Policiales

Caen ladrones tras accidentada huida y feroz cruce de tiros en zona sudoeste

Robaron cinco sacas con 15 mil pesos cada una a dos cobradores. Los siguió la policía a los balazos. Se refugiaron en casas particulares pero los atraparon. Hubo un dramático accidente durante el escape.

Sábado 11 de Junio de 2011

“Fue una lluvia de tiros. Un infierno de sirenas. Yo escuché los disparos y me encerré en mi casa con llaves. Eramos cuatro cabecitas queriendo mirar por la ventana, pero no nos animábamos por el miedo”. Una señora de Barra y el pasaje Demestri, en barrio Bolatti, puso en palabras la vertiginosa y cruenta persecución por las modestas calles de la zona sudoeste de policías a ladrones que fugaban tras robar a un portavalores en bulevar Seguí y Cullen. La secuencia incluyó una feroz balacera, choques con heridos graves y cuatro delincuentes detenidos, uno de ellos con un balazo en la parte izquierda de la cadera.

El robo y la posterior persecución tuvo todos los matices. Por ejemplo, uno de los maleantes huyó corriendo, ingresó a una de las casas del barrio y llegó hasta el cuarto en el que una beba de dos años y medio dormía. “Me quedé helada cuando vi al tipo parado en la puerta de la habitación. Me dijo: «Me sigue la policía». Lo único que atiné a hacer fue decirle: «Dame, permiso». Agarré la beba, me crucé de la vecina y al ladrón lo agarró la policía en mi casa. Era un gordo de unos 30 años”, comentó Alicia, todavía azorada, en la puerta de su casa en el pasaje 1827 al 6267, paralelo a Demestri a la misma altura.

Lo que pudo ser un operativo exitoso para la policía se vio empañado por el trágico accidente que tuvo uno las chatas del Comando Radioeléctrico que llegaban en apoyo a la persecución. En Liniers y La Paz, una Chevrolet S-10 de Comando chocó de frente contra un Fiat Duna color blanco en el que viajaban tres personas, entre ellas una mamá de 30 años y su pequeña de 1. El impacto fue demoledor y las huellas quedaron grabadas en el frente del Duna, totalmente abollado. La mujer, una agente numeraria de la comisaría 19ª quien está con carpeta médica, y su pequeña resultaron gravemente heridas (ver aparte).

Robo y fuga. Todo comenzó pasadas las 9.30 cuando un Fiat Palio verde, en el que viajaban dos portavalores de la firma Transbank que entregaban tarjetas de transporte urbano y recogían recaudación, fueron abordados cerca de un negocio de Seguí y Cullen por cuatro delincuentes que circulaban en un VW Bora negro. Favorecidos por inteligencia previa e información precisa, tres bajaron y, según indicaron fuentes de la pesquisa, sin disparar un tiro, se apoderaron de cuatro sacas con dinero y una quinta, repleta de tarjetas de colectivos.

En cada saca había entre 12 mil y 15 mil pesos en efectivo. El atraco duró un par de minutos y los delincuentes exhibieron importante poder de fuego. Portaban una escopeta a repetición calibre 12.70, similar a la utilizada por la policía rosarina, una pistola calibre 9 milímetros, otra 11.25 y un revólver calibre 38. Desarmaron a un empleado de seguridad privada y le quitaron un revólver 32. Subieron al Bora negro y fugaron.

Los ladrones habían hecho un par de cuadras y al 911 ingresó un llamado alertando del robo. Minutos más tarde, el móvil del Comando 4426 lo visualizó en la zona de 27 de febrero y Rouillón y comenzó la persecución. Al grupo se sumó la patrulla 4321 y se inició un duelo de pilotos a la altura de cualquiera de las películas de la saga “Rápido y Furioso”. El Bora y los patrulleros emprendieron por 27 de Febrero, Presidente Perón (ex Godoy) un recorrido que derivó por calle Juan XXIII (prolongación de Biedma) al corazón del Bolatti. Entonces doblaron en Barra y cuando se aproximaban al pasaje Demestri, el chofer del móvil 4426 le pegó un autazo que descontroló al Bora, que quedó cruzado en la bocacalle.

“Los choros no conocían por dónde iban. Si agarraban por Demestri hacia Campbell se topaban con el paredón de la fundación «Dios es amor». Un callejón casi sin salida”, explicó una de las vecinas del barrio.

Con los autos chocados y la llegada del patrullero 4321, comenzó la lluvia de balazos.

Los ladrones se desbandaron. Uno, que llevaba un chaleco antibalas y fue identificado como Miguel G., de 22 años, recibió un tiro en la zona izquierda de la cadera y fue trasladado al Heca. Quedó tirado cerca del baúl del Bora. Otro de los ladrones sacó la escopeta 12.70 y, quizás por impericia, se le trabó el arma. Para esa altura la dotación del Comando ya había gastado un cargador de la 9 milímetros y al menos uno de los uniformados apeló a la ametralladora FMK3 y disparó una ráfaga contra el delincuente de la escopeta.

Otros dos ladrones huyeron a la carrera por Demestri hacia Campbell. Uno ingresó al patio de una vivienda del 6276 de Demestri. “Estaba durmiendo con mi hijo y escuché que querían ingresar por la puerta trasera de la casa, que está soldada porque hace poco nos robaron. En el fondo agarraron a uno de los ladrones que dejó tirado un revólver (calibre 38) cargado”, relató Nilda, de 35 años, con su pequeño hijo de un año en brazos.

“Me sigue la policía”. El segundo de los ladrones “que corrió por Demestri, llegó al paredón, dobló a la izquierda, hacia la villa La Lagunita. Volvió a doblar en el pasaje 1827, paralelo a Demestri, e ingresó a la casa del 6267. “Estábamos medio dormidos. Yo salí a la vereda porque escuché tiros y sirena. Estaba en la puerta de casa y pasa este gordo (por el ladrón), me empuja y se mete”, recordó Miguel.

“El tipo entró y fue hacia la habitación donde dormía mi hija de dos años y medio. Me quedé helada cuando lo vi parado al lado de la puerta. «Me sigue la policía», me dijo. Yo le pedí permiso, agarré la nena y me crucé de la vecina”, explicó Alicia. “Los agarraron adentro. No llevaban armas”, recalcó.

El final. Con el correr de los minutos, el lugar se pobló de patrullas y altos jefes policiales. Entre ellos estuvieron el jefe de provincia, Osvaldo Toledo, y el de Rosario, Cristián Sola. La jueza de Instrucción Roxana Bernardelli, quien conduce la pesquisa, ordenó que el sumario quedara en manos de la División Judiciales.

“Todo fue una locura. esto pasó a las 9.45 y los chicos de la escuela 1318 «Juan Domingo Perón» (Saavedra en Cullen y Garzón) y los de la 1427 «San Isidro Labrador» (Seguí al 6000) salían a las 10. ¿Te imaginas todo esto en una calle que siempre está repleta de pibitos?”, coincidieron Mary y Verónica, dos vecinas del barrio.

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