Policiales

"Crearon un monstruo y se les fue de las manos", dijo el narco Jorge Halford

Es el hombre condenado a 8 años de prisión por tráfico y almacenamiento de drogas. Se refirió a la presunta connivencia entre policías de Drogas y la jueza federal Laura Cosidoy.

Domingo 15 de Mayo de 2011

Jorge Halford está sentado en una pequeña oficina de la alcaidía de Jefatura. Es miércoles a la tarde y transcurre su último día de estadía en Rosario antes de ser trasladado a la cárcel porteña de Villa Devoto. De allí, tal vez, sea derivado finalmente al presidio federal de Resistencia donde cumplirá la condena a 8 años de prisión que la semana pasada le impuso el Tribunal Federal Oral Nº1 como coautor del delito de tráfico y almacenamiento de estupefacientes. Una causa originada en enero de 2009, cuando fue detenido en el cruce de las rutas A-012 y 9, llevando en una camioneta tres panes de marihuana. Tras ello, la policía allanó la vivienda de su ex esposa en Roldán y allí encontraron otros 150 kilos de esa droga.

El hombre está vestido con ropa deportiva y recibe a La Capital y a Rosario/12 en compañía de su abogado defensor, Fernando Mellado. Habla con énfasis mientras mira a los ojos de los periodistas y reitera, como lo hizo durante su descargo en el juicio oral y público que acaba de sustanciarse, que el cargamento de droga secuestrado aquel día era efectivamente suyo. También renueva su resonante afirmación de que "en Rosario nadie vende droga sin permiso de (los agentes de) Drogas Peligrosas", tal como lo dijo en la primera de las audiencias del proceso. Y larga sin tapujos que .......

A lo largo de la charla, Halford recuerda su inicio como consumidor de anfetaminas y marihuana cuando tenía 18 años y vivía en barrio Industrial. Entonces rememora su adolescencia signada por el desamparo familiar. "Mi vida es la historia de un pibe de barrio que se droga. Mi viejo se fue, anduve en la calle y no terminé la secundaria. Tuve una hermana inválida y mi mamá estuvo muchos años internada en un hospital. En ese momento nos descarrilamos todos", cuenta con un dejo de tristeza.

A pesar de sus pasos por varias cárceles, dice que tuvo tiempo para trabajar en una fabrica de mesadas de cocina, en el ferrocarril y como chofer de camiones. Afirma que padece hepatitis C desde los 25 años y que "la enfermedad está en un estado avanzado que puede derivar en un cáncer". Por eso "necesitaría hacer una dieta, pero en la cárcel te dan de comer guisos", se lamenta.

Halford tiene 53 años y fue detenido por primera vez en 1978. Después cumplió una condena por tráfico de estupefacientes tras ser apresado en 1992 y acusado de lavado de dinero. Se fugó de la Unidad 3 de Rosario en 1997 (ver aparte) y, mientras gozaba de libertad condicional, volvió a caer en 2003 por piratería del asfalto. Sin embargo, por ese hecho fue sobreseído.

—Usted dijo en el juicio que para vender drogas hay que arreglar con la policía. ¿Cómo se arregla y con quiénes?

La policía arregla con las personas que le sirven. Al resto de los que venden drogas y no pueden arreglar los utilizan para hacer procedimientos que le son útiles para limpiarse. El razonamiento de ellos es: a algunos los tenemos para meterlos presos y a otros para trabajar.

—¿Cómo se distribuyen el negocio y las ganancias?

Es sencillo. Si uno no tiene drogas, ellos (la policía) se la proveen. Y si la tiene, se le paga mensualmente a la policia para poder trabajar. Por ejemplo, una persona que vende 100 mil pesos (en drogas), paga 5 mil pesos por mes; y si vende 500 mil pesos, paga 100 mil. Es una relación de oferta y demanda que en Rosario ronda los 25 mil pesos por mes como mínimo.

—¿Se puede hacer una estimación de la recaudación total de este negocio?

No es fácil, porque en Rosario hay muchas bandas con quioscos. Hay personas que tienen siete u ocho quioscos. El tipo que vende drogas y trabaja para la policía es peor que la policía. Yo no comparto esas cosas. Si cometés un delito sos un delincuente y un policía no puede ser un narcotraficante.

—Usted dijo que estaba todo arreglado con la policía y que su detención fue una cama. ¿En qué consistió?

A mí me ofrecieron hacer un viaje (para traer 153 kilos de marihuana). Estaban David y dos o tres personas que conozco del ambiente. Lo hice porque tenía problemas económicos. Recibí 50 llamadas, pero no las contesté hasta que acepté. Ellos (los policías) hicieron el negocio en Paraguay, pero la mercadería la trajimos desde Corrientes. Yo viajé en un Peugeot Partner con Tati, un tipo que trabaja para ellos (al que Halford ya había mencionado en el juicio).

—¿Qué rol jugó David?

Era el nexo entre (el subjefe de la Brigada de Drogas Peligrosas de Rosario, sucomisario Oscar) Romero y yo. El puso la cara y me convenció. Después apareció El Gordo Romero.

—¿Qué pasó aquel 14 de mayo de 2009 cuando lo detuvieron?

Yo fui a buscar la droga a Corrientes porque sabía esquivar los controles y conocía las rutas. Llegamos con Tati a mi casa de Roldán con la mercadería y estaba tranquilo porque, según ellos, estaba todo arreglado. Pero la policía estaba filmando mi casa y yo no me di cuenta. Filmaron mi chata y la patente de mi chata, pero la patente de la Partner no apareció porque está cortada la filmación. Ese día fuimos a buscar a mi hija a un shopping (de Rosario). Cuando pasamos el cruce de la A-012 apareció un Renault blanco y uno de los que iba en el auto hizo un par de tiros al aire. Marta (Ercegovic, su ex esposa, condenada en el mismo juicio a cuatro años de cárcel) detuvo la chata y me bajé a hablar con Romero. Me sacaron la plata (70 mil pesos) que tenía en una bolsita, abajo del asiento. Entonces Romero me dijo «le vamos a dar para adelante con el procedimiento». A los cincuenta minutos vino (el jefe de la Brigada de Drogas, comisario Gonzalo) Paz con dos testigos y varios policías. Yo no tenía nada, y ellos tiraron la droga adentro de la chata (en referencia a los tres panes de marihuana encontrados en ese operativo). Cuando sacaron los paquetes empezé a gritar porque no podía creer lo que me estaba pasando. Algo que David me había pintado color de rosa me salió negro. Los paquetes que me pusieron en la chata no tienen nada que ver con los que secuestraron en mi casa.

—¿Por qué le hicieron ese operativo?

—Porque en Rosario no se hacen procedimientos buenos que laven la cara de la Brigada (de Drogas Peligrosas), que está sucia desde hace bastante tiempo. Lo primero que ellos hacen es sacarme la llave de mi casa porque sabían que la droga estaba allá. Romero sabía todo porque el chofer con el que le viajamos a Corrientes le fue avisando mientras viajábamos. Tuvieron la llave de mi casa desde las 9 y media de la noche hasta las 2 y media de la madrugada y aprovecharon para llevarse la droga que faltó (unos 100 kilos según él). Lo dije en el inicio de la causa, pero el juez que intervino no investigo nada.

—¿Cómo evalúa la actuación del Tribunal que acaba de condenarlo? (presidido por Ricardo Vázquez junto a los camaristas Santiago Harte y Laura Inés Cosidoy)

—No hay más sordo que él no quiere oír. Este Tribunal no quiso oír lo que pasa en Rosario.

—¿Por qué?

—Porque crearon un monstruo y se les fue de las manos. Los jueces y la fiscal (Mabel Colalongo) hicieron todo mal y ellos saben que los policías son más merecedores de una condena que yo.

—Usted afirmó que la jueza Cosidoy protege a los policías de Drogas.

—Ella no los culpa, pero si se analizan todos los delitos e irregularidades que cometieron y se comparan con el fallo, se puede decir que, si no tiene algo que ver, pega en el palo. Aunque yo no tengo pruebas.

—Usted advirtió en las audiencias que su testimonio está impregnado de desconfianza porque es un traficante renombrado ¿Significa que sus dichos pueden no ser verdaderos?

—La gente no es tonta. El padre de un chico que consume drogas sabe quién se la vende y lo denuncia, pero como la policía no hace nada, ese hombre sospecha que está todo arreglado con los de Drogas. Ya le dije porque me hicieron una cama, lo único que tengo es la chata que me costó 92 mil pesos. No tengo casa y la de Marta se la dieron sus hermanos cuando ella salió de la cárcel.

—¿Cómo pasó de ser consumidor a vendedor de drogas?

—Conozco a la (jueza) Cosidoy desde que tengo 18 años. Fue mi abogada defensora en varias causas que me hicieron por consumo y tenencia de drogas. Me sacó en libertad todas las veces. Cuando asumió como jueza, en el primer procedimiento que intervino, yo estuve involucrado. Ocurrió en 1992 y ella se jactaba de haber formado la Brigada Operativa de Drogas Peligrosas. Me condenaron a 15 años y salí en 2002. En ese momento nos fuimos a San Lorenzo con Marta. Yo abrí una heladería y ella un taller de costura. Nunca tuve un oficio, siempre fui un buscavidas.

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