POLICIALES

Condenado a 11 años por matar a un amigo y ocultar el cuerpo bajo la cama

Leonardo Taborda aceptó esa pena por apuñalar en 2019 a Fidel Rosales, de 21 años, en una pelea que tuvieron bajo el efecto de drogas

Viernes 19 de Marzo de 2021

Fidel y Leonardo eran amigos desde la infancia y siempre andaban juntos por su barrio de la zona noroeste. Por eso en febrero de 2019, cuando Fidel desapareció, al joven de 21 años fueron a buscarlo a la casa de su amigo. Con él lo habían visto por última vez. La madre de Leonardo les abrió la puerta sin el menor reparo a los policías y los guió hasta una pieza donde encontraron a su hijo durmiendo y un bulto bajo la cama. “Sólo es ropa”, dijo el muchacho cuando lo despertaron. Pero era el cuerpo desnudo, ensangrentado y atado de pies y manos de Ernesto Fidel Rosales Ramírez, asesinado con un corte en el cuello cerca de la nuca.

Ese crimen absurdo, cometido en una discusión entre dos jóvenes adictos y bajo el efecto del consumo de drogas, fue el objeto de un juicio abreviado la tarde del jueves. Leonardo Ariel Taborda, de 24 años, aceptó 11 años de prisión por la muerte de su amigo. Un asesinato sin un móvil claro, con el extraño hallazgo del cadáver bajo la cama del agresor, que a los efectos legales fue encuadrado como homicidio simple. La fiscal Marisol Fabbro y la defensora pública Nancy Zully acordaron la pena. El juez Rodolfo Zvala aprobó el acuerdo y dictó la condena.

La muerte de Fidel desnudó el drama de dos familias vecinas, sin resentimientos previos, ante los problemas de adicción a las drogas que padecían el muchacho y su amigo “Chivita”, como le dicen al condenado. “Yo le tenía mucho miedo a mi hijo porque no sabía qué me podía hacer cuando estaba drogado. Tanto a mí como a su madre nos maltrataba, nos pegaba. Y todo por la droga”, dijo a este diario Lenín Miguel Ramírez, un chileno de entonces 64 años, tras sepultar a su hijo Ernesto Fidel, al que legó el nombre por el pasado comunista de su familia. Siete meses antes habían asesinado a otro de sus cinco hijos, Francisco Antonio, de 16 años, al que le decían “Panchito”.

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Desde que la familia se radicó definitivamente en Rosario en 2006, Fidel y Chivita eran amigos. “Eran amigos de chiquitos, siempre estaban juntos. Si hasta guardamos las fotos de cuando eran pibes”, recordó el hombre, que había convocado a Chivita a su taller para enseñarle el oficio de yesero. “Después empezó a consumir, a darse vuelta, y yo le dije: «Conmigo no trabajás más». Pero siguió juntándose con Fidel. El lo llevó a mi hijo a consumir drogas _contó_. Pero en esto sus padres no tienen nada que ver. Don Alejandro y su esposa han sufrido lo mismo que nosotros”.

En efecto, un drama similar contó ante las cámaras de los noticieros el padre del acusado, un hombre de 61 años que al llegar a su casa se encontró con el operativo policial y su hijo preso. “Todo esto fue por la droga”, dijo. Contó que los dos jóvenes eran amigos y se juntaban “para comprar pastillas y drogas”. Reveló que él intentó sin éxito buscar ayuda para su hijo y llegó al punto de cerrar su dormitorio con llave para evitar que Leonardo le robara.

El acuerdo abreviado relata que la desaparición de Fidel fue advertida por sus padres cerca del mediodía del miércoles 13 de febrero de 2019. La madre hizo la denuncia en la comisaría 17ª. El mismo día, una amiga recibió un extraño mensaje de Chivita pidiéndole que llamara una ambulancia. A la noche, la madre de Fidel fue con policías a la casa de Leonardo, en La República al 8600, pero Chivita no estaba. Como la última vez que lo habían visto sus vecinos estaba con el amigo, al día siguiente los policías volvieron a acompañar a la madre de Ernesto hasta esa casa.

>>Leer más: "Le teníamos miedo a mi hijo porque al estar drogado nos pegaba y maltrataba"

La madre de Leonardo los dejó pasar a un estrecho cuarto donde su hijo dormía. El cuerpo de Fidel fue encontrado bajo la cama, oculto bajo prendas de vestir, en estado de descomposición. La muerte databa de 24 a 48 horas previas al hallazgo. Tenía marcas de golpes y una puñalada en la nuca. Un hermano de Chivita lo había visto realizar movimientos extraños en el patio con un bulto que intentó subir a la terraza. Su madre lo había encontrado limpiando manchas de sangre en el lavadero. El respondió que un amigo se había lastimado.

“Fidel se clavó el cuchillo en la nuca en un forcejeo”, dijo al declarar, tres meses después de su arresto. Entonces contó que ese día estaba trabajando _era changarín en el Mercado de Concentración de Fisherton_ y Fidel le envió mensajes “apurándolo” y pidiéndole “pastillas”. Al llegar a su casa lo invitó a Fidel a que “se pague una cerveza”. La compartieron en su habitación junto con unas pastillas. Dijo que Fidel “en un momento saca un cuchillo Tramontina y lo empieza a amenazar” y así terminaron forcejeando los dos en el piso. Con su amigo herido, intentó llamar a una ambulancia que “nunca llegó”. Luego le sacó la ropa y tiró el cuchillo: “No sabía qué haçer, tenía miedo”.

Sin poder explicar por qué lo hizo, admitió que decidió atarlo y dejarlo debajo de su cama. Los estudios psicológicos del acusado dieron cuenta de un desorden a psíquico provocado por el consumo de sustancias desde su pubertad, así como de una “estructura psíquica inmadura” que lo lleva a no poder implicarse emocionalmente con algunas situaciones. Pero determinaron que comprende sus actos y es consciente de ellos. Por eso continuó sometido al proceso penal que cerró con la condena a 11 años _tres años por encima del mínimo legal_ que él consintió.

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