Policiales

Contundente reclamo de justicia por el crimen de una joven promotora

Multitudinaria movilización en Capitán Bermúdez. Analía Rivero tenía 18 años y estaba en la puerta del boliche Stone el domingo cuando desde una camioneta dispararon contra el local.  

Martes 04 de Noviembre de 2014

Un contundente reclamo por el esclarecimiento del homicidio de Analía Rivero convocó ayer a vecinos de todos los barrios de Capitán Bermúdez que marcharon con mucha bronca y dolor hasta la comisaría 2ª. La protesta dio cuenta de un estado de ánimo colectivo caracterizado por la indignación ante lo que se percibe como una impune y creciente ola delictiva que viene alterando la vida cotidiana en los últimos años.

En este marco, el eje del reclamo pasó por la exigencia de prisión para el responsable de los tiros contra el frente del boliche Stone que el domingo a la madrugada causaron la muerte de Any, una chica de 18 años que trabajaba allí como promotora de eventos. Es que para la familia Rivero y los cientos de vecinos que ayer la acompañaron, la presencia de testigos y las imágenes de cámaras que captaron el hecho deberían haber producido algún arresto.

"Le están dando tiempo para que se escape", se escuchaba desesperado el pedido de celeridad para evitar que el caso quede impune. Pero, paradójicamente, si bien en las calles bermudenses circulan diversos nombres a quienes les atribuyen el crimen nadie puede asegurar saber quién disparó (ver aparte).

Cambios. "Toda mi vida, al bajarme del colectivo acá en la avenida, ya me sentía en mi casa. Ahora, a partir de cierta hora, cuando el bondi se empieza a acercar todo el mundo empieza a llamar a sus familiares para que los vengan a buscar a la parada porque nadie se anima a ir caminando". Con ese ejemplo, una mujer de mediana edad comentaba hasta qué punto cambió la vida en esta ciudad del cordón industrial que para muchos de sus habitantes "sigue siendo un pueblo".

"La gente está muy cansada", "nadie hace nada", repetían grandes y chicos, y más que a los robos que sufren se referían a la tranquilidad perdida a manos de la violencia. Y contra lo que consideran inacción por parte de un Estado que no les da respuestas ante esa nueva realidad. Las más de dos mil personas de todas las edades y barrios que 20 minutos antes de la hora convocada ya colmaban la esquina de Santa Fe y San Lorenzo daban cuenta de esto.

Silencio y gritos. A las 19 sonó una sirena y se cortó el tránsito en la esquina frente a la estación de trenes. Durante diez minutos sólo hubo aplausos y lágrimas, mientras se desplegaban pancartas: "Justicia por Any", "Pedimos seguridad". Luego la familia Rivero comenzó la marcha silenciosa y veloz hasta la comisaría ubicada a tres cuadras.

El jefe de la Unidad Regional XVII, Walter Miranda, recibió a los manifestantes desde una rampa elevada de acceso a la comisaría. Entonces el silencio dio lugar a gritos, insultos se mezclaban con pedidos de algunos vecinos para que dejaran hablar al oficial. "¿Tenía que pasar esto?", "el tipo está libre", "le dan ventaja para que escape", fueron los reclamos referidos al crimen que se intercalaban con acusaciones más generales: "Venden droga en la plaza de la comisaría", "ustedes les avisaron a los del búnker del barrio Copello que los iban a allanar", "¿hasta cuándo vamos a vivir así? ¿pretenden que los vecinos se armen y salgan a matar gente?".

Miranda intentaba respuestas que no calmaban a los vecinos hasta que lo conminaron a que bajara a hablar con los padres de Any, que le manifestaron su preocupación por la posibilidad de que el homicida escape. La versión —no confirmada oficialmente— que atribuye el crimen a un presunto narco alimentaba la preocupación basada en la presunción —ayer nadie parecía poder rebatirla oficialmente— de que los vendedores de droga tienen protección policial, política y judicial.

Miranda les prometió recibirlos en privado y los padres de Any desandaron la marcha hasta la puerta del boliche, mientras llegaban noticias sobre incidentes frente a la seccional, donde hubo un intercambio de piedras y balas de goma entre algunos vecinos que dijeron haber visto como un policía "se tomaba los genitales y se reía", lo que originó un encontronazo que al cierre de esta edición no había pasado a mayores.

En este marco, no dejó de ser llamativo que el único referente estatal presente haya sido Miranda. Como si el problema fuera sólo policial.

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