Miércoles 10 de Junio de 2009
Buenos Aires.— Ernesto Luque, imputado de matar al teniente Aldo Garrido durante un robo en San Isidro en febrero, confesó ayer que se le “escaparon” dos disparos en un forcejeo con el policía al que luego remató su mujer, Déborah Acuña.
Marta Barbieris, la viuda de Garrido, dijo tras la audiencia que tuvo ganas de “ir y pegarles” a los acusados por cómo relataban el hecho. Y dijo que Acuña “es fría, es una basura”.
El juicio oral por el crimen del policía que hacía 30 años vigilaba el centro comercial de San Isidro comenzó ayer en el Tribunal Oral Criminal 5 de San Isidro. En el debate estuvieron el intendente de la ciudad, Gustavo Posse, y las dos máximas autoridades policiales de la zona, el superintendente Salvador Baratta y el jefe del área Conurbano Norte, Omar Nasrala.
Acuña y Luque llegaron a juicio acusados de homicidio calificado críminis causa (cometido para ocultar otro delito, en este caso el robo), por lo que podrían recibir prisión perpetua.
Luque, asistido por el defensor oficial Carlos Aguirre, dijo a los jueces que el día del hecho había ido con su señora a San Isidro “a delinquir”. El hombre, que por una causa previa por robo, había recuperado la libertad 15 días antes de ese hecho, explicó que entraron al local de Kevingston y se hicieron pasar por clientes. “Les pedimos a las señoritas que atendían que nos mostraran ropa y a los diez minutos saqué el revólver y les dije que se quedaran tranquilas. Las llevé a los vestidores y les dije que se recostaran en el piso con las manos hacia atrás”, narró.
Luque explicó que cuando estaba en los vestidores entró Garrido y que su esposa se hizo pasar por encargada del comercio. “Garrido preguntó por las chicas, mi señora le dijo que se habían ido a hacer un trámite. Se ve que no le creyó porque se vino hacia el fondo y ahí decidí enfrentarlo”, comentó.
Forcejeo. “Yo le dije: «Oficial, quédese tranquilo y tírese al piso que es un robo, yo me quiero ir de acá» y él me decía que yo me tire al piso y atinó a sacar su arma, pero mi mujer le puso la mano para que no levante la pistola”, señaló. Y explicó que así se inició un forcejeo entre el uniformado, él y su mujer.
“Seguimos forcejeando y yo alcancé a pegarle dos veces con el arma en la cabeza. Mi intención era que se caiga”, recalcó. “En el forcejeo a mí se me escapan dos disparos”, dijo.
Luego, Luque incriminó a su concubina. “Garrido se quedó sin fuerzas y mi mujer quedó con su arma en la mano. Le efectuó dos disparos y quedó temblando. Ella nunca había tenido un arma”, dijo.
“Yo no salí a matar. Sí salimos a robar, pero no a matar para robar. Estoy arrepentidísimo de lo que pasó y a la viuda y a la comunidad de San Isidro les doy mi sentido pésame”, afirmó.
Luego declaró Acuña, quien también confesó su participación en el hecho y afirmó que su intención era robar y no matar. “Yo disparé hacia el piso, hacia abajo. En ningún momento fue mi intención dispararle, mi intención era robar”, afirmó y manifestó estar arrepentida de haberle quitado el arma a Garrido para defender a su concubino. (Télam)