Policiales

Cómo funcionaba y quiénes lideraban la asociación ilícita de Los Monos

El procesamiento dictado por el juez Vienna a 36 personas deja al desnudo el accionar delictivo.

Domingo 23 de Febrero de 2014

Un núcleo duro de cuatro jefes. Una segunda línea a cargo de administrar búnkers, ejecutar actos violentos, adquirir armas, gestionar bienes y blanquear dinero. Y un nutrido grupo de empleados de fuerzas de seguridad dispuestos a colaborar. Ese es el organigrama de la asociación ilícita que el juez Juan Carlos Vienna detectó tras investigar a la familia Cantero y sus relaciones en una pesquisa que tiene en las escuchas telefónicas el corazón de la prueba. De los 36 procesados el miércoles pasado por formar parte de esa estructura, dos aparecen en la cabeza de la organización criminal: Ariel Máximo "Guille" Cantero y su madre Celestina Contreras. Con perfiles propios, la resolución los ubica en el rol de proveer y recibir el dinero, dotar de armas a la banda, administrar los contactos policiales en busca de impunidad o favores y disponer ataques armados que sólo se concretan bajo sus órdenes.

La extensa resolución del juez Vienna ubica en cabeza de "Guille" y su madre los roles compartidos de jefes u organizadores. No son los únicos referidos en ese puesto: también aparece en posición de mando Ramón "Monchi" Machuca, hijo de crianza de Máximo "El Ariel" Cantero, ambos prófugos. Del texto judicial se desprende que el cuarto en ejercer el liderazgo fue el hermano mayor de Guille, Claudio "Pájaro" Cantero, asesinado el 26 de mayo pasado frente al boliche Infinity Night de Villa Gobernador Gálvez, lo que desató en represalia dos atentados con cuatro muertos en sólo dos días.

El cerco judicial sobre la banda con base en el barrio La Granada y ramificaciones en toda la ciudad, se desprendió de la investigación del crimen de Martín "Fantasma" Paz, quien era cuñado de Pájaro Cantero y fue ejecutado a tiros el 8 de septiembre de 2012 cuando iba al volante de una cupé BMW en Entre Ríos y 27 de Febrero (ver aparte). Eso dirigió la mirada judicial hacia una estructura de negocios ilícitos, con epicentro en el narcotráfico, que ahora el juez Vienna dio por probada y envió a la Justicia Federal.

Las intervenciones telefónicas captadas por la Side permitieron perfilar un organigrama de la asociación. Fueron intervenciones sobre celulares y Nextel en abril, mayo y junio de 2013. Para Vienna, es la prueba "más directa y más compleja de la causa". De ese material se desprende el rol atribuido a cada integrante, entre ellos 13 empleados de fuerzas de seguridad.

En ese esquema, Monchi Machuca y Mariano Ruiz —administrador financiero del grupo, detenido y procesado— aparecen como encargados de contactarse con los policías. El núcleo duro de jefes lo componen Guille, Celestina, Monchi y Pájaro. Esto no sólo se deduce de las conversaciones: en ellos convergen la mayoría de las llamadas, tal como se aprecia en un gráfico del flujo de comunicaciones que se anexa al fallo. Por debajo de ellos hay una segunda línea y un considerable volumen de llamadas tiene por destinatarios o emisores a policías cuya intervención, según Vienna, no se delimitó a alertar de operativos sino que fue más allá (ver página 41).

El clan. Sobre el origen de la banda, su evolución y estructura, una primera referencia llegó a la investigación no de las escuchas sino de un testigo de identidad reservada. Alguien que conoció la organización desde adentro y brindó detalles sobre sus integrantes, la distribución del trabajo y los contactos con uniformados que terminaron procesados por integrar la red criminal.

"En un principio el negocio de los Cantero no era la droga —contó el testigo encubierto— sino la protección de otros narcos. Lo que hacía Guille era mandarte a tirar tiros a un búnker y te dejaba el número de teléfono. Entonces ahí se arreglaba y te protegía". A partir de ahí, dijo, la estructura se extendió hasta que la cúpula familiar comenzó a administrar sus propios quioscos. "Guille no tenía búnker propio, pero les cobraba protección a todos, incluso a los Vázquez (Sergio y Daniel) que les proveían de droga, salvo a la madre, al padre y a Pájaro", precisó.

"A quien se le tiene miedo es a Guille. Pájaro era conciliador, para ser violento tenía que suceder algo extremo", describió los perfiles de los hermanos. Sobre Pájaro apuntó que siempre "manejó dos o tres kioscos, que se los manejaba Mariano Ruiz. Le manejaba todos los negocios, legales e ilegales". Y respecto de Ramón "Monchi" Machuca contó que "era un chico de la calle y los Cantero se lo llevaron a vivir con ellos de chico. Recién Monchi vuelve a tener contacto con su familia natural ya de grande. El Ariel y la Cele lo quieren como un hijo. Pájaro lo quería pero después le empezó a desconfiar. A Monchi le intentaban sacar la mayor cantidad de plata posible para que no crezca y Guille no lo quería. Siempre ha habido celo entre ellos. Los que andaban con uno no andaban con el otro", pintó la escena familiar, en un relato exhaustivo en nombres, lugares y detalles refrendados en las escuchas.

El proveedor. Acusado de ser quien aportaba el dinero a sus secuaces directos y concentraba las directivas, Guille Cantero aparece en la resolución como uno de los referentes de la organización y en cuyas narices se contaban los dividendos del negocio familiar. Más de 30 páginas están dedicadas al rol de este pibe de 25 años, preso en Coronda, quien en las escuchas aparece mencionado alternativamente como Guille, Tarta o Roberto.

No sólo fue procesado como uno de los jefes de la organización, sino además por una negociación detectada con el ex jefe de la Sección Automotores de la policía rosarina, Germán Herrera, para que no secuestraran autos de alta gama de la banda de una cochera de pasaje Blanco 6160, en medio de un operativo judicial el 30 de mayo de 2013.

Otro ilícito concreto que le reprochan ocurrió dos días antes, cuando integrantes de la banda negociaron la liberación del lugarteniente Leandro "Gordo" Vilches para cambiarlo por otro preso en la comisaría 15ª. Guille está acusado de negociar con el sargento Juan "Chavo" Maciel (otro de los procesados) el pago de 35 mil pesos por ese intercambio que hicieron agentes del Comando Radioeléctrico, un hecho por el que cuatro policías fueron procesados el viernes.

   “Claramente el imputado Ariel Máximo Cantero, alias Guille/Tarta/Roberto, no recibe órdenes de persona alguna sino todo lo contrario”, evaluó Vienna. Eso se vio cuando Guille viajó a Natal (Brasil) con su novia y otras personas el 9 de mayo de 2013. En una conversación captada a Leandro “Gordo” Vilches, supuesto controlador de búnkers de zona oeste, habló con un hombre no identificado para tomar medidas violentas contra un grupo rival en la venta de drogas. “¿Cuándo viene Guille?”, pregunta. “Supuestamente el 18, boludo”, contesta su interlocutor. Y ese fue el día en que Guille llegó al país. Esta y otras conversaciones reflejan, para el juez, que ninguna decisión se tomaba sin consultarlo.

   De otras desgrabaciones se desprende que Guille proveía de armas a sus secuaces. En una charla del 25 de abril de 2013 el lugarteniente, Ema Chamorro le dice a Vilches que prepare tres armas: “la de Roberto, la cuatro y medio y el 38” para un ataque. En otro diálogo Ema le dice a Vilches: “Yo te dejé a vos la pistola, la mía, la que me dio Guille, la Hi Power negra”. Y en otra ocasión refiere al “38 de Guille”. Todo esto, para el juez, ubica a Guille “en un rol central dentro de la asociación”.

   El grupo de los procesados Vilches, Chamorro y Emanuel “Pibu” Villa aparece como su brazo ejecutor: “Constituyen una facción al mando del imputado Ariel Cantero”, dice Vienna. Como ejemplo de esa jerarquía de jefe citó que éstos lo llamaron a Guille para “pedirle autorización para abrir búnkers en La Lata”. Surge de escuchas que incluso otorgaba casas a los hombres a su mando, que era el proveedor de dinero y que a él se le rendían las ganancias: hay conversaciones en las que sus subordinados dicen que irán a su casa a “contar la plata”.

   Hasta un reproche telefónico de “Pibu” Villa a “Gordo” Vilches dejó a Cantero hijo en un lugar de mando: “Vos tenés que ocuparte de levantar un quiosco y no controlás que lo armen. Yo estoy levantando en La Lata con Ema, en Balcarce con Ema, comprando la puerta, renegando con el material y renegando con el Guille”, cita el fallo.

   En otra charla, los mismos interlocutores hacen referencia a un trabajo violento por el que tienen que pedirle permiso a Guille: “Te vamos a buscar en mi auto y nos vamos a hablar con Roberto por el trabajo éste. Vamos a hacerlo ahora, boludo, y Pibu dice que le lleves balas porque va a llevar la 40”.

La madre. La fundadora del clan, Patricia Celestina Contreras, de 46 años, es la otra procesada como jefa u organizadora. También fue acusada por la tenencia de una pistola Bersa calibre 9 milímetros con 17 cartuchos y pólvora deflagrada que se halló en un Citroën C3 estacionado en su casa de Caña de Ambar al 1700. Ese domicilio aparece en la resolución como un lugar donde se rinde dinero, sitio de encuentro para negociaciones y depósito de “caramelos” (municiones).

   El juez consideró que esas referencias operativas en las escuchas y la cantidad de llamados que convergen en ella son demostrativas de su rol de autoridad. Encontró significativa una charla que mantuvo con su hijo adoptivo Monchi. “Ojo que están los de la Aeroportuaria en Oroño y Lamadrid”, advirtió él. “Ah, bueno, acá no hay nada igual. Yo estoy acá, dale”, contestó ella. Vienna remarcó que “aquí Machuca no da órdenes, no manda, no hace valer su jerarquía, como sí sucede en sus restantes relaciones telefónicas. Simplemente le avisa a alguien que no está por debajo de él en la organización y que se hace cargo de lo que pueda pasar”. Al rato, Monchi volvió a llamarla: “¿Qué onda? ¿No andan más los milicos?”. Respuesta: “No, se fueron para allá, para la canchita y después de ahí no vinieron más”. Un “amplio manejo de información” por parte de la mujer a quien el juez ubica moviendo los hilos de la célebre banda de Los Monos desde su casa de zona sur.

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