Confirmaron las penas a dos hombres por un triple homicidio
Habían sido condenados en un juicio oral por la muerte de tres vecinos de Liniers al 4200, el 11 de abril de 2008, tras una discusión barrial.

Miércoles 07 de Agosto de 2013

La Cámara Penal confirmó las penas impuestas a dos hombres que ya habían sido condenados en un juicio oral por matar a tres vecinos en la zona sudoeste de la ciudad. El tribunal de apelación intervino ante un planteo de la fiscalía, que no sólo pretendía condenas más altas por una figura penal más grave, sino también que fuera enviado a prisión un tercer acusado que fue absuelto en el debate original. Sin embargo, los tres camaristas consideraron que el dictamen inicial era correcto y que las pruebas eran insuficientes para revertir la absolución de primera instancia.

Con la intervención en el caso de la Sala I de la Cámara Penal nada cambió en el horizonte de pena de Claudio Miguel Villalba, condenado a 13 años de prisión; y de Jorge Osvaldo Mendoza, sentenciado a 11 años de cárcel. Los dos habían sido juzgados en un proceso oral y público que terminó en marzo pasado por un tribunal integrado por Edgardo Fertitta, Juan José Alarcón y Raquel Cosgaya. Al término de las audiencias, los jueces dictaron la absolución de Jesús Acosta y otros dos imputados que habían llegado hasta allí como partícipes necesarios, quienes fueron alcanzados por el beneficio de la duda.

Apelación. Esa decisión fue apelada por la fiscal Lucía Aráoz, quien planteó que las penas eran escasas y que el hecho no debió encuadrarse como homicidio simple sino como homicidio calificado, ya que a su entender existió un acuerdo previo entre los acusados para ir a atacar a tiros la casa de las víctimas.

Eso ocurrió la madrugada del 11 de abril de 2008 frente a la casa de la familia Vallejos, en Liniers al 4200. Previamente había existido un cruce verbal entre las víctimas y los imputados por un incidente de tránsito menor con una moto. Al rato, los agresores llegaron a la vivienda y abrieron fuego. En el ataque murieron Mauro Vallejos, de 18 años; su padre, José Conrado Vallejos, de 42; y de Paulino Herrera, de 36 años y cuñado de Mauro. Los disparos también alcanzaron a Eduardo Vallejos, aunque sólo le produjeron lesiones leves.

La fiscal planteó que existió un plan para cometer el hecho, que "los imputados concurrieron con la intención de realizar el resultado final cumpliendo roles" y luego de establecer un "acuerdo previo de agredir con armas de fuego". Remarcó que "no hubo enfrentamiento" y que la familia Vallejos no agredió a los atacantes: "Una parte de ellos estaba durmiendo, uno salió en calzoncillos".

Por todo esto, pidió que Villalba y Mendoza fueran condenados a prisión perpetua o, como mínimo, a 25 años de prisión como coautores del triple homicidio. Respecto de Acosta pidió la misma pena como partícipe primario.

Sin demostrar. La defensora de los dos condenados, Graciela Sanmiguel, retrucó que no está demostrada la premeditación ni el acuerdo previo. Que "ninguno sabía que el otro tenía armas, fueron a hablar y resultaron agredidos. No fueron a matar sino precavidos porque ya habían sido agredidos". Oscar Loberse, defensor de Acosta, señaló que estuvo presente en el lugar pero "su accionar no constituye delito".

Finalmente, los jueces Atilio Pangia y Carina Lurati —el tercer integrante, Alfredo Ivaldi Artacho, se abstuvo de votar— respaldaron el fallo de primera instancia. Consideraron que Mendoza fue en su auto a la casa de las víctimas, Villalba en su moto y al llegar ocurrió "un intercambio de disparos" que provocó las muertes. Concluyeron que "no logró acreditarse" la participación de Acosta en las muertes, "ni que supiera que quienes los acompañaban portaban armas", sino que, en cambio, "es verosímil su versión de intentar mediar en un problema que le era ajeno".

Para los jueces está probado el enfrentamiento y que las víctimas recibieron a los agresores con un cuchillo y dos armas de fuego. En el juicio se demostró que los proyectiles que ingresaron a los cuerpos de Paulino Herrera y de José Conrado Vallejos eran de un revólver calibre 38, el arma que admitió portar aquel día. A su vez, Mendoza admitió haber disparado con un revólver calibre 32 y los proyectiles que atravesaron el cuerpo de Mauro Vallejos eran de ese calibre.

"Si bien no cabe dudar que Villalba y Mendoza dieron muerte a las tres víctimas fatales con sendas armas de fuego, la confabulación para matar, el concierto previo, no surge acreditado", evaluaron Lurati y Pangia. Por eso, mantuvieron la figura del homicidio simple y las penas impuestas en el juicio oral.