Policiales

Confirman prisión perpetua al autor de los crímenes de barrio Parque

Cuatro años después de quedar detenido, el verdulero Martín Roberto Santoro fue declarado culpable de matar a Susana García, Concepción Lavore y el locutor José Savini.

Viernes 29 de Agosto de 2014

Cuatro años después de quedar detenido por una serie de crímenes que conmocionaron a barrio Parque, tres camaristas penales confirmaron la condena a prisión perpetua del verdulero Martín Roberto Santoro por los homicidios de dos vecinas de esa zona y un locutor jubilado de Zavalla asesinados durante robos a sus viviendas en 2010. Santoro había sido sentenciado el 12 de diciembre pasado por los jueces María Isabel Mas Varela, Juan José Tutau y Roxana Bernardelli, quienes le impusieron la pena de prisión perpetua por los homicidios criminis causa de Susana García, Concepción Lavore y José Savini, es decir que los mató para garantizar otro delito, en este caso el robo, o para obtener impunidad tras su ejecución.

El fallo había sido apelado por los abogados de Santoro, Raúl Superti y Rafael Tamous, quienes objetaron la investigación y formularon planteos de nulidad con relación a pericias y procedimientos policiales que incriminaban a su cliente. En su apelación, Superti había cuestionado una serie de "actos ilegales" de la pesquisa por los que pidió que se anule la sentencia, a la que tildó de "arbitraria y dictada a espaldas del juicio" y se absuelva a Santoro. Dijo que el allanamiento y las escuchas al acusado no estuvieron fundados y objetó al testigo Pablo R. (que primero estuvo implicado en la causa y luego fue sobreseído).

Superti también sostuvo que, en vinculación con la policía, ese testigo "actuó para preconstituir pruebas" contra su cliente. Habló de casetes no autenticados, filmaciones sin protocolo y de que contra Santoro se montó "una emboscada" y "un gran entramado de trampas y mentiras" para incriminarlo.

Roles. En la audiencia de apelación, el fiscal Guillermo Camporini respondió que las medidas de prueba fueron dirigidas por un juez con "sobrados motivos" y que las desprolijidades formales son propias de quienes "vivimos en la Argentina". Recordó que el muchacho usaba un celular robado a Susana García. "Se quiere poner que Santoro era un mero transportista encubridor y en la casa estaba utilizando un equipo de música de las víctimas", dijo el fiscal. Y mencionó que Santoro negó haber estado en Zavalla aunque las antenas de su celular lo ubicaron allí el día del crimen de Savini.

Luego el querellante Ignacio Carbone, en nombre de la familia de Susana García, reclamó que se confirme el fallo.

Santoro fue condenado por tres homicidios a ancianos que vivían solos ocurridos en un lapso de tres meses y con una mecánica similar. Concepción Lavore, de 73 años, fue asfixiada en su casa de Suipacha 2124 entre el 1º y el 5 febrero de 2010. José Savini, un locutor de 73, fue apuñalado en su casa de Zavalla el 12 de mayo de ese mismo año. Y la docente jubilada Susana García, de 73 años, fue atada por el cuello al picaporte de la cocina de su casa de Riobamba 3036 el 27 de mayo.

Ayer, los camaristas Carina Lurati, Alfredo Ivaldi Artacho y Guillermo Llaudet decidieron rechazar los planteos de nulidad de la defensa y confirmar el fallo dictado en diciembre pasado. En su voto, Lurati valoró las evidencias reunidas para atribuirle a Santoro la autoría de los tres homicidios y refutó los argumentos de los abogados defensores acerca de que los jueces Mas Varela y Tutau (Bernardelli había votado con una disidencia parcial) sostuvieron que existió "un patrón común de actuación".

Semejanzas. "En realidad, debo decir que no existe una «tabla» o «baremo» que indique lo que es un patrón común. Precisamente porque se trata de la valoración de semejanzas entre variados hechos. De allí la imposibilidad de fijarse de antemano lo que debe ser un patrón común. El ingreso sin violencia al lugar donde residían las dos mujeres víctimas, bolsas de verdura sin abrir en los domicilios de las dos fallecidas, el mismo negocio de verdulería que a domicilio llevaba esos productos y la confianza depositada por ambas víctimas en el imputado son datos probados sin duda alguna a partir del análisis de las declaraciones de vecinos de la zona y funcionarios policiales que presenciaron las escenas de los crímenes", sostuvo Lurati.

La camarista también cuestionó el planteo de los defensores acerca de que el verdulero fue condenado tras probarse (según valoraron los abogados) que ninguno de los crímenes pudieron ser cometidos por una sola persona. "Ello podrá ser cierto, pero que sólo se probara en grado de certeza que Martín Santoro fue uno de los autores de los tres homicidios no desmerece la prueba de su autoría, aunque pudiera haber habido más coautores en la división del trabajo o en colaboración. Los hechos atribuidos, según el Código Penal, admiten uno o varios autores. Luego, la prueba en grado de certeza sobre la participación punible de un solo imputado no significa más que ello: que otras personas, si los delitos hubieran sido cometidos por varios, han participado, pero no han sido alcanzadas ni por la acusación, ni por la condena". señaló.

En su apelación, la defensa había señalado que "todas las irregularidades de los funcionarios policiales fueron cometidas con la intención de direccionar la pesquisa hacia la construcción de pruebas" que incriminen a su cliente. Pero los magistrados rechazaron ese argumento.

No hubo complot. "Asumir la teoría del complot sostenida por la defensa del imputado sería tanto como pretender que un funcionario policial retirado de la fuerza, dos funcionarios de alto rango adscriptos por su jurisdicción a la investigación de hechos que conmovían a la sociedad, un juez y un fiscal hubieran sido parte de la elucubración de una mentira que los abarcara a todos para encontrar en una persona absolutamente inocente un chivo expiatorio", afirmaron los jueces.

Los camaristas recordaron las evidencias recogidas para no aceptar la teoría del complot. Dos llamadas telefónicas alertaron a efectivos de la comisaría 5ª de la sospecha de la autoría de Santoro y uno de sus hermanos en el crimen de Susana García. "Quien llamó dijo que (Santoro) seguiría matando o se escaparía. En el segundo contacto brindó más datos y cuestionó la inacción policial", se recuerda en el fallo.

Esas llamadas fueron realizadas, según la reconstrucción judicial, tras el hallazgo del cadáver de García, en el mismo barrio en el cual pocos meses antes fue asesinada Concepción Lavore y sin vincular esas comunicaciones con el crimen de Savini, en Zavalla. Pero sí estaban enmarcadas en otros homicidios de mujeres de esa zona cuyos autores no fueron localizados.

Las otras evidencias que valoraron los camaristas fueron el hallazgo de un reloj antiguo de Lavore y el teléfono celular de García en poder de Santoro. "El teléfono celular de García ya había sido utilizado por Santoro, tenía sus contactos y hasta un mensaje de texto. Y ninguno de estos objetos puede ser considerado parte del robo (hormiga) de los días domingos a la empresa de electrodomésticos Gafa llevada a cabo por quienes Santoro acusó y a quienes, él dice, hacía los fletes a cambio de dinero. A Santoro se le secuestraron objetos que nada tienen que ver con Gafa. Y todo tiene que ver con las cosas de propiedad de las víctimas de estos homicidios", dijeron los camaristas.

Los otros elementos de prueba que tuvieron en cuenta los jueces fueron los dichos de Santoro acerca de que habló de robos y de la necesidad de matar, como su preocupación porque no se hubiera utilizado guantes en uno de los hechos, o pidiendo ayuda para arrancar un rodado a partir del contacto de los cables.

En el fallo, los camaristas afirmaron que la participación atribuida a Santoro en los tres homicidios "está acreditada más allá de toda duda razonable, en el grado de certeza que un veredicto de condena requiere". Y citaron las evidencias reunidas en la investigación judicial que lo involucran en los tres homicidios: las conversaciones mantenidas por Santoro vinculadas con los tres crímenes y los objetos que trataba de vender que luego fueran reconocidos como de propiedad de las víctimas. También mencionaron el hallazgo en su poder del celular de Susana García. "Por alguna razón —que no tiene trascendencia a la hora de la prueba de sus actos— dijo lo que estaba haciendo. Contó de las muertes, guardó los objetos robados, aunque no tuvieran valor económico, y no tuvo tiempo o logística para vender otros de mayor valor. Le dijo a testigos que necesitaba dinero y dijo en sus conversaciones que «estaba seco». Misterios de la esencia del ser humano, misterios de la avidez del hombre, que pocas veces se conforma con lo que tiene. No es sólo la necesidad o la miseria la razón del ataque a la propiedad, y menos aún del ataque a la vida.

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