Viernes 27 de Agosto de 2010
El agente Raúl Mansilla compartió el último mate con el cabo primero que había llegado a
relevarlo a su puesto en la subcomisaría de Fighiera y se despidió con un saludo afectuoso.
“Que tengas una buena guardia”, le dijo antes de irse. La cordialidad de esa escena
jamás hubiera presagiado lo que vino después. Una hora y media más tarde los dos terminaron
enfrentándose uno contra otro, batiéndose a tiros en la puerta de un banco donde tres encapuchados
habían robado 30 mil dólares y 6.500 pesos. Entre los ladrones estaba el policía Mansilla. Atrás de
un árbol, tirando a rabiar, estaba su relevo, quien lo hirió en el abdomen y así fulminó los planes
de la banda.
Dos años después y por ese frustrado golpe, dos policías fueron
condenados a 10 años de prisión como dos de los asaltantes que la mañana del 6 de junio irrumpieron
en el banco Credicoop de Fighiera. Uno es el agente Mansilla, de 26 años, y otro el policía
rosarino Pablo Daniel Galván, de 36. Un hermano menor de Galván fue absuelto porque lo habían
incriminado en base a una confesión policial (ver aparte). Y un hermano del efectivo baleado, Pablo
Javier Mansilla, de 28, recibió 2 años de condena por encubrimiento. El fallo es del juez de
Sentencia Antonio Ramos y fue apelado por los condenados.
Aquel día todo arrancó con unos mates en la guardia de la subcomisaría
11ª de Fighiera. Eran las 7 de la mañana cuando Mansilla salió caminando de la seccional. Se sabe
que encaró hasta el cajero automático del banco Credicoop, a 70 metros. Esa visita quedó grabada en
la filmación del banco, aunque se desconoce qué hizo el uniformado en la hora siguiente.
La acción se desató a eso de las 8, cuando entró un llamado anónimo a la
subcomisaría de Fighiera que alertó sobre un falso accidente fatal en el kilómetro 257 de la
autopista Rosario-Buenos Aires. El único móvil de la seccional partió hacia ese lugar sin saber que
se trataba de una maniobra de distracción del trío de asaltantes que tenía en mira el banco para
despejar la zona, justo en el momento en que un camión de Prosegur descargaba sacas en la entidad
de Pueyrredón 954.
El golpe. A las 8.20 un Fiat Uno rojo con vidrios polarizados estacionó frente al banco. Bajaron
tres encapuchados que se zambulleron en el local y controlaron a 18 personas. Uno de los maleantes
se acercó a la garita donde un policía hacía adicionales, pero el custodio se encerró, activó la
alarma y avisó a la subcomisaría 11ª. Los otros dos ladrones abordaron a la gerente y al tesorero
para que abrieran el cofre. “Vamos, vamos, vamos”, gritó a los pocos minutos el que
estaba en la puerta, y el grupo se fue con 6.500 pesos en desuso que había en el tesoro y dos sacas
de Prosegur con 30 mil dólares.
Los ladrones no sabían que afuera los esperaba el cabo primero Luciano
Zárate, de 47 años, el mismo que había relevado a Mansilla en la guardia de la seccional. Al
recibir el alerta, el policía había salido corriendo hasta el banco. En el camino, un vecino le
avisó que los ladrones andaban en un Fiat Uno rojo. Encontró el auto con las puertas abiertas,
estacionado frente al Credicoop, y decidió esperarlos escondido detrás de un árbol. Cuando los
maleantes salieron y se arrojaron al auto arreció la balacera. Fue una puja a puro plomo. La
pistola 9 milímetros del policía se midió con el revólver 22 de los ladrones, que huyeron bajo una
lluvia de balas.
Un rato más tarde el auto de los delincuentes apareció quemado en el
camino a La Cerámica, a unos 1.500 metros al este de la ruta 21. Junto al vehículo quedó un guante
y un cargador de pistola 9 milímetros. El auto, se comprobó entonces, había sido robado en la zona
de la comisaría 1ª de Rosario. De los trece disparos que había hecho Zárate, seis habían dado en el
lateral derecho del vehículo. Eso hizo suponer a la policía que uno de sus ocupantes podía estar
herido. El dato se confirmó una hora después, cuando un policía herido de bala en el abdomen
entraba al Centro de Emergencia y Trauma de Rosario (CER).
“Un maneje”. Según la sentencia, una vez que se descartaron del auto los ladrones
fueron a la casa del hermano de Mansilla, en Libertad al 100 de Villa Gobernador Gálvez. Un vecino,
Carlos B., contó que el policía entró perdiendo sangre a su casa y le pidió ayuda: “Hicimos
un atraco, un maneje, y me hirieron”. Iba acompañado, según contó, por el policía Galván y
otro hombre al que le dicen Colo. Al parecer, en ese lugar el trío decidió que necesitaban una
coartada para explicar el balazo de Mansilla, que requería atención médica urgente.
Siguiendo el plan trazado a la fuerza, su hermano Pablo lo llevó en un
VW azul hasta la esquina de Intendente Andreu y Constitución de esa ciudad y el policía efectuó
cuatro tiros al aire con una 9 milímetros. Cuando llegó el Comando Radioeléctrico al lugar, Pablo
Mansilla les dijo a los policías que los habían perseguido en un Ford Galaxy sin dominio desde el
cual habían herido a su hermano. Desde allí lo trasladaron al Hospital Gamen y luego al CER.
Rápidamente se descubrió que la novela de la persecución era falsa. El
hermano de Mansilla reconoció que al agente lo habían herido en un “maneje” y contó que
del robo había participado el Pelado Galván, un agente de 36 años que trabajaba en la sub 20ª de
Rosario. En la casa de este uniformado, en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, se hallaron los
dólares robados envueltos con fajas del Banco Nación y del Santander Río, los billetes en mal
estado que sacaron del tesoro del banco, un revólver 22, cargadores, municiones y una granada.
Parte del dinero estaba oculto en un Renault 21. El resto, en los borceguíes del policía.
La historia terminó con tres condenas. El hermano de Mansilla fue
condenado a 2 años de prisión condicional por encubrir a la banda. El tercer acusado de integrar el
grupo fue absuelto por cuestiones procesales. Y los policías Mansilla y Galván fueron condenados a
10 años por el asalto, la resistencia a la autoridad, abuso de armas, encubrimiento y daño, todo
agravado por su condición de funcionarios públicos. l