Lunes 09 de Marzo de 2009
Raúl Barrionuevo, un joyero de 47 años, cumplió el sábado a la noche con las últimas tareas concernientes a su comercio, que está ubicado en el interior del supermercado Carrefour de Circunvalación y el arroyo Ludueña, frente a la línea de cajas. Después cerró el local y se retiró hacia su casa a descansar para, a la mañana siguiente, hacer lo que siempre hizo en los últimos 11 años en esa sucursal de la empresa francesa. Pero un grupo de ladrones burló la seguridad privada del complejo y por un hueco que abrió en el techo, al estilo de los mejores boqueteros, logró ingresar al local y apoderarse de una cantidad de joyas de oro valuadas en unos 90 mil pesos.
"Aún me tiemblan las piernas. Anoche (por el sábado) me fui con todo el local en orden y hoy (por ayer) me encontré con tres cuartos de la vidriera completamente vacía. Estos chicos trabajaron a oscuras, pero se llevaron la artillería pesada, casi 900 gramos de oro italiano de primera calidad", describió, desahuciado, el joyero en diálogo con este diario. Sobre la tarde del domingo y cuando los peritos de la policía provincial ya habían pasado por el lugar recolectando algún rastro que pudiera orientar la pesquisa, Barrionuevo accedió a contar su historia.
El comerciante es de Capital Federal, pero hace más de diez años que viaja permanentemente a Rosario por cuestiones vinculadas a su trabajo. De hecho, ayer contó que está haciendo serios planes para radicarse definitivamente en la segunda ciudad del país. "Puse en venta mi casa en Buenos Aires para quedarme definitivamente acá", reconoció Barrionuevo, quien contó además que está relacionado con Carrefour desde hace 18 años. "Desde esa época alquilé locales en sucursales de Buenos Aires y hace 12 que estoy en ésta", remarcó en referencia a Faraone, la joyería que fue asaltada antenoche en el inmenso súper de la zona noroeste de Rosario.
Alquiler. "Jamás tuve historia con Carrefour. Siempre trabajé tranquilo adentro del supermercado. Pero después de lo que pasó, la única persona que se acercó fue una mujer, que es parte de la custodia del lugar. Sólo me saludó, miró el local, sacó unas fotos y nada más", dijo Barrionuevo. El local que fue vulnerado por los delincuentes integra un minicomplejo de comercios cuyos propietarios alquilan directamente a la firma de capitales franceses y son completamente independientes del hipermercado. El negocio de Barrionuevo se encuentra de frente a la línea de cajas.
Para la policía, los autores del atraco debieron ser al menos dos personas, de mediana contextura física. Según los investigadores, ingresaron por el techo que está sobre el ingreso principal del súper, frente a la gigantesca playa de estacionamiento. Carrefour, según indicaron fuentes de la pesquisa, cuenta con vigilancia privada las 24 horas. Por la noche, el plantel de vigiladores queda reducido a tres hombres: uno en el interior del salón, otro en el exterior y un tercero que en teoría se desplaza con un carrito por los distintos sectores.
Tras trepar a esa especie de alero que está frente a las cocheras, los ladrones levantaron unas chapas y se introdujeron a una bóveda. Por ese lugar se desplazaron hasta la joyería. Antes tuvieron que pasar por encima de una tintorería. Una vez que estuvieron sobre el objetivo, los hábiles maleantes sin hacer el menor ruido lograron desprender uno de los paneles de yeso del techo y entraron al local. De allí seleccionaron las piezas más caras que estaban en exhibición y al parecer se retiraron por el mismo lugar por donde habían ingresado.
Ni los guardias de seguridad, ni las cámaras del sistema de video lograron detectar movimientos extraños dentro del complejo comercial. "La explicación que me ofrecieron sobre las filmadoras fue que estaban orientadas hacia el interior del súper, apuntando a las cajas. Fue una lástima, porque el salón nunca está en oscuridad absoluta, hay luces que quedan encendidas todo el día y desde afuera se puede observar bien el interior de mi local", se quejó el comericiante. Barrionuevo recién se enteró de lo ocurrido ayer a la mañana cuando llegó para abrir al público.
"Casi me desmayo. Aún no me recupero de la impresión que me causó ver tres cuartos de vidriera vacía", expresó. La tarde ayer, el joyero había reunido algo de mercadería y pudo reabrir el negocio, pero a media máquina.