Cómo cayó una banda de secuestradores que pegó contra víctimas influyentes en Rosario
Capturaron a un financista y a la esposa y el hijo de un empresario farmacéutico. Y a otra víctima en Ramallo. Son del conurbano bonaerense. Cobraron más de 660 mil dólares

Viernes 22 de Diciembre de 2023

Fueron varios secuestros en la zona de Rosario con tres cualidades sobresalientes: los concretó una banda con métodos de gran sofisticación, estuvieron orientados a víctimas de alto nivel socioeconómico y nadie se enteró de lo ocurrido. El último de los hechos fue hace dos meses. Los captores retuvieron a una mujer y a su hijo de 13 años que salían de un edificio de avenida de la Libertad y San Juan, frente a la estación fluvial, y los forzaron a subir a una Trafic. Diez meses antes el grupo había capturado al hijo de un empresario de Ramallo al que terminaron liberando en Fighiera. Y dos años antes hicieron lo mismo con uno de los más conocidos financistas de Rosario, que había salido para hacer jogging de la torre Aqualina, donde vive, y a quien forzaron a subir a un auto a la altura de la sede de Prefectura.

En dos de los casos los integrantes de la banda cobraron una fortuna en rescates: más de 660 mil dólares. Pero en el más reciente el hombre contactado para negociar, un destacado empresario farmacéutico, rompió una fuerte disyuntiva -la amenaza con terminar con la vida de su mujer e hijo cautivos si hablaba- y decidió denunciar. Eso llevó a que una división Antisecuestros de la Policía Federal llegara a Rosario y entrara al lugar donde vive el empresario que es, también, la torre Aqualina (no convive con su esposa e hijo). Frente a esto los captores, que seguían sus movimientos, abortaron el secuestro y liberaron a sus familiares. “Te gusta más la plata que tu hijo, no entendiste, te dije que no digas nada y llamaste a la policía, recién entraron en el Aqualina", le dijo, intimidante, uno de los secuestradores.

El último hecho fue el 5 de octubre último a las 7 de la mañana cuando Fabiana B. salía del garaje para llevar a su hijo a la escuela. Fueron abordados por tres hombres con cara cubierta que los hicieron subir a una Trafic donde había un cuarto individuo. Les colocaron precintos a madre e hijo y los vendaron con algodones y cintas transparentes. Salieron a la ruta. La mujer escuchó que ya en la autopista los captores se detuvieron para cambiar las chapas patentes del vehículo. Llegaron a una casa que, se sabría después, estaba en San Nicolás.

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La Trafic que utilizaron los secuestradores para retener a una mujer y su hijo en un edificio frente a la Fluvial, en octubre pasado

Durante esa mañana el marido de la mujer recibió tres llamadas de un celular desconocido. En su sitio de Whatsapp le hacían saber que su esposa e hijo habían sido secuestrados. Le pedían tres millones de dólares. Le dieron instrucciones para ir a un restaurante de la Plaza Alberdi donde recogió un bolso. Adentro había varios celulares y la cartera de su mujer. Con esos celulares, numerados del dos al seis con tinta roja, se canalizarían las negociaciones.

Los diálogos empezaron, le pidieron los tres millones en dólares, pasaron las horas. A las 16.47 de ese día eterno le hicieron saber que se cortaban las negociaciones. Ya había entrado la policía a la torre Aqualina donde el empresario reside. A la tarde uno de los captores se dirigió a Fabiana B. "Bueno mamá, quedate tranquila, vamos a liberarte". Pasó sin que se concretara ningún rescate. A las 20.30 madre e hijo fueron hallados ilesos por el sereno del campo donde los habían abandonado.

El 24 de enero de este año Alejo D. volvía de la Guardería Náutica de Ramallo, donde trabaja, a su casa, cuando a su camioneta VW Amarok desde un vehículo le cortaron el paso. Se bajaron dos personas con camperas y gorras policiales con inscripción "PFA". Simulando un operativo, los supuestos agentes policiales le solicitaron que se identificara y le colocaron esposas en las manos. Luego lo obligaron a ingresar a la parte trasera del vehículo oscuro. Lo llevaron a una casa en San Nicolás.

Al día siguiente sonó el teléfono de Gustavo D., hermano del cautivo, que se llama igual que el padre. Le dijeron que mirara el Whatsapp. Le pidieron que fuera a un lugar donde estaba la camioneta del cautivo. Adentro había un bolso donde encontró seis teléfonos analógicos numerados del 1 al 6. Les daban datos precisos para cumplir con el pago del rescate: un millón de dólares. Arrancó una negociación ardua que terminó en la oferta de un pago de 580 mil dólares. Por teléfono al padre del cautivo le informarían dónde dejar el dinero. Los secuestradores hicieron partir hacia Buenos Aires al hermano de la víctima en su camioneta Amarok con instrucciones dadas por los teléfonos que les dejaron. Lo forzaron a hacer varias paradas en estaciones de servicio por todo el camino. Le indicaron que en una YPF ubicada en Wilde, partido de Avellaneda, caminara en paralelo a un alambrado que delimitaba el predio y arrojara el bolso con el dinero por encima del cerco.

Entretanto, al padre le dijeron que a su hijo lo habían dejado en el puente de Theobald, a metros de la ruta 9, pueblo vecino de San Nicolás. Los secuestradores se enterarían al día siguiente que el hecho había sido denunciado.

El que no fue denunciado fue el del financista rosarino que ocurrió dos años antes. Fue el 20 de julio de 2021. A eso de las 10.30 Jorge O. bordeaba el río hacia el silo Davis. A 50 metros de la sede desde un auto gris le dijeron que eran policías y debía acompañarlos por una notificación judicial. Para entonces Jorge O. tenía una causa penal en trámite, lo que lo hizo vacilar, pero lo apuntaron con un arma y terminó dentro del auto. Le colocaron esposas en las manos y un trapo negro en el rostro. Le sustrajeron su celular y con él se comunicaron con el gerente de la empresa bursátil de la víctima. Le hicieron saber que tenían a su colega a quien dejaron en una vivienda una hora después. Le pidieron que buscara una mochila en una cochera. Allí había cuatro celulares numerados del 1 al 4 con sus pantallas astilladas.

Exigieron un 1.500.000 dólares y dijeron que la negociación sería con los celulares que les dejaron. Los secuestradores escucharon que nunca podrían reunir esa cifra. Dijeron entonces algo muy llamativo: sugirieron que les pidiera dinero a Roberto Z que es vecino del cautivo. ¿De quién hablaban? Del empresario farmacéutico cuya mujer e hijo serían secuestrados dos años después, en octubre último, el primer caso contado en esta nota.

Jorge O. fue finalmente liberado por una suma muy inferior a la pedida. Sus amigos reunieron 80 mil dólares y 1.200.000 pesos. Uno de estos recibió instrucciones de dejar el dinero en un puente peatonal sobre Circunvalación vecino al supermercado Makro pero antes debió hacer un intrincado recorrido. A Jorge O. lo liberaron en un camino de tierra en Empalme Villa Constitución. Antes le sacaron un crucifijo con una cadena de oro, un reloj Guess y su teléfono celular.

Las dos denuncias realizadas permitieron a los distintos investigadores advertir patrones comunes en el accionar. Eso tras meses de labor fue perfilando a los autores presuntos: un grupo de hombres con pasado en el hampa, de gran pasar económico, residentes en el conurbano bonaerenses, en el barrio de Beccar, partido de San Isidro. El caso lo investigaban los fiscales federales de San Nicolás Matías Di Lello, el de Rosario Javier Arzubi Calvo y el fiscal antisecuestros Santiago Marquevich.

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La casa donde fue detenido Claudio Coto, en Beccar. El tiene antecedentes por robo y falsificación de documento público.

Los fiscales detectaron un mismo modus operandi en la conducta de los captores: utilización de amplios recursos logísticos, materiales y humanos; el estudio de las víctimas y sus movimientos mediante el despliegue de tareas de inteligencia; gran disponibilidad de vehículos más el cambio de sus chapas patentes para evitar su individualización; utilización de líneas móviles a nombre de otras personas, la consumación a través de la privación de la libertad, su traslado y disposición en un lugar seguro y las negociaciones posteriores para lograr el cometido. Lo central para los pesquisa es el cuidado en la planificación tanto de los hechos como los recaudos para no ser identificados.

El rasgo más llamativo es el de los teléfonos que suministraban a quienes negociarían el rescate de las víctimas. Les eliminaban el Imei que permite identificarlos y les dañaban las pantallas para que no funcionaran o no posibiliten una rápida llegada a los captores si los aparatos resultaban secuestrados.

El cerebro de la organización es Claudio Daniel Coto, de 60 años, un hombre con antecedentes por robo, uso de documentos falsos y secuestros, que cayó junto a su mujer Silvia López el martes pasado en Vicene López, muy cerca de la casa de dos plantas en Beccar donde viven ambos. Junto a él fueron detenidos como cómplices en los tres secuestros, Emiliano Mario Andrés Acuña, Sebastián Ezequiel Pugliese, José Luis Zárate y Sebastián Alejandro Torres. La mano derecha de Coto se llama Néstor Adrián Santabaya y ya se encontraba detenido.

Los allanamientos fueron 16 en total. Todos los detenidos están presos en el complejo de la Policía Federal en ciudad de Buenos Aires. A todos los indagaron este jueves por asociación ilícita y secuestros extorsivos.