Policiales

Condenan a dos jóvenes por el crimen de una mujer en Tablada

Cintia Mariela Flores tenía 36 años y en noviembre de 2015 le pegaron dos tiros por la espalda. Fue para vengar una pelea de su sobrina con otra chica.

Viernes 05 de Julio de 2019

A Cintia Mariela Flores la mataron con una bala calada para causarle más daño. Fue en noviembre de 2015, cuando salió de un pasillo donde estaba tomando con unos amigos. Entonces dos pibes llegaron corriendo desde atrás y le dispararon al pecho. "Dale, dale, pegale", azuzó uno de los atacantes al que llevaba el arma, un revólver calibre 22. Ella cayó al piso con un tiro en una axila, consciente de su final: "Basta, se terminaron los problemas", les dijo a los dos jóvenes que ayer admitieron el crimen y aceptaron condenas de 13 y 14 años y medio de prisión.

Lo que motivó el ataque a Flores fue un incidente previo con una sobrina a la que ella cuidaba como a una hija. "Ellos me buscaban a mí para matarme", confió ayer al mediodía esa chica, Brisa, al salir del Centro de Justicia Penal donde se cerró el caso. Los acusados, Martín Darío Durán, de 22 años, y su primo Nahuel Luis Bejarano, de 21, aceptaron sus condenas en un juicio abreviado.

La pena más alta fue para Durán: 14 años y medio como autor del disparo. Su cómplice fue condenado a 13 años. Los dos como coautores de un homicidio agravado por el uso de arma y la portación de un arma civil.

El procedimiento abreviado —un convenio entre partes alternativo al juicio oral— fue acordado entre el fiscal Florentino Malaponte y la defensora pública María Eugenia Carbone. Luego de preguntarles a los acusados si estaban de acuerdo, el juez dictó la sentencia. En la sala escuchaban atentos los familiares de Cintia Flores, que habían dado su consentimiento a las condenas.

"Yo caminé toda la investigación y firmé la conformidad, aunque hubiéramos querido más pena. La mataron mal, de espaldas. Fueron dos cobardes", dijo ayer Carmen, hermana de la víctima.

Cintia Mariela Flores era la segunda de tres hermanos. Había dejado la casa paterna de Cepeda entre Spiro y Presidente Quintana, en el sudeste rosarino, para mudarse a 24 de Septiembre y Berutti. Tenía 36 años. "Ella lavaba ropa, cuidaba personas. Era lesbiana y vivía con su pareja. Le gustaba tomar, pero no era violenta", recordó Carmen llorando tras escuchar las condenas.

En el barrio le decían "Chicha" y la conocían como una persona muy servicial. "Si un vecino necesitaba algo, ella se ofrecía", contaron a este diario el día después del crimen.

La estaban esperando

La noche del 21 de noviembre de 2015 "Chicha" estaba tomando con unos amigos a la entrada de un pasillo que se abre entre Biedma y Presidente Quintana y que comunica Berutti con Grandoli al 3800. Alrededor de las 3.20 salió a la calle. Un conocido que estaba con ella y declaró como testigo de identidad reservada contó que "Milton y Nahuel la estaban esperando. Ella estaba parada en la esquina. De repente ellos salen y Milton empezó a disparar. Vació todo el cargador".

El testigo contó que ella se puso delante de él para protegerlo y les gritó que "paren de disparar". "Basta, se terminaron los problemas", dijo la mujer al caer al piso con un disparo que le ingresó por una axila, le destrozó el pulmón derecho y le causó una letal hemorragia. La bala calibre 22 largo, se determinó luego, había sido calada en la punta para causar más daño.

"El que disparó fue Milton. Al otro le dicen Bejarano. Los dos salieron del callejón, eran rastreros", dijo otro testigo que aportó precisiones sobre el arma. Los testigos contaron que tres días antes la novia de Milton, por entonces embarazada de ocho meses, había tenido problemas con Brisa, quien la golpeó a trompadas. Entonces los primos tomaron revancha contra la joven y ultimaron a su tía al saber que eran muy cercanas.

"Ellos me buscaban a mí para matarme. Me habían amenazado. No se confundieron, mataron a mi tía porque ella siempre estaba conmigo", contó a este diario Brisa, quien ratificó la motivación esgrimida en el abreviado y denunció que aún recibe amenazas pese a que los acusados —detenidos a fines de 2016— llevan más de dos años presos.

Balazos en la noche

Un testimonio que también fue considerado en las condenas fue el de la entonces pareja de Martín Durán. La chica contó que esa noche habían discutido porque él quería salir. Ella cursaba un embarazo avanzado y se fue a dormir en la casa de Grandoli y Gutiérrez donde convivían con la madre y los hermanos de él. Antes de las 4 de la madrugada escuchó los disparos y enseguida su novio y el primo entraron corriendo a la casa, asustados. "Martín tenía el revólver. Pregunté qué había pasado y dijeron que Martín le había pegado a «Chicha»".

Más de tres años después, Carmen cuenta que aún le llegan comentarios de vecinos sobre el crimen de su hermana: que escucharon a los agresores cuando tramaban el ataque, que alguien intentó disuadirlos, que le tiraron por la espalda, que ella se quejó de dolor. "Ella fue más madre que yo de mis seis hijos —dice y llora—. Tengo un dolor bárbaro con lo de mi hermana".

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