Policiales

Con un ardid roban unos 700 mil pesos a los dueños de un salón de fiestas

El robo fue planeado con rigurosidad y la cadena de hechos cerró el viernes cuando dos parejas, de distintas edades, llegaron al salón “Vía Victoria”, de Irigoyen al 300, a las 16.30.

Domingo 02 de Agosto de 2015

Una familia propietaria de un salón de fiestas de la localidad de Arroyo Seco fue víctima de un asalto en el que los ladrones lograron llevarse una importante suma de dinero que las víctimas habían recibido de una herencia, celulares, una notebook y distintos efectos personales. Lo llamativo es que parte de la gavilla que concretó el robo acudió al salón el miércoles pasado y con ese ardid lograron establecer, luego de practicar una inteligencia previa, los movimientos y espacios del negocio y la casa familiar, que queda al lado del salón y contiene las oficinas administrativas.

   El robo fue planeado con rigurosidad y la cadena de hechos cerró el viernes cuando dos parejas, de distintas edades, llegaron al salón “Vía Victoria”, de Irigoyen al 300, a las 16.30. La primera pareja no aparentaba más de 25 años, en tanto la otra rondaba los 50. Supuestamente eran familiares de una joven quinceañera y querían alquilar el salón para la fiesta de cumpleaños. La pareja más joven se había llegado hasta el salón el miércoles pasado y esta nueva entrevista era para decidir el contrato.

   Los dueños del local, Carlos C. y su esposa, Elizabeth B., tienen repartidas sus tareas. Cuando un posible cliente se interesa en contratar un servicio de fiesta, uno de los integrantes del matrimonio muestra el lugar y el otro se dedica a los números finos en la oficina de la casa. Así fue que el miércoles pasado llegó la primer pareja y Elizabeth los atendió sin ningún tipo de sospecha .”Ese día, cerca de las cuatro y media de la tarde, vino este matrimonio en un auto nuevo y con un bebé de brazos. Comenzaron a averiguar por un servicio y les mostré el salón. Me dijeron que el muchacho era el padrino de una nena a la que querían festejarle el cumpleaños de 15. Quedaron que el viernes volverían y pautamos un horario. Es más, yo no iba a estar en la hora que me dijeron pero apuré los trámites y estuve a las cuatro y media en el negocio. Eran dos chicos bien y gente que uno ni sospecha que pueden ser ladrones”, dijo Elizabeth a La Capital.

Trato cordial. El viernes los ladrones llegaron en un Volkswagen Vento negro. La nueva pareja rondaba los 50 años y parecían los padres de los primeros. Saludaron cortésmente y mientras Carlos trabajaba preparando el salón para la fiesta que tenían el sábado, Elizabeth les mostró nuevamente las instalaciones.

   Con todo acordado, la empresaria invitó a los cuatro a su casa para recibir la seña, pero las mujeres se disculparon y argumentaron que esperarían a los hombres en el auto. Fue así que Elizabet ingresó a su casa con los dos hombres mientras Carlos daba vueltas por el salón.

   “Hablamos, les tomé los datos y concretamos una suma de dinero. Cuando les expliqué que debían dejar una seña, el hombre más maduro me dice que había olvidado el maletín con la plata en el auto y se retiraron los dos de la oficina. Apenas salieron escuché a mi marido que dice algo o se queja, abro la puerta y lo veo tirado en el piso. Pensé que se había desmayado y me llamó la atención por qué no lo levantaban, pero un segundo después me encañonaron y me dijeron que era un asalto”, recordó la mujer.

   En la casa los ladrones se movieron sin ningún reparo y estuvieron unos 40 minutos. En un momento fueron a la cocina y encontraron a la hija del matrimonio, una joven de 24 años. Entonces decidieron llevar a las tres víctimas a la planta superior de la casa y ponerles precintos. “A mi no me trataron mal, tampoco a mi hija, pero a mi marido le dieron un par de golpes en la cara como para asustarlo”, dijo la empresaria.

Una batida. Los roles fueron claros desde un principio y al dúo se sumó otra persona que hasta ese momento había estado, se supone, escondido en el auto. “De pronto entró otra persona grande y con la cara cubierta y comenzó a dar órdenes a los otros dos. Revolvieron toda la casa y nos dijeron que el robo era una batida, que sabían que teníamos plata”, dijo.

   Los ladrones hallaron así los 55 mil dólares que la familia había cobrado de una herencia y los 144 mil pesos de un “movimiento de caja”. Elizabet, angustiada, dijo: “Nunca tenemos tanta plata en casa, sólo lo que hace al movimiento del salón y es parte de lo que robaron: un par de pagos de fiestas y un par de señas”.

   En medio del robo llegó un empleado del matrimonio y Carlos le dijo que no entrara, que se fuera, pero los ladrones lo hicieron pasar y también lo precintaron además de robarle el celular. “No estuvieron más de 40 minutos, se subieron al Vento y se fueron. Un rato después nos liberamos y pedimos ayuda. Nos llevaron un esfuerzo de muchos años”, dijo Elizabet con la amargura contenida.

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