Condenan a dos ladrones por un robo de película en una casa de citas
"Hagamos como que somos novios". La frase parece extraída de una conversación romántica, pero el contexto en que fue pronunciada lejos estuvo de serlo: fue la única e ingenua estrategia que encontraron dos ladrones para zafar de la policía, que los había acorralado cuando asaltaban a tres mujeres en una casa de citas.

Viernes 19 de Septiembre de 2008

"Hagamos como que somos novios". La frase parece extraída de una conversación romántica, pero el contexto en que fue pronunciada lejos estuvo de serlo: fue la única e ingenua estrategia que encontraron dos ladrones para zafar de la policía, que los había acorralado cuando asaltaban a tres mujeres en una casa de citas. Dispuesto a todo por sostener la farsa, uno de ellos se arrojó casi desnudo con una de las chicas a la cama y deslizó bajo la almohada la pistola que delataba sus verdaderos fines. Pero el teatro duró poco y terminaron presos. Al término de un juicio abreviado donde admitieron los motivos menos pasionales de su presencia en el lugar fueron condenados a penas de más de tres y cinco años de prisión por el robo frustrado en el puticlub.

La policía llegó en el acto a la casa de citas de 3 de Febrero 1486 cuando el último día de 2006 sonó la alarma que la conectaba con el local. El parte policial de aquel día reseñó que los efectivos se apostaron en la puerta, donde había una Kawasaki 125 y una Honda 200, y una voz femenina contestó el portero eléctrico. La mujer dijo que en local no pasaba nada, pero los agentes insistieron con ser atendidos porque necesitaban sus datos para completar el parte policial.

Entonces abrió la puerta la madama del local y les dijo que dos hombres armados las tenían amenazadas de muerte para robarles. En minutos los efectivos del Comando Radioeléctrico atraparon a dos hombres, uno de ellos acurrucado en la cama junto a una de las víctimas para hacerse pasar como cliente.

Drama entre sábanas. No pudo sostener la escena más que unos segundos porque la chica, al ver a los policías, se largó a llorar: "Tiene un arma y me está robando", les dijo. Los falsos clientes quedaron presos y se identificaron con dos nombres que tampoco eran reales. En la comisaría descubrieron sus verdaderos nombres. Eran Juan Pablo Colovatto, de 24 años, y Matías Javier Robledo, de 21.

De acuerdo con el relato de las víctimas, todo empezó el domingo 31 de diciembre de 2006 poco después de las 3. A esa hora una mujer de unos 50 años y una chica más joven salieron de la casa cuando se acercaron dos hombres en motos y les dijeron que habían ido en busca de servicios sexuales. Una vez dentro de la casa encañonaron a las mujeres y les exigieron dinero.

Una de las tres chicas asaltadas contó que los asaltantes, las hicieron tirar al piso "con un arma negra y grande" y entonces la dueña de casa activó la alarma. Dijo que los maleantes les robaron dos celulares, exigieron dinero y las golpearon con el arma en la cabeza para que revelaran en qué lugar había efectivo. Luego las condujeron a otra habitación, las hicieron arrodillar y "revolvieron toda la casa buscando dinero". Cuando sonó el portero las obligaron a quedarse quietas mientras enviaban a la dueña a atender.

Un amor de verano. Cuando advirtió que era la policía uno de los ladrones improvisó el simulacro. "Nos dijo que hiciéramos como que éramos novios", contó otra joven. El ladrón entró con ella en una pieza, se quedó en ropa interior y se deslizó con ella en la cama. Así lo encontró la policía, con la chica temblando de miedo a su lado y una poderosa arma 9 milímetros oculta bajo la almohada.

Según el fallo ese hombre era Colovatto, quien al ser indagado volvió a colocarse en su simulado rol de cliente del burdel. Relató que con su amigo habían ido "a un puterío de la calle 3 de Febrero", preguntaron las tarifas y él tomó un servicio con una de las chicas en una habitación del fondo donde lo encontró la policía.

Pero ante las evidencias de que entraron a robar los dos fueron procesados y el caso llegó al juzgado de Sentencia Nº 3, a cargo de Luis Giraudo, donde ambos imputados optaron por el juicio abreviado, una suerte de acuerdo entre sus defensores y la fiscalía tras el cual se dicta sentencia.

Así, Robledo fue condenado a 3 años y 6 meses de prisión por los delitos de tentativa de robo calificado y tenencia de arma de guerra. El joven había estado involucrado en el crimen del policía Diego Navarro, ocurrido en abril de 2005, aunque fue desvinculado por falta de pruebas. Bajo la misma acusación que su cómplice fue condenado a 3 años y 8 meses Colovatto, quien tenía una condena anterior del mismo juzgado y le unificaron ambas penas en 5 años y 3 meses de cárcel.