Baleó a tres jóvenes para robarles cubiertas del auto y uno murió
Ocurrió la madrugada de ayer en un asentamiento de la zona norte. Anoche uno de los heridos permanecía internado en estado desesperante.

Miércoles 14 de Octubre de 2015

Ciudad Oculta es un asentamiento pobrísimo de la zona noroeste. Su pobreza extrema, obscena, contrasta con los barrios más cercanos: Rucci y la Zona Cero. En esos pasillos la madrugada del martes se produjo una cacería a escopetazos en la que murió Carlos Daniel Flores, de 28 años, y su compañero Ismael Altamirano, de 29, recibió dos escopetazos que lo dejaron internado en estado desesperante en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Otro miembro de ese grupo recibió una perdigonada en una de sus piernas.

"A mi hermano lo mató «Frutillita» con una Itaka. Todos en el barrio sabíamos que él tenía una porque andaba con la escopeta para todos lados. «Frutillita» está evadido de una cárcel de Entre Ríos y tenía en la puerta de su casa un Fiat 147 choreado. Los pibes (Carlos Flores y sus amigos) fueron y le robaron dos cubiertas del auto. Se ve que el loco los dejó y después salió con la escopeta a los tiros. A mi hermano le arrancó la axila derecha de un escopetazo. El corrió. «Frutillita» lo persiguió. Y cuando cayó al piso, lo remató. Después salió a correr a otro (Altamirano) y le pegó dos escopetazos y lo dejó con las tripas afuera. El tercer pibe se le escapó, pero con un escopetazo en una pierna. Después se fue a la casa y cuando llegó la policía se puso a mirar como si nada", explicó descarnadamente Fiama, una de los diez hermanos de Carlos Flores. "Ahora nadie quiere contar nada porque tienen miedo", dijo indignada.

Precariedad. En Ciudad Oculta viven unas 300 familias, pero el tráfico migratorio es constante. Se alojan en precarios ranchos de madera y chapas, con instalaciones clandestinas de agua y luz.

Las obras de urbanización de la villa, cloacas por Salvat y pavimento por Camino de los Ladrilleros, le suman al aire de miseria la fisonomía de un enorme obrador. Ayer a media mañana una enorme pala mecánica devoraba tierra sobre la vereda del Camino de los Ladrilleros al 3500, justo a la entrada del pasillo donde se produjo el asesinato. Ese es, por el momento, el último vestigio de urbanidad en Ciudad Oculta. Lo demás hay que ir a buscarlo serpenteando una serie de anchos pasillos hasta las entrañas de la pobreza más extrema. En ese contexto, un Fiat 147 color blanco en esos pasillos luce como un Rolls-Royce.

Refugiado. «Frutillita» vive con su mujer y dos hijos de 1 y 8 años en una ramificación del pasillo central. Frente a su casa de chapa y madera quedó estacionado el 147 blanco parcialmente destruido por los parientes de Flores, quienes residen a unos 100 metros en otro pasillo. "Este es hermano de Los 90, una banda de choros de La Cerámica. Este está refugiado acá desde hace un año. Primero se quiso agarrar a tiros con los transas de adelante (por el límite con la Zona Cero) y como la sacaron de vuelo se tuvo que ir un par de semanas. Después volvió prometiendo balas", contó una familiar del joven muerto a las puertas de la humilde tapera en la que vivía Flores.

Los parientes de Flores, padre de dos niños de 7 y 9 años, nunca ocultaron que los muchachos fueron a robar las cubiertas al 147 aunque se justificaron en que el auto era robado. "Hace tres meses que ese auto está ahí. No tiene patente. Sabemos que «Frutillita» está prófugo de una cárcel de Entre Ríos. Ese auto tiene que ser choreado", esgrimieron.

Calvario. Luego relataron paso por paso como fue la ejecución que comenzó a la 1.40 de ayer. Un grupo de media docena de mujeres y unos diez niños menores de 8 años acompañó al cronista estación por estación del calvario de Carlos Flores y sus amigos.

"A mi hermano la mató como a un perro. Primero los dejó que robaran una cubierta y cuando estaban sacando la segunda les cayó", relató Fiama. La secuencia comenzó en lo que quedaba del Fiat 147; luego se prolongó hasta el interior de un rancho donde fue ejecutado Flores; a unos 40 metros, en el ingreso al pasillo de la casa de Frutillita, un manchón de sangre marcó donde quedó Altamirano. "Le pegó dos escopetazos —calibre 12.70— sobre el lado izquierdo de la panza. Le hizo saltar todas las tripas. Cuando vinieron los médicos le lavaban las tripas con suero para poder llevarlo", dijo una allegada a Flores.

"Y después de balear a los pibes, entró a su casa y salió a mirar junto a su mujer. El pibe herido en la pierna fue a buscar ayuda y nos avisó. Por eso nos enteramos. A mi mamá le dijeron que su hijo estaba muerto a las 4 de la mañana, dos horas después de muerto", reclamó Fiama.

Preso. A la escena del crimen llegó el fiscal de Homicidios Rafael Coria, quien ordenó la detención de Frutillita ante el clamor de los vecinos enardecidos. Luego de que aportara un nombre falso y fuera identificado dactiloscópicamente, se estableció que el sospechoso se llama Gastón Néstor C. y tiene 29 años.

En tanto, anoche al cierre de esta edición Altamirano, que reside detrás del cementerio de Granadero Baigorria, continuaba internado en el Heca en estado desesperante.