Lunes 14 de Julio de 2008
Marcia Quiroz salió con su esposo de su casa del barrio Matheu ayer de madrugada con la intención de llegar temprano a la parroquia donde oficia misa el padre Ignacio. Habían recorrido una cuadra con su auto cuando ella advirtió el cuerpo inmóvil de un muchacho sobre la vereda envuelto en sangre. Apenas bajó del vehículo, pudo notar que el cuerpo estaba atravesado por varias cuchilladas, se percató de que el joven estaba muerto y entonces dio aviso a la policía.
A las pocas horas la policía sabía que se trataba de Jeremías Adrián Mansilla, un chico de 19 años que se ganaba la vida haciendo changas en un taller de chapería y pintura. A pesar de que le sacaron las zapatillas, lo que podía sugerir que lo mataron para asegurar ese robo, los investigadores presumían que pudo haber sido blanco de una venganza. Las siete puñaladas que le asestaron, conjeturaban, llevaban demasiada saña como para quitarle el calzado.
Jeremías vivía con sus padres en una casa de Presidente Quintana al 1800. No tenía ningún antecedente penal. El sábado a la noche, según la policía, fue a una fiesta en una casa de Presidente Roca entre Quintana y Dr. Riva. Allí bebió cerveza con unos diez amigos.
A las 4 del domingo la cerveza se terminó. Jeremías y un compañero, Adrián S., salieron por más porrones. Caminaron algunas cuadras y, cuando llegaron al cruce de España y Seguí, los dos jóvenes se separaron. "Me voy para el lado del bulevar", fue lo último que le dijo el muchacho a su amigo. Todos los quioscos que recorrieron estaban cerrados.
El hallazgo. Una hora y media después, Adrián supo que a su compañero lo había hallado sin vida una mujer. Era Marcia, que salió con su esposo de su casa del pasaje Mozart al 1500 (Presidente Roca al 3700), para ir a la iglesia del padre Ignacio en el barrio Rucci. La pareja tomó por el pasaje y, al llegar a Roca, dobló hacia el norte. A unos metros. Marcia alzó los ojos, y desde el lado del acompañante, divisó un cuerpo con el rostro ensangrentado. Estaba en la vereda, a unos pocos metros de un taller de chapería y pintura.
"Cuando lo vi, pensé que estaba herido o borracho. Llamé al Comando Radioeléctrico", explicó Marcia ayer a la tarde en la puerta de su vivienda. La policía le pidió que se quedara en el lugar y, entonces, la mujer bajó del auto y entendió que el joven no vivía. Estaba boca arriba, con los pies cruzados y los puños cerrados como indicio de que había resistido el ataque. También habían desaparecido sus zapatillas Reebook.
Una de las cuchilladas le había marcado el rostro y otra le perforó un ojo. Tenía dos heridas más en el tórax y una, profunda, en el cuello.
Anoche, la policía presumían que al muchacho lo habían asesinado por venganza. Esta teoría está alimentada, según los pesquisas, por una pelea que Mansilla había protagonizado unos días atrás con un vecino por cuestiones no precisadas. "Nos parece demasiado ensañamiento sólo para robarle las zapatillas", comentó el vocero consultado.