Confirman la prisión perpetua de un joven por el crimen de un remisero
La Cámara Penal de Rosario consideró que no fue alevoso el crimen de un remisero a quien balearon en una pierna y en la espalda para asaltarlo en la zona oeste, pero de todos modos confirmó la condena a prisión perpetua del imputado al entender que el asesinato fue cometido para asegurar un robo, lo que también se castiga con la máxima pena.

Lunes 01 de Junio de 2009

La Cámara Penal de Rosario consideró que no fue alevoso el crimen de un remisero a quien balearon en una pierna y en la espalda para asaltarlo en la zona oeste, pero de todos modos confirmó la condena a prisión perpetua del imputado al entender que el asesinato fue cometido para asegurar un robo, lo que también se castiga con la máxima pena.
  La sentencia recayó sobre Javier Aníbal Espinoza, un joven de 27 años a quien le dicen Chino y al que la policía rosarina localizó casi un año después del crimen, cuando estaba detenido con otro nombre en la alcaidía de Resistencia. Lo encontraron porque quiso contactar a sus familiares y desde la cárcel chaqueña llegó un oficio dirigido a su domicilio del barrio Las Palmeras, situado justo enfrente del lugar donde fue asesinado el chofer.
  La Sala II de la Cámara Penal revisó la condena que en diciembre pasado le había impuesto a Espinoza el juez de Sentencia Carlos Carbone. Al término de un juicio, el magistrado le impuso entonces la pena de prisión perpetua por cometer un homicidio doblemente calificado: por la alevosía y por el fin de robo.
  El tribunal de segunda instancia intervino a pedido de la defensa del acusado, que había apelado planteando que no estaba probada la participación de Espinoza en el hecho. Pero los camaristas Adolfo Prunotto Laborde, Juvencio Mestres y Ramón Ríos consideraron demostrada con certeza la autoría homicida. Es que vecinos que presenciaron el ataque lo señalaron como el autor de los disparos que el 6 de octubre de 2006 mataron a Héctor Avila, un policía retirado de 52 años que trabajaba como remisero.

La misma pena. Los jueces de la Cámara Penal, no obstante, modificaron el encuadre legal del caso al entender que no hubo alevosía y porque ese agravante no le había sido imputado  al detenido durante la indagatoria, lo que viola garantías procesales. En cuanto a la pena, esto no modificó la situación de Espinoza porque en el caso se mantuvo el otro agravante, por haber matado para robar. Esa calificación también prevé prisión perpetua, la condena que en definitiva deberá cumplir.
  Como el muchacho además arrastraba una sentencia de 5 años y un mes de prisión del año 2005 (por la que estuvo preso cuatro años y siete meses en Piñero hasta 20 días antes del homicidio) fue declarado reincidente. Esto le impide acogerse a beneficios de la ley penitenciaria como las salidas anticipadas de prisión. También fue sentenciado a indemnizar en 30 mil pesos a los familiares de Avila.

Ataque con testigos. El crimen ocurrió en la misma cuadra donde el joven condenado había vivido toda su vida. Fue a las 10 de la mañana, cuando Avila llegó en su remís VW Polo blanco a dejar una pasajera en Benítez al 2200, una calle paralela a la avenida de Circunvalación. Los vecinos contaron que la mujer entró a su casa y Avila avanzó unos metros, hasta que de la misma casa salió el hijo de la pasajera, a quien le dicen el Chino, acompañado por otro joven, el Verde.
  El Chino —dijeron los testigos— abrió la puerta delantera del remís, comenzó a golpear al conductor y le sacó la remera. Luego lo hirió en una pierna con un arma calibre 32 largo. El chofer alcanzó a salir del auto, pero sin mediar palabra el atacante lo baleó en la espalda. Cayó de frente al suelo y quedó inconsciente en el lugar.

“No quiero ir en cana”. El hombre que lo había baleado le sustrajo la billetera y escapó con su acompañante por un pasillo que desemboca en el barrio Santa Lucía. En el juicio pesó el testimonio de una vecina que vive detrás de la casa de Chino. Contó que el sujeto le pidió a su hija que le abriera la puerta —“Abrime el portón que hice una grosa y no quiero ir en cana”, le dijo a la chica— y escapó tras saltar un alambrado.
  Luego de una búsqueda infructuosa, en julio de 2007 la policía rosarina recibió un oficio desde Chaco señalando que un preso de la alcaidía de Resistencia que decía llamarse Víctor Alejandro Cabrera requería que contactaran a sus padres en Benítez al 2200. En la subcomisaría 22ª conocían el domicilio porque lo habían allanado varias veces en busca del Chino. Cuando les enviaron a sus pares chaqueños una foto de Espinoza resultó ser el mismo hombre condenado allá, como Cabrera, a cuatro años y medio de prisión por robo calificado.
  Al ser trasladado a Rosario Espinoza dijo que el día del crimen estaba en Chaco buscando trabajo. Pero en la rueda de reconocimientos fue marcado por los testigos como autor del crimen del remisero, por el que ahora tiene sentencia firme y una larga pena de prisión.