Policiales

Cayó por una amenaza y lo buscaban por el resonante crimen de un narco

Operativo con derivaciones. Gustavo El Tuerto C. fue detenido en una estación de servicios. Le imputan el crimen de El Tuerto Boli, ejecutado de cuatro balazos ocurrido en 2012.

Sábado 25 de Octubre de 2014

Desde mediados de 2012, y de manera cada vez más insistente, El Tuerto C. comenzó a ganarse un lugar en los relatos de hechos vinculados a la narcocriminalidad y la violencia en la zona noroeste de la ciudad. Según vecinos de los barrios 7 de Septiembre, Emaús, Fisherton Noroeste, La Bombacha y Hostal del Sol, este hombre se había impuesto sobre los dominios de otro que supo tener su mismo apodo: El Tuerto Boli, o Roberto del Valle Padilla Echagüe, asesinado a balazos el 4 de diciembre de 2012 a 50 metros de la comisaría 17ª. Su insignia era el "búnker de El Medio", como llamaron sus vecinos al quiosco de Tarragona al 1100 bis. El jueves a la tarde, por un incidente insignificante si se piensa en el peso específico que le endilgan los vecinos, El Tuerto C. cayó preso en el playón de una estación de servicios de Juan José Paso y la avenida de Circunvalación. Desde allí lo llevaron a la subcomisaría 21ª acusado de "amenazas simples", pero con el correr de las horas también quedó acusado formalmente por el crimen de El Tuerto Boli y mencionado en otros dos asesinatos.

El Tuerto C. se llama en realidad Gustavo Armando C., tiene 44 años y domicilio asentado en la localidad de Funes. Es un personaje de difícil abordaje ya que sobre él se dice que está vinculado a la narcocriminalidad, pero no se conoce que en la Justicia Federal haya expedientes abiertos en su contra. Al oeste de Empalme Graneros se comenta que "heredó" (por usar un eufemismo elegante) las bocas de expendio de venta de drogas que supo tener El Tuerto Boli hasta su caída en desgracia, cuando fue detenido por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en 2008. Bajo su dominio los quioscos se transformaron en búnkers y la clientela se acomodó entre la clase media y media alta. Los residentes de esos barrios contaban que El Tuerto C. "no andaba a pata como Boli, con el que vos podías tener trato directo aunque era un tipo complicado. El Tuerto C. anda en naves (autos) importadas con vidrios polarizados".

¿Qué te pasa? El jueves, aproximadamente a las 18, un Mercedes Benz C230 color gris estaba en el playón de la estación de servicios de Juan José Paso y Circunvalación, al oeste de la avenida. Dentro del auto esperaban tres hombres. Y tanto el vehículo como sus ocupantes llamaron la atención del empleado de seguridad del playón. Trató de tomarle la matrícula de manera disimulada, pero no le salió, y cuando El Tuerto C. se dio cuenta, bajó del auto y lo increpó con dureza. "¿Por qué me anotás la patente? ¿Qué sos policía?", gritó C. El empleado se sintió intimidado y a partir de su temor hay dos versiones. Una indicó que ingresó al minimarket de la estación y llamó al 911. La otra, que exhibió un arma de fuego para controlar a El Tuerto y luego llamó al teléfono policial. Lo concreto es que a los pocos minutos un móvil del Comando Radioeléctrico llegó al lugar y se llevó a El Tuerto C. y a Gustavo L., de 30 años, a la subcomisaría 21ª. Los dos quedaron a disposición de la fiscal de Flagrancia Andrea Vega, quien los acusó por "amenazas simples".

Hasta ese momento, en el prontuario de El Tuerto C. había un robo calificado de noviembre de 2003, una amenaza de abril de 2004, una tenencia de arma de guerra de agosto de 2009 y una portación de arma de guerra de septiembre del mismo año. Pero el hombre comenzó a ser requerido por otras cuentas pendientes con la ley. La más compleja, la del juez de Instrucción Luis María Caterina, quien tiene el expediente por el crimen de El Tuerto Boli, ocurrido la noche del martes 4 de diciembre de 2012 y que se encuentra enmarcado en el viejo sistema penal. Por esa causa fue indagado ayer (ver aparte).

Ataque fatal. Aquella noche El Tuerto Boli iba al volante de un Chevrolet Astra gris metalizado con vidrios polarizados cuando llegó a la intersección de Donado y Navarro, a sólo 50 metros de la seccional 17ª. Entonces una moto con dos hombres a bordo se le puso a la par y sin mediar palabras, quien viajaba como acompañante del rodado sacó una pistola calibre 9 milímetros y disparó al menos seis veces. Los proyectiles perforaron la chapa del auto y el cuerpo de Padilla. Agonizante, la víctima trató de controlar el vehículo pero no pudo. Primero chocó contra un Chevrolet Aveo que pasó ocasionalmente por el lugar con tres jóvenes en su interior, después subió a la vereda y finalmente se estrelló contra la pared de un coqueto chalé deteniendo allí su marcha. Murió en pocos minutos.

Además de ese hecho, El Tuerto C. también fue mencionado en otros dos crímenes que se investigan en la Fiscalía Especializada en Homicidios del nuevo sistema penal. El de Ezequiel Flaherty, asesinado a balazos el 15 de marzo pasado en las inmediaciones de Pujato y avenida Central, en el barrio Hostal del Sol, hecho en el cual otros tres jóvenes resultaron heridos. Y el homicidio del 20 de julio último frente a una pizzería de Rauch al 800, en barrio Parque Casas, donde la víctima se llamó Enrique Alberto Herrera, de 43 años.

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