Cómo planificaron el asesinato de Natalia Vercesi, según el fiscal
Los abogados defensores del ex basquetbolista Alejandro Bertotti y de Leonardo Forti, acusados por el crimen de la esposa del primero, Natalia Vercesi, no se opusieron a la prisión preventiva dictada por el fiscal que investiga el caso, Bernardo Alberione. El 8 de septiembre, Alberione procesó con prisión preventiva al viudo por homicidio agravado por el vínculo, alevosía, aborto en concurso real y por precio o promesa remuneratoria para Forti, a quien considera coautor del homicidio...

Sábado 19 de Septiembre de 2009

San Francisco.— Los abogados defensores del ex basquetbolista Alejandro Bertotti y de Leonardo Forti, acusados por el crimen de la esposa del primero, Natalia Vercesi, no se opusieron a la prisión preventiva dictada por el fiscal que investiga el caso, Bernardo Alberione. El 8 de septiembre, Alberione procesó con prisión preventiva al viudo por homicidio agravado por el vínculo, alevosía, aborto en concurso real y por precio o promesa remuneratoria para Forti, a quien considera coautor del homicidio ocurrido el 8 de julio último.

A las 19.30 de ese día, el viudo llamó a la policía y familiares advirtiendo que dos ladrones habían ingresado a su casa y herido de muerte a la mujer de 27 años, quien cursaba un embarazo de 28 semanas. Ahora se piensa que él ordenó su asesinato.

El plan. El fiscal Alberione consideró que Bertotti, que es kinesiólogo, planificó el asesinato de su esposa desde principio de año y que tenía intención de hacer lo propio con el marido de una mujer con la cual estaba obsesionado. Para ese propósito se contactó con Diego Forti —hermano mayor de Leonardo— quien lo escuchó, se interiorizó de sus planes y comenzó a pedirle dinero. De sucesivas reuniones habría participado Leonardo y ambos se aprovecharon económicamente de Bertotti.

Diego se abrió de esa relación y Leonardo continuó aprovechando la asistencia económica del kinesiólogo con el fin de financiar su adicción a las drogas. Según interpretó Alberione, ese día Bertotti ingresó al garaje de la vivienda que compartía con su esposa en Urquiza 94 en su auto VW Bora azul. En la parte trasera del vehículo, que tiene vidrios polarizados, se ocultaba Forti a quien había contratado para que le ayudara a dar muerte a su esposa por una cifra de entre cinco y diez mil pesos.

Una vez dentro del garage y según lo planeado por ambos, Bertotti apagó la luz y Forti permaneció oculto en el auto al aguardo de una señal para ingresar a la habitación en la que se encontraba la mujer.

Según se narra en la resolución, un primer intento por hacer bajar a Forti del auto se truncó por una llamada al teléfono fijo de la casa. Después el basquetbolista le pidió a su mujer que observara algo a través de la ventana del frente de la vivienda, con el propósito de colocarla de espaldas al lugar donde debía ingresar Forti.

Contraseña. Cuando Natalia se puso de espaldas, Bertotti hizo señas a Forti para que ingresara y munido de un elemento contundente, presumiblemente un hierro, golpeó en primer lugar a Bertotti en el rostro y luego a la mujer, en cercanías de la ventana del living. Allí la mujer cayó al suelo y su marido y Forti, con armas blancas de mucho filo, comenzaron a propinarle puntazos en diversas partes del cuerpo. La mujer reaccionó y se trabó en lucha con ambos hombres. "Habría ofrecido una tenaz resistencia" dice el escrito y detalla que la lucha se trasladó desde el living al comedor y luego a la cocina, donde finalmente cayó malherida y a los pocos minutos murió desangrada.

"Fueron 24 lesiones cortantes que le produjeron un sangrado profuso que la llevó a la muerte", consta en el escrito.

Minutos después, Bertotti le dio parte de la paga a Forti y lo hizo salir de la vivienda por la puerta del frente.

El montaje. Luego el marido se dedicó a modificar la escena del crimen con la finalidad de lograr simular un ataque de terceros que ingresaron sorpresivamente a la vivienda, tal como contó días después a los medios y a la policía. De esa forma quedaría concluido el trabajo y garantizada la impunidad. Tras los cambios que creyó necesarios para impedir la futura investigación llamó a sus familiares, a la policía y pidió auxilio a un vecino.

Tras el incidente Bertotti se fue a la casa de sus padres. Ante la policía dijo que habían sido víctimas de un robo y que dos hombres encapuchados ingresaron con intención de robar, lo golpearon, mataron a su mujer y escaparon en un Renault Clío rojo. Cuando fue detenido imputado por el crimen, 21 días después y tras un operativo cinematográfico realizado en la vía pública, el kinesiólogo negó los hechos y se abstuvo de declarar. Aún no habló ante la Justicia y según sus defensores contará su versión una vez que se edifique la estrategia defensiva.

Por su parte Forti, se presentó espontáneamente en la comisaría y quedó detenido. Declaró en dos oportunidades y contó que conoció a Bertotti en la calle y que después lo encontró en un bar de la ciudad donde el basquetbolista jugaba al pool y tomaba cerveza con sus amigos. Allí —según sus dichos— le pidió trabajo.

Teléfono público. Después lo vio nuevamente en un supermercado donde repitieron los encuentros en varias ocasiones. Se cree que en ese ámbito planearon el asesinato. Bertotti le dio el número de su celular a Forti y le recomendó que cada vez que lo llamara lo hiciera desde una cabina pública. Cada llamado era para acordar una cita en el supermercado.

Según Forti, Bertotti le dijo que tenía un trabajo para él: "Pegarle al que lo pasaba a buscar", en referencia a un supuesto amante de su esposa. Le especificó en qué farmacia trabajaba y le describió el automóvil del hombre al cual tenía que aleccionar. "Tenés que pegarle un tiro en la pata", dijo Forti que le ordenó el kinesiólogo.

Según narró, Bertotti le ofreció una paga por ese trabajo y no le imponía tiempo. Por esa razón Forti le mentía asegurándole que perseguía a la víctima apuntada y estudiaba sus movimientos, pero que no encontraba la oportunidad de cumplir su cometido. En cada encuentro Forti le pedía plata a Bertotti y éste le daba entre 100 y 300 pesos.

También contó que Bertotti le decía que su mujer tenía otra relación y que él no aguantaba más. Pero que nunca le dijo que tenía la intención de dañarla.

Las citas. Los encuentros de ambos se repetían en el supermercado. También paseaban por la ciudad en el auto de Bertotti y hablaban sobre el tema recurrente: el trabajo pendiente. Dos semanas antes del asesinato el basquetoblista buscó a Forti en el lugar de siempre y lo indagó sobre el asunto. El lo mantenía con evasivas: "No se dan los tiempos, no encuentro el momento". Allí le comunicó que el 8 de julio "cuando esté oscurito” lo pasaría a buscar por la esquina de su casa.
  Ese día Forti esperó sentado en la esquina acordada y Bertotti llegó en su auto. Subió en el asiento del acompañante y lo llevó a un descampado. Bertotti tenía ropa clara de trabajo, de la que usan los médicos y se puso una campera oscura. Le ordenó pasar al asiento de atrás, le dio un hierro y lo llevó hasta su casa.
  En ese punto de la declaración Forti recordó que había fumado marihuana e ingerido alcohol y que en el trayecto Bertotti le dijo que irían a su casa “y le iban a dar a la mujer. Cuando dijo eso no entendí bien de qué se trataba”. También dijo que Bertotti le mostró 10 mil pesos en billetes de 100 y que se los daría una vez concluido el trabajo.
  El relato de Forti sobre la forma de ingresar a la casa coincide con las conclusiones del fiscal Alberione. Pero asegura que golpeó con un hierro a Bertotti en la cabeza cuando estaban en el garaje y que éste se retiró hacia la cocina. Posteriormente ingresó al living donde la mujer se encontraba de espaldas mirando por la ventana. Allí la golpeó con el mismo hierro, se desmayó y quedó en el piso.
  Según contó Forti, en ese momento Bertotti le dio el dinero y él le dijo que se iba porque estaba asustado. Allí el kinesiólogo le sugirió que saliera por la puerta del frente y cruzara la calle en diagonal hacia el sur. Después recordó que con el golpe a Bertotti le rompió la nariz y el ojo y que la sangre que saltó le manchó el buzo y el pantalón. Cuando escapó hacia su casa se deshizo del hierro y quemó la ropa que había usado.
  Al día siguiente contó el dinero y notó que sólo había 500 pesos. El viernes posterior al asesinato y después de pasar dos días en cama con gran sentimiento de culpa Forti se juntó con algunos amigos en su casa. A las 2 del sábado salió a comprar una gaseosa y vio a un hombre con gorro negro que paseaba a un perro y se le acercaba. Cuando estaban por cruzarse advirtió que era Bertotti.
  “Vos estás loco, me mentiste”, le dijo Forti y el basquetbolista le contestó que lo estában apretando a él. Ahí sacó 5.500 pesos y se los entregó para garantizar su silencio. Bertotti le dijo que si le tocaba perder que no dijera nada. Que él lo ayudaría en todo. Forti le recriminó la actitud de llevarle el dinero a la casa, lo que aumentaba la posibilidad de que descubrieran lo sucedido.

Cómo acusó

La acusación a Bertotti y Forti, según el fiscal, se basa en 46 testimonios y como prueba documental actas de inspección ocular y allanamientos, fotografías, muestras de sangre de Bertotti, detalles del servicio de emergencia, copia de buzón de e-mail, detalle de llamadas telefónicas, planillas prontuariales, autopsia y transcripción de escuchas telefónicas.