Policiales

"Cada vez que mataban a un policía pensé que no me iba a pasar y pasó"

Betiana Coronel era la esposa de Mauro Mansilla, asesinado de un tiro en Corrientes al 300 la tarde del martes cuando quiso detener a un ladrón. Crimen atroz en el centro rosarino.

Jueves 10 de Marzo de 2016

"Nunca pensé en este final. El siempre me decía cuando se iba a trabajar: «Te saludo todas las mañanas porque no sé si vuelvo». Y yo le respondía: «No me digas esas cosas», porque me angustiaba". Betiana Coronel, la viuda del suboficial Mauro Matías Mansilla, paseaba su dolor por la vereda del Hospital de Emergencias Clemente Alvarez minutos después de que le anunciaran la muerte de su compañero y padre de su hiha. El martes a la tarde Mansilla, quien estaba haciendo un servicio de custodia adicional en la proveeduría de la Asociación de Empleados de Comercio, se desplazó 50 metros hasta Corrientes 377, donde funciona el Centro de Estudios Superiores (CES), para impedir un asalto. Pero el ladrón no le dio chances y a sangre fría le efectuó un disparo en la cabeza. Luego le robo el arma reglamentaria y se fue caminando del lugar. El agente, en tanto, fue socorrido y trasladado al Heca, donde falleció a primera hora de ayer.

Entre 6 y 8 cámaras de videovigilancia tomaron distintas secuencias de la ejecución, indicó el fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, aunque destacó que hasta el mediodía de ayer no había podido acceder a las imágenes (ver página 34). Por su parte, el secretario de Seguridad Pública de la provincia, Omar Pereyra, confirmó que del análisis de las cámaras de videovigilancia "la investigación está encaminada. En principio (el agresor) está identificado a través de las imágenes".

Del sur al norte. Mauro Mansilla tenía 34 años y era policía desde 2009. Su gente lo reconocía por el apodo de "Coty". Era oriundo del barrio Latinoamérica, ubicado en Ovidio Lagos y Rueda, donde se ubica un emblemático complejo Fonavi. Tras ponerse de novio con Betiana, a fines de los 90, la pareja se casó y se compró un humilde departamento en los monoblocks del barrio 7 de Septiembre, donde la familia de Betiana lleva afincada más de 30 años. Allí nació su pequeña hija, que hoy coquetea los 3 años. "Cada vez que mataban a un policía, yo pensaba que nunca me iba a pasar. Y ahora me pasó. Lamentablemente no sé como haré para seguir", dijo Betiana.

"Tenía una pequeña esperanza de que pudiera salir. El trabajaba entre ocho y doce horas por día y tenía muchos servicios adicionales", comentó la viuda. Su testimonio sirve para contextualizar la vida que llevan a diario los agentes que se dividen entre las horas que pasan en servicio y las que trabajan en servicios adicionales para sumar un salario que les permita rozar la dignidad. Desde junio pasado, entre las 12 y las 21, Mansilla cumplía adicionales en Empleados de Comercio. "Yo necesito que se haga justicia", dijo Betiana antes de pedir que la ayuden a esclarecer lo ocurrido: "Ni un policía menos" reflexionó antes de comentar que iba a donar los órganos de Maruo "para que otros vivan".

Tras prestar servicio en la comisaría 3ª de Dorrego al 100, Mansilla tuvo como último destino la subcomisaría 11ª de Fighiera.

Junto a Betiana estaba Diego, uno de los hermanos Mansilla. Muy conmocionado, el muchacho dijo: "Nos destrozaron la vida. ¿Justicia? ¿Que justicia? Si a mi no me lo van a devolver. Mi hermano tiene una nena de 3 años. El estaba haciendo adicionales. Lo llamó una pareja porque los habían robado hace unos días. Que el ladrón estaba en la esquina. Que lo conocían. Lo siguió hasta un instituto que está a unos metros. Corrió a una chica que estaba bajando y cuando hizo eso, el ladrón le disparó y lo mató", dijo sollozando.

Pasíón por la F1. Mansilla murió siendo policía. "Cumpliendo con su juramento de cuidar a la sociedad y sus conciudadanos aún a riesgo de perder su propia vida", como recordó uno de sus camaradas. Pero antes de ingresar al Instituto de Seguridad Pública (Isep) se había recibido de periodista deportivo tras estudiar entre 2004 y 2007 en el Instituto de Periodismo TEA. Y su pasión, la que repartía como hincha de Rosario Central, era la Fórmula 1. En eso era un especialista. Escribía crónicas con opinión en el blog "Pasión por la fórmula 1" (http://www.mundoefeuno.blogspot.com.ar/). Su última nota se tituló: "Que no se llame F1; que se llame «campeonato mundial de híbridos» o algo así»" y la publicó el pasado 5 de marzo. "Todo lo que va en contra del deporte, se aprueba. Todo lo que tendría que ser a favor de la verdadera esencia de la competitividad, se abole. Se anula", reflexionó sobre los cambios que se avecinan en la F1 para esta temporada.

Un barrio que llora. En el barrio 7 de Septiembre su muerte cayó como un mazazo para los vecinos de la tira 26, que se levanta en González del Solar al 1400 bis, a escasos 100 metros del Centro Comunitario de Salud Municipal Nº 3 y del polideportivo municipal. "La verdad es que no lo podemos creer. Era un gran muchacho que no se daba con todo el mundo. Muy educado. Muy buena gente. La verdad es que hablo con vos y se me pone la piel de gallina. Ellos hace alrededor de dos años y medio que viven acá. Ella trabajaba en un hotel céntrico hasta que le detectaron cáncer de mamá, del que se estaba reponiendo. Los del hotel cuando pudieron, la despidieron", explicó una vecina, escoba en mano.

"Era un muchacho excelente. Yo lo conocí más a partir de que se vinieron a vivir a esta tira. Era muy educado y gentil. Siempre me decía: «Si a vos te pasa algo Martita, yo vengo y te salvo. Vos no te preocupés, porque yo te salvo»", recordó una de las comerciantes de la zona. En la casa de la familia de Betiana, ubicada a 50 metros de allí, en la tira 29, todo era lágrimas y dolor. "No queremos decir mucho porque no sabemos más que lo que salió en televisión", explicó una familiar de la mujer mientras en el tele Betiana pedía "justicia" desde el noticiero.

Comerciantes y vecinos de las inmediaciones del Sindicato Empleados de Comercio también valoraron a Mansilla como una "excelente persona". Compañeros del diario digital "www.conclusión.com.ar", que de produce en el edificio del gremio de Corrientes al 400, recordaron al policía asesinado como "un compañero más de trabajo". "Era una persona muy gentil. Siempre bien predispuesta. Cuando se necesitaba alguna descripción sobre un hecho policial que ayudara a contextualizar, siempre te daba una mano", comentó una de las periodistas del medio. "Sabía mucho de Fórmula 1. Le preguntábamos que iba a hacer si alguna vez le saltaba una chance para trabajar como periodista de Fórmula 1 y él respondía: «Yo largo todo»", comentó otro colega.

Anoche, Mauro Mansilla era velado en una cochería de Córdoba al 3000 y hoy será sepultado en el cementerio Jardín de Ibarlucea.

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