Domingo 29 de Marzo de 2009
El caso habría sido menos controvertido si el comerciante no hubiera corrido a los ladrones a lo largo de 50 metros para apuñalarlos. Pero esa reacción, cuando el robo había quedado atrás y había cesado el peligro, lo situó en un límite difuso entre la defensa y el ataque. Finalmente Alberto Koenig, autor de las puñaladas que hirieron de muerte a uno de los asaltantes en julio de 2007, fue condenado a 4 años de prisión por excederse en la "legítima defensa" de su vida.
Esa es la pena que el juez de Sentencia Luis Giraudo le impuso a Koenig, de 46 años, por matar a su vecino José Eduardo Pereyra, de 26 años, y causar graves lesiones con un cuchillo a su medio hermano Héctor Gutiérrez, de 31, quien lo acompañaba en el asalto. Los dos habían entrado armados a robar al almacén de su madre en Granadero Baigorria, de donde sólo se llevaron una botella de licor.
La tardía reacción del comerciante generó más de una interpretación: el juez de Instrucción Alfredo Ivaldi Artacho lo había procesado como autor de un homicidio simple. Entendió que el crimen no tenía justificación, porque Koenig persiguió a los ladrones media cuadra y los atacó cuando había cesado el riesgo para él y su familia.
El debate judicial se centró desde el principio en determinar si Koenig actuó en legítima defensa al atacar a los asaltantes o si lo que hizo fue contraatacar. Es que no existe legítima defensa cuando no hay peligro. Si una persona sigue a otra para matarla no se defiende: comete un crimen. Y para la ley la pérdida de bienes materiales no autoriza a quitar la vida.
Esos principios se discutieron durante el juicio, que reunió al comerciante y al ladrón sobreviviente, Gutiérrez, condenado a 5 años de cárcel por el asalto. Tras escuchar a víctimas, imputados y testigos, el juez Giraudo consideró que Koenig incurrió en un "exceso en la legítima defensa", porque corrió a los ladrones con un cuchillo pero recién lo exhibió cuando lo golpearon en la cabeza con la culata de un arma.
Amenaza y respuesta. El comerciante y los hombres que fueron a asaltarlo eran conocidos del barrio. La noche del 17 de julio de 2007 irrumpieron en el negocio de Mitre 1263 de Granadero Baigorria que pertenece a la madre de Koenig, Margarita Cañete, y que está delante de la casa de la familia. Eran las 23.30 y salió a atender una chica de 14 años. Pereyra llevaba una escopeta recortada y su hermano un revólver. Con esas armas le exigieron dos botellas de licor. Los gritos de la chica causaron un alboroto, sus familiares empezaron a acercarse al negocio y advirtieron que Pereyra intentó dispararle a un nene, pero el tiro no salió.
La corrida. Los dos hermanos se fueron del negocio con una botella de licor. Recorrieron media cuadra seguidos por Koenig, quien los alcanzó en el cruce de Felipe Varela y la vía. Un vecino que trabajaba como albañil en la casa del comerciante contó que, en ese lugar, "un muchacho con una escopeta" golpeó en la cabeza a Koenig, a quien se le constató un corte de 10 centímetros en el parietal izquierdo.
El comerciante apuñaló allí mismo a Pereyra, quien murió desangrado en una zanja por un corte profundo en el estómago. Gutiérrez también recibió una herida en el abdomen, pero sobrevivió. La pena a 5 años por el asalto se sumó a una anterior y deberá permanecer 8 años y 6 meses en prisión.
En esa violenta secuencia, para el juez, existió un "cuadro inicial de peligro" para el grupo familiar de Koenig. Pero remarcó que los asaltantes habían decidido retirarse cuando fueron apuñalados. "Existió una intensificación innecesaria de la reacción ofensivo-defensiva, seguramente por el fragor de la lucha", planteó. Concluyó que el ataque no fue justificado y le impuso a Koenig una pena de 4 años de prisión por la cual permanece detenido. En el caso no está todo dicho porque su defensor apeló ante la Cámara Penal , que analizará los alcances de esos controvertidos 50 metros.