Policiales

Condenado por matar de dos balazos a un hombre al que conocía de un garito

La sentencia recayó en Jorge Van Autenboer, de 67 años, quien había sido conserje de un club casildense donde funcionaba una sala de juego clandestino

Jueves 16 de Mayo de 2019

Jorge Enrique Van Autenboer, el ex conserje de un club de Casilda acusado de matar a un cliente, fue condenado a 10 años y 8 meses de prisión como autor de ese crimen a tiros que ocurrió en noviembre de 2017. Fue en una estación de servicios donde el acusado se encontró con la víctima y luego de una breve discusión lo asesinó con dos balazos. El tribunal del juicio oral y público que cerró ayer en Rosario lo encontró autor de un homicidio agravado por el uso de arma de fuego y le impuso la pena mínima prevista para ese delito. No obstante, el hombre seguirá en prisión domiciliaria hasta que el fallo quede firme.

"Es un resultado satisfactorio. No solamente hemos probado cómo sucedió el hecho sino que el tribunal acogió nuestra teoría del caso por unanimidad. Desde el primer momento dijimos que fue un ataque con un revólver cargado con 9 municiones hacia una víctima desarmada", evaluó el fiscal Juan Pablo Baños tras escuchar la sentencia.

En tanto, la familia de Leandro Brizzola, que tenía 36 años y era vendedor de chacinados, se mostró conforme con el fallo aunque reclama que el acusado cumpla la pena en una cárcel común (ver aparte) y no en su domicilio, a sólo dos cuadras de su vivienda.

Cuestión de edad

Los jueces Carlos Pareto, Marisol Usandizaga y Jesús Rizzardi leyeron la parte resolutiva del fallo ante una sala con más policías que público. Es que en audiencias previas se habían registrado incidentes y por eso se decidió trasladar el juicio hasta los Tribunales de Rosario, a 71 kilómetros de su sede original. Van Autenboer, de 67 años y administrador de canchas de fútbol 5, escuchó el veredicto sin emitir gesto alguno y la sala fue rápidamente desalojada.

Habrá que esperar los fundamentos del fallo para conocer por qué le impusieron la pena mínima (la fiscalía pedía 18 años y la querella 33) aunque todo parece indicar que la edad del acusado pesó en valoración de los jueces. "Se probó lo que sostenemos desde el día uno: que fue un asesinato a sangre fría a un hombre desarmado. Lamentablemente no quedó claro si el móvil fue por una deuda de juego o un problema familiar pero sí se probó que en el club funcionaba una sala de juego clandestino", dijo el abogado querellante Lucas Wojtasik.

Dos balazos letales

El crimen ocurrió el 17 de noviembre de 2017. Leandro Brizzola, padre de dos hijos, estuvo esa madrugada con dos amigos en el Casilda Club. En ese lugar funcionaba un garito de juego al que Brizzola solía asistir. Van Autenboer había sido por años el conserje del club hasta que delegó el cargo en su hijo. Los amigos de la víctima contaron en el juicio que esa noche ellos se quedaron tomando algo en un sector contiguo a la salita, por lo que no apreciaron si Brizzola jugó al póquer o con las maquinitas. El imputado también estuvo esa noche en el lugar pero en el juicio se acreditó que no interactuó con la víctima ni se registraron incidentes.

Desde allí Brizzola y sus amigos caminaron hasta la estación de servicios YPF Camarotti, de Tucumán y avenida Ovidio Lagos. Compraron una cerveza y se sentaron a tomarla en el playón porque en ese horario (cerca de las 4) no estaba permitido ingerir bebidas alcohólicas en el minimarket. Contaron que estaban en eso cuando vieron llegar a Van Autenboer en su Renault Scénic. Sin entrar a la estación, el ex conserje estacionó sobre calle Tucumán y se quedó en el auto. Entonces Brizzola se puso de pie, dijo algo similar a "voy a ver qué quiere" y se acercó al vehículo. Luego de unos minutos se escuchó un griterío seguido de cuatro tiros. Uno alcanzó a la víctima en el tórax y otro en la espalda y falleció tras ser trasladado al Hospital San Carlos.

La cámara del local tomó el momento previo y posterior a los disparos. En esa imagen "se ve que Brizzola va caminando hacia lo que terminaría en su muerte de forma normal, no va exaltado ni gritando insultos. Su amigo se queda detrás en una postura muy tranquila. Luego se acerca a ayudarlo, también con tranquilidad, pero desaparecen del cuadro y a los ocho segundos reaparecen los dos corriendo", explicó el fiscal, quien en su alegato final planteó que la víctima "se había convertido en una molestia para los negocios familiares del imputado en el Club Casilda, ya sea en el bar como el casino clandestino".

"Hombre conflictivo"

La defensa del acusado planteó que medio año antes Brizzola había amenazado a una hija del acusado, que trabajaba en la conserjería, porque no lo dejaron entrar cuando en el club se realizaba una fiesta privada. Según el defensor Fernando Moschini, esa noche su cliente llegó a la estación porque se había quedado sin reserva de combustible. Pero no se animó a entrar al ver a Brizzola, quien según su teoría se abalanzó sobre él a pesar de que el conductor le exhibió el arma, un revólver calibre 22 largo que tenía registrado a su nombre.

El profesional planteó que Brizzola era un hombre conflictivo y pidió la absolución del ex conserje por legítima defensa. Tras los disparos, Van Autenboer se fue en su auto y fue detenido por la Policía de Investigaciones cuando se aprestaba a guardarlo en el garaje de su casa de Rivadavia al 1400, frente al Fonavi del barrio Granaderos a Caballo donde residía Brizzola. Entonces le secuestraron un revólver calibre 22 largo con cinco casquillos percutados. El tribunal dispuso ayer que el arma sea decomisada pero no hizo lugar a un pedido de decomiso del auto.

A poco de ser detenido, el acusado obtuvo la prisión domiciliaria. En el segundo punto de su fallo los jueces resolvieron que se mantenga esa modalidad hasta que la condena quede firme, ya que puede ser apelada por las partes.

El querellante Wojtasik esperará a que estén disponibles los fundamentos para decidir si apela en reclamo de una pena más alta. "Queremos ver cómo los jueces merituaron la pena mínima. Es muy probable que sea por la edad de la víctima", consideró. Una vez firme la condena pedirá su cumplimiento en prisión, aunque el imputado puede volver a reclamar la domiciliaria al cumplir los 70 años.

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