Policiales

Cinco procesados por un triple homicidio a balazos

El hecho ocurrió en abril pasado en el suroeste de la ciudad y en el epílogo de un cumpleaños. Fue un demencial ataque a tiros contra una casa, en venganza por una pelea anterior.

Domingo 19 de Diciembre de 2010

La demencial balacera en la que murieron tres hombres en abril pasado en la zona de los barrios Triángulo y Moderno fue un ataque en una sola dirección, sin intercambio de disparos, de una banda que roció a tiros el frente de la casa donde estaban las víctimas y que disparó a matar. A partir de esa conclusión, obtenida de las pericias y pruebas de la causa, cinco imputados fueron procesados por el triple crimen, dos como autores de las muertes y tres como partícipes (ver aparte) del hecho.

Por las características del ataque, ejecutado con dos armas que llenaron de agujeros el chapón del frente de la casa baleada, los crímenes se consideraron cometidos con alevosía y calificados por la participación premeditada de dos o más personas, un delito que se pena con prisión perpetua. Así lo definió el juez de Instrucción Gustavo Pérez de Urrechu en la resolución del caso conocida la semana que concluyó.

Durante la investigación y la reconstrucción del hecho se determinó que no existió un tiroteo entre dos grupos, como alegaban los imputados en un primer momento, sino que el ataque fue unilateral. Eso se estableció al advertir que todos los disparos fueron realizados desde afuera hacia adentro de la casa y que no existieron daños en los vehículos en los que llegaron los agresores -un Peugeot 504 y dos motos- ni en las viviendas de la vereda de enfrente a la atacada.

Otro dato determinado durante la instrucción de la causa es que en la balacera se usaron dos armas, un revólver calibre 32 largo y otro 38 largo. La cantidad de balas secuestradas en la escena supera la capacidad del cargador de esas armas, de lo que se deduce que los dos atacantes recargaron los revólveres para seguir tirando.

Víctimas y victimarios. En el ataque murieron Mauro Vallejos, de 18 años; su cuñado, Paulino Herrera, de 32; y su padre, José Pinky Vallejos, de 42. Los procesados como autores de los disparos son Claudio Villalba, de 30 años, a quien le dicen Cuatro y que asumió haber sido el que accionó el 38 largo. El otro es Jorge Cuchi Mendoza, de 21, quien portaba el 32 largo. Los dos reconocieron que llevaban las armas, aunque dijeron que las usaron en defensa propia porque los dueños de casa salieron a atacarlos con armas de fuego y cuchillos. Cuatro dijo que en ese momento tropezó, cayó al piso y realizó un disparo al aire. Mendoza sostuvo que al ver caer a su cómplice se defendió a tiros de la agresión. Pero esa versión fue descartada por las pericias ordenadas por la Justicia.

La figura penal que afrontan es la de homicidio calificado por la alevosía (a raíz de la indefensión de las víctimas, que sufrieron un ataque sorpresivo) y por la participación premeditada de dos o más personas. Además, fueron procesados por la portación de las armas, una civil y la otra de guerra. Los revólveres no se secuestraron pero todas las balas halladas en el lugar habían sido disparadas por dos armas de las que Villalba y Mendoza no tenían credenciales como legítimos usuarios.

El triple crimen ocurrió la madrugada del 11 de abril pasado en una humilde vivienda de Liniers 4217, zona suroeste de la ciudad, donde la familia de José Conrado Vallejos festejaba el cumpleaños de la novia de uno de sus hijos.

Fin de fiesta. La reunión se extendió hasta las 5.30 de aquel domingo, cuando un grupo de hombres arribó a la casa en un auto y dos motos. Buscaban a los hermanos Mauro y Eduardo Vallejos, quienes participaban de la fiesta. El motivo, quedó acreditado, era una pelea que había ocurrido pocas horas antes en el barrio.

En el expediente se reconstruyó que uno de los hijos de Vallejos, José Eduardo, acompañado de otra persona, había salido en una moto a comprar cervezas. Los imputados declararon que en el camino casi atropellaron a una criatura y que eso provocó una pelea. Dijeron, incluso, que los Vallejos mandaron a un muchacho con la misión de matarlos, aunque el supuesto atacante no cumplió. Ese extremo del relato defensivo no pudo probarse.

Fue así como, en represalia, el grupo de Cuatro y compañía llegó a la vivienda de calle Liniers. El primero en salir de la casa fue Vallejos padre, de 42 años, quien intentó cruzar unas palabras con los agresores. En ese momento asomó a la vereda su hijo José Eduardo y fue entonces cuando se desató el infierno de tiros.

José Vallejos recibió dos impactos de bala, en la nuca y en la espalda, y murió cuatro días después en el Hospital de Emergencias. Las balas que lo mataron partieron del arma de Cuatro. El mismo acusado, según se determinó, luego extendió el brazo y le disparó a corta distancia a Paulino Herrera, que recibió un balazo en la zona dorsal y otro en el omóplato. Se sabe que le tiraron a corta distancia porque quedaron partículas químicas en la ropa, producto de la deflagración cercana.

Un hijo de Vallejos, Mauro, de 18 años, estaba dentro de la casa y lo mató una bala que atravesó la chapa del portón del frente. "Mauro estaba durmiendo, se levantó en calzoncillos y salió a la vereda. No lo dejaron ni hablar y empezaron a los tiros. Trató de cubrirse detrás de las chapas y un balazo le dio en el hombro", relató la tarde siguiente a este diario Fernanda, su hermana.

El muchacho se arrastró hacia el baño, donde cayó desvanecido. Se determinó que la bala que lo hirió en la zona dorsal estaba deformada y desgastada unos milímetros por su paso a través de la puerta. Esa bala fue disparada desde el arma de Mendoza. Una cuarta víctima fue José Eduardo Vallejos, quien resultó lesionado por una bala que le rozó la cabeza. La resolución del caso fue apelada por la defensa de los procesados. Si se mantiene esa calificación legal, el hecho será discutido en un juicio oral y público.

Los otros

Como partícipe primario del ataque fue procesado Jesús Tina Acosta, quien según la acusación manejaba el auto en el que llegaron al lugar los homicidas. Ese rango de participación prevé la misma pena que para el autor, prisión perpetua, porque se considera una colaboración indispensable para que ocurra el delito. En tanto Gustavo Villalba, de 26 años y hermano de Cuatro —procesado como uno de los autores de los tiros— fue procesado como partícipe secundario junto a Juan Sin hambre Acevedo. La pena, en este caso, es de 10 a 15 años de prisión.
 

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