Policiales

Condenan a banda narco que enviaba cocaína a Italia en troncos ahuecados

El grupo, que tenía su base cerca de la ciudad de San Javier, era liderado por un empresario italiano. La sentencia se conoció ayer en Santa Fe y alcanza a cuatro argentinos y un colombiano.

Viernes 24 de Febrero de 2012

Cuatro ciudadanos argentinos y un colombiano fueron condenados ayer por la Justicia federal de la ciudad de Santa Fe tras ser hallardos culpables de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por la intervención de tres o más personas. Los cinco hombres habían sido detenidos en abril de 2009 en el marco de una investigación iniciada un año antes en Italia, donde cayó preso un empresario que importaba cocaína boliviana en troncos de palo borracho ahuecados que eran acondicionados para su traslado en una finca rural cercana a la ciudad de San Javier, en el norte santafesino. Cuando la policía local allanó esa propiedad encontró 89 kilos de esa droga y dio inicio a la causa que ahora derivó en las condenas.

La sentencia, conocida ayer en la capital provincial, lleva las firmas de los jueces María Ivon Vella, Otmar Paulucci y José María Escobar Cello. La misma alcanzó a Fabián Antonio Marín Hernández y Roberto Carlos Rodríguez Luna, quienes fueron condenados a 10 años de cárcel; a David Carlos Sagardoy, penado con 8 años de prisión; y a Sergio Rafael Velarde y Santos Eriberto Bamba, que deberán pasar 6 años tras las rejas.

Una larga ruta. La operación Ambassador, como se la denominó en Italia, empezó a desnudarse en mayo de 2008 cuando la policía de aquel país apresó en el puerto de Génova al empresario Arturo Luglietto, ligado a la Camorra napolitana. El hombre, de 50 años, había ido a retirar de la terminal marítima un cargamento de 250 kilos de cocaína boliviana que había viajado desde la Argentina escondido en troncos ahuecados de palo borracho, "una exótica especie" que el hombre importaba para plantar en los parques de grandes residencias. Al declarar ante la Justicia, el hombre se quebró y admitió que en una finca que había alquilado en cercanías de la ciudad santafesina de San Javier, más precisamente en el paraje Colonia Francesa, tenía escondidos otros 160 kilos de droga prestos a ser embarcados. De esa cantidad, la policía provincial sólo halló 89 a pesar de dar vuelta palmo a palmo todo el terreno rural.

Eso ocurrió el 7 de mayo de 2009 cuando los agentes de la ex Drogas Peligrosas al mando del actual jefe de la policía provincal, comisario Hugo Tognoli, llegaron hasta una modesta vivienda que se levanta unos 200 metros adentro de la ruta provincial número 1, en el kilómetro 143 de ese camino y a pocos kilómetros de San Javier. Allí secuestraron 89 kilos de cocaína y seis bolsas de arpillera de un molino harinero paraguayo dentro de las cuales se halló la pulpa de los troncos de palo borracho que habían sido ahuecados para el embarque recibido por Luglietto en Italia.

En el operativo, los policías antinarcóticos santafesinos apresaron a Marín Hernández, Velarde, Bamba y Sagardoy, cuatro de los ahora condenados. Pero ante la Justicia, antes de que el caso llegara a juicio, el único que habló fue el colombiano, quien contó con pelos y señales la historia de la maniobra.

La confesión. Así, Marín Hernández relató que había llegado al norte santafesino a fines de 2008 tras conocer al empresario Luglietto en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, donde él estaba de vacaciones. "Me ofreció venir a cuidarle un campo y como el comercio no está bueno en Colombia, acepté", declaró ante el juez subrogante de Reconquista, Eduardo Valiente. Tras ello recordó el encuentro que tuvo con Luglietto en Paraguay, donde éste le informó que en la finca "había una sustancia enterrada" y el llamado que poco tiempo después le hizo el empresario desde Italia para decirle que iban a llegar al lugar dos muchachos para trabajar (Velarde y Bamba) y que alguien iba a ir a retirar "la sustancia".

Fue el 8 de cuando Sagardoy llegó en una camioneta a buscar la cocaína. Detrás de él cayeron los agentes antinarcóticos que secuestraron la droga y apresaron a los cuatro hombres a los que la Justicia condenó ahora a prisión.

Con 40 kilos de droga en la autopista a Santa Fe

Un operativo de rutina de la policía en la autopista Rosario-Santa Fe permitió ayer detener el paso de un utilitario en el que eran transportados 25 kilos de cocaína y 15 kilos de marihuana escondidos en cuatro bolsos de cuero. En el procedimiento fue apresado el conductor del vehículo, un hombre de 36 años afincado en el barrio Ludueña de Rosario, quien portaba una pistola calibre 45 con siete proyectiles intactos en su tambor.
  Pocos minutos antes de las 16 de ayer, en el kilómetro 22 de la autopista a la capital provincial, frente al peaje del paraje La Ribera, agentes de la Brigada Departamental II y de Inteligencia Zona Sur de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones de la policía provincial en compañía de efectivos de la Sección Perros de la Unidad Regional II, llevaban adelante el operativo ordenado por el Ministerio de Seguridad provincial.
  En ese marco detuvieron el paso de un utilitario Fiat Fiorino, patente DBJ 289, que en dirección norte-sur era conducido por Cristian Angel C.A., de 36 años y domiciliado en Garzón al 600 de Rosario. Cuando los perros adiestrados olfatearon la caja del vehículo dieron indicios de que algo se escondía allí adentro. Entonces los policías inspeccionaron el auto y hallaron cuatro bolsos de cuero negro en los que había distribuido 38 panes de cocaína que pesaron 25 kilos y 15 ladrillos de marihuna de un kilo cada uno. Tanto el hombre apresado como el arma que portaba y la droga incautada quedaron a disposición del juez federal número 3, Carlos Vera Barros. l

Perpetua

Arturo Luglietto, un empresario italiano vinculado a la Camorra napolitana y afincado en Paraguay durante varios años, fue detenido el 1º de mayo de 2009 en el puerto de Génova cuando recibía 250 kilos de cocaína escondidos en el vientre de un palo borracho. A partir de esa detención se tuvo acceso a la historia del italiano en cercanías de San Javier, donde había alquilado una finca que sirvió de base para acopiar la cocaína luego exportaada a Italia en los troncos ahuecados. En abril de 2010, un tribunal italiano condenó a ese hombre a cadena perpetua por contrabando agravado de estupefacientes.

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