Policiales

Condenado a perpetua por el femicidio de su pareja

Federico Aranda fue hallado culpable del asesinato de Nadia Benítez, ocurrido en 2017 en la casa en la que vivían juntos, en Einstein al 5700.

Jueves 28 de Noviembre de 2019

Federico Alberto Aranda, de 43 años, fue condenado ayer por un tribunal pluripersonal a prisión perpetua al haber sido encontrado culpable del femicidio de su pareja, Nadia Benítez, cometido en febrero de 2017 en el barrio Ludueña. Al momento de ser detenido, el hombre que había convivido con la víctima 6 años, dijo que su pareja se había arrojado desde la ventana de la planta alta en la que residían hacia el patio.

Sin embargo, el informe de autopsia determinó que la mujer murió con tres fracturas en las mandíbulas y una en el cráneo, heridas que no coincidían con la caída. Otro dato que se sumó fue que si bien la mujer tenía lesiones en sus manos, no tenía heridas en sus brazos fruto de la caída de altura. En ese sentido, los jueces Román Lanzon, Ismael Manfrín y Mariano Aliau sentenciaron a Aranda por homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género.

Discusión y golpes

Nadia Benítez tenía 32 años y una hija de 15 a la que mantenía trabajando en un hotel. La madrugada del 5 de febrero de 2017 su cuerpo fue encontrado en el patio de su casa sobre un charco de sangre. La mujer había muerto tras sufrir al menos dos fuertes golpes: uno que le generó una fractura en la base del cráneo y le causó daño encefálico (esa fue la causa de la muerte según la autopsia) y otro que le fracturó la mandíbula en tres partes.

Presentaba también contusiones en las rodillas, propias de una caída por desvanecimiento, las uñas rotas y golpes en el dorso de las manos compatibles con maniobras defensivas. Peritos que trabajaron en la escena desconfiaron inmediatamente de la trayectoria de la caía del cuerpo de Benítez, una mujer de alrededor de 1.60 metro de altura y 80 kilos.

Aranda, quien trabajaba en la cooperativa láctea Cotar, había indicado que su compañera se había suicidado arrojándose desde un ventanal sin balcón de la casa de planta alta en la que residían, en Einstein al 5700. Cuando la policía llegó a la escena de crimen lo encontró encima de Nadia, gritándole para que se despertara. El acusado nunca pudo explicar cómo Nadia Benítez sufrió numerosas fracturas en la cabeza, segundos después de que sus familiares escucharan una fuerte discusión entre ellos.

La pareja había regresado junto a su hija minutos antes del crimen tras una cena en la casa de la mejor amiga de Nadia. "Ella estaba con Federico desde que tenía 18 años. Cuando quedó embarazada, Federico no se hizo cargo de la nena por unos diez años y ahora tiene 15. Él no la frecuentaba hasta que se juntaron en la planta alta de la casa de los padres de Nadia", declaró la amiga en el juicio que comenzó el 14 de noviembre pasado. "Por lo que ella me contaba, Federico tomaba y se drogaba, se iba, volvía y estaba bien un par de semanas y lo volvía a hacer", dijo la testigo.

Aranda está preso desde el mismo momento del crimen. El fiscal Adrián Spelta explicó en su alegato que el día del hecho la pareja había dio a cenar a la casa de la amiga de Nadia y su pareja en barrio La Esperanza. "El hombre consumió alcohol y estupefacientes", explicó el fiscal, quien detalló que cerca de las 1.30 de la mañana Nadia le recriminó por sus consumos y Aranda se enojó. Se subió al auto y se fue del lugar. Pero sólo dio la vuelta a la manzana. Luego regresó y le dijo a Nadia que subiera al auto.

La pareja había llegado a su casa de barrio Ludueña cerca de las 1.50. Él guardó el auto en el garaje. Una hora más tarde una hermana de Aranda, que vive a dos casas, abrió la ventana y oyó a los dos discutiendo a los gritos. A ambos les mandó mensajes de WhatsApp que no respondieron, aunque Aranda tildó el suyo como leído. Y luego los llamó por teléfono sin tener respuesta. A las 2.35 Nadia Benítez estaba muerta. La mecánica del crimen estuvo dada en que Federico intentó ir a comprar droga a un quiosco de la zona y Nadia se lo impidió. Bajaron al patio en medio de la disputa y él la tomó del cuello y la golpeó con un elemento contundente varias veces.

"Federico no llamó a los familiares que estaban ahí. No llamó a un sistema de urgencias. Ni al 911. Encubrió la escena para hacernos creer que Nadia decidió suicidarse o pretendió caminar por una cornisa y se cayó al patio. Dejó abierta la ventana de arriba. Se cambió de ropa. Tomó los celulares y se fue del lugar. Deambuló unos 50 minutos, hasta que a las 3.39 horas ingresó a la casa saltando el tapial para parecer sorprendido y se encontró con el cuerpo de Nadia. Golpeó la puerta de los padres y les avisó. Se mostró acongojado por la circunstancia, se mostró shockeado, pero todo fue planificado minutos atrás después del golpe mortal que le quitó la vida a Nadia". indicó el fiscal en su alegato.

Una defensa infructuosa

Al rato llegó la policía y se topó con la escena del crimen. En el juicio quedó plasmado que Benítez no era la primera vez que sufría una golpiza y que buena parte de la relación se desarrolló en el contexto de violencia de género.

La defensa de Aranda estuvo en manos de los abogados públicos Juan Pablo Nardín y Nancy Zulli, quienes en su estrategia defensiva indicaron que Aranda no había asesinado a Benitez. "No se puede condenar a una persona porque aparentemente fue la última en ver en vida a Nadia. ¿Realmente fue él el último en ver en vida a Nadia? Él era una persona con problemas de adicciones, alcohol y cocaína, pero eso no lo transforma en un homicida porque también es un hombre sin antecedentes, un laburante común, un hombre común". Ante ello solicitaron la absolución de randa porque "no es responsable de la muerte de Nadia Benitez. Federico Aranda está sentado en el banquillo equivocado", había dicho Nancy Zulli en su alegato.

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