo recayó así sobre la Cámara Penal de Venado Tuerto.
Los jueces de la Cámara ya había opinado sobre el caso _con tres votos a favor de la condena y dos en contra_ en el fallo anulado por la Corte. Por eso fueron designados cinco conjueces para pronunciarse sobre la enigmática muerte de Natalia. El tribunal se expidió en noviembre de 2009 en un fallo dividido de 286 páginas, disponible en internet. Dos integrantes concluyeron convencidos que la adolescente se quitó la vida. Otros dos hablaron de homicidio, pero uno de ellos dijo que no había pruebas contra los padres y el otro acusó sólo a la madre. El quinto se abstuvo de opinar.
Por caminos divergentes confluyeron en la absolución. Pero no superaron la dicotomía de origen. Habían pasado nueve años y medio de la muerte que conmovió a Rufino y la sentencia final resultaba tan polarizada como el derrotero del caso. Las versiones en pugna _crimen o suicidio_ encontraron el mismo peso en la sentencia, con dos votos contra dos. ¿Cómo pudieron convivir dos opiniones tan diversas? La clave está en el modo en que cada juez evaluó las pericias. Que también fueron polémicas.
Un aspecto decisivo es el valor que le asignaron a la autopsia del forense Luis Petinari. El estudio concluyó que la adolescente murió estrangulada por compresión manual de cuello. Para el conjuez Juan Carlos Baravalle, quien respaldó la teoría del crimen, "el estado final del cuerpo en modo alguno se condice con una maniobra suicida. Tenía lesiones propias de un accionar violento ejercido por un tercero con alevosía".
En el fallo expresó su “íntima convicción” sobre la responsabilidad de los padres. Pero consideró que la simple presencia de alguno de ellos en la casa no alcanza para condenar: “La investigación sobre este punto adolece de graves imperfecciones”, reconoció.
El conjuez Héctor Matías López también se inclinó por el asesinato. Se impuso en él “la certeza de que Natalia falleció por la acción de una o más personas”. Entendió que las pruebas sólo complicaban a Dieser y pidió condenarla, pero quedó en minoría y su planteo no prosperó. Para fundarlo, citó testimonios sobre disputas de pareja en las que Dieser habría amenazado a su esposo con "pegarle donde más le duela". Además recordó que era ella quien le suministraba una medicación diaria a la adolescente y concluyó que la había forzado a tomar las pastillas para sedarla.
Las dos teorías subsistieron hasta el final. Quedó escrito en la historia del caso. Pero hubo un voto que se destacó por el detallado análisis de la prueba. Fue el del conjuez Eduardo Pascual, al que adhirió Ariel Dearma. "Natalia se suicidó por propia, libre y lamentable autodecisión", dijo Pascual en el fallo y lo reiteró un mes más tarde en una entrevista con este diario: "Estoy convencidísimo, tengo certeza absoluta, sin ningún tipo de dubitación, de que Natalia produjo una conducta suicida".
Pascual partió de analizar los informes de quienes tuvieron contacto directo con el cuerpo: el del levantamiento del cadáver, de Ulises Cardozo, y la autopsia de Petinari, en la que marcó gruesos errores. Dijo que la rotura del hueso hioides —"un huesito del cuello que si está roto es señal ineludible de estrangulamiento"_ se debió a una maniobra de esa práctica y no a una lesión en vida.
"Petinari lo admite. Pero le resta importancia. Eso me produjo una gran desazón. Es él quien introduce la versión del estrangulamiento y tenía que saber la importancia de su dictamen. Otro error: ve lo que se llama la máscara equimótica de Morenstein, que es el amoratamiento de la cara y del cuello, esencial para acreditar estrangulación. A esa máscara no la vio nadie: ni los peritos provinciales, ni Cardozo. El tema de los ojos rojos: el único que ve ese rasgo es Petinari. Cardozo, cuando levanta el cuerpo, dialoga con el ayudante y le dice: no tiene inyección conjuntival", enumeró el conjuez.
Otras falencias de la autopsia, la pericia que a su entender sentó las bases de la confusión, es que no se conservaron los órganos ni se filmó el trabajo. "Todos esos errores me llevan a apartarme del dictamen", dijo. Luego arribó a la conclusión "categórica" del suicidio: "La única manera de que Natalia haya tomado las cápsulas es de forma voluntaria. En el epiléptico, 500 miligramos de Uxen Retard pueden provocar la muerte. Es muy probable que haya tenido un cuadro convulsivo y haya terminado asfixiada".
Para Pascual, era algo improbable que Natalia fuera obligada a ingerir las pastillas: "Tenía una debilidad mental leve. Pero participaba de fiestas y andaba por todos lados. Tenía los rasgos de toda adolescente, caprichosa, compraba la ropa de marca. Una nena con ese desarrollo, ¿puede no advertir que la madre que toda la vida le dio tres pequeñas pastillitas diarias, de pronto le da veinte? _razonó_. La niña tuvo un rapto de intención suicida. No se las pudo haber dado la madre: las tomó ella". La bolsa en la cabeza es otro rasgo que encontró presente en suicidios de adolescentes. Y mencionó que Natalia había tenido un cuadro convulsivo similar cuatro años antes.
El apretado fallo del final fue confirmado por la Corte nacional en febrero de 2016. Graciela Dieser se había quitado la vida cuatro años antes. El sistema oral llevaba dos años en marcha. La muerte de Natalia, encriptada entre dos teorías, nunca se aclaró.