Balearon al dueño de un mercadito en un intento de asalto
Todo comenzó con una advertencia a la chica que atendía la caja en el autoservicio de Avellaneda y Saavedra. A eso le siguió un disparo efectuado para "marcar presencia" que atravesó un tabique de durlock y se metió en una peluquería vecina...

Sábado 25 de Abril de 2009

Todo comenzó con una advertencia a la chica que atendía la caja en el autoservicio de Avellaneda y Saavedra. A eso le siguió un disparo efectuado para "marcar presencia" que atravesó un tabique de durlock y se metió en una peluquería vecina en la que había ocho personas. Continuó con el forcejeo entre el delincuente y el dueño del mercadito y terminó con el comerciante baleado. El hecho, en el cual los delincuentes sólo se llevaron la bicicleta de un vecino, estuvo repleto de detalles y pudo tener un saldo trágico.

  La vereda de los impares de Avellaneda al 3500 marca los confines de barrio Alvear. A una cuadra de bulevar Seguí, hay pequeños comercios levantados y mantenidos a pulmón por sus propietarios. Entre ellos está el autoservicio Gibars, que comparte el mismo salón con la peluquería Lenny Ríos y que hace tres años y cuatro robos que funciona en el lugar. Ambos locales están separados por una pared de placas de yeso. De un lado, está el salón del autoservicio conectado con la casa de sus dueños. Del otro lado de la fina pared, la peluquería con su frente totalmente vidriado.

 A punta de pistola. Todo comenzó a las 18.50 del jueves cuando dos clientas salían del mercadito en el que trabajan tres personas: Ibar, el dueño del lugar, de 41 años, despachando en la carnicería; su hija Mariana, de 21 años, en la caja; y Noelia, en la verdulería.

  "Entraron dos tipos y cuando Mariana los vio entrar cerró la caja. «Dame la guita porque esto es de verdad», le dijo uno de los ladrones y enseguida disparó contra la pared", rememoró Sonia, la peluquera que ayer no podía salir del susto. "Pensé que había explotado un fluorescente, pero se escucharon otros tres tiros y supe que lo estaban asaltando a Ibar", recordó.

  Cuando Ibar, un jujeño nacido en La Quiaca escuchó el disparo, estaba en la carnicería, en la parte trasera del local. Pensó en su hija Mariana y corrió hacía el frente. Tomó al ladrón que estaba armado por detrás y forcejearon. "Ibar tiene una pequeña renquera porque el año pasado le robaron la caja registradora, salió a correr a los ladrones y se lastimó una pierna", explicó una clienta de la peluquería. Trabado en lucha con el comerciante, el ladrón disparó hacia atrás y el proyectil impactó en el cuerpo de Ibar. "Cuando Mariana vio a su papá herido en el piso, le agarró un ataque de locura y agarró al ladrón de los pelos. Ahí el tipo siguió disparando mientras el cómplice se quedó inmóvil", explicó la vecina.

 En la peluquería. Del otro lado del tabique de durlock todo era confusión y gritos de mujeres. El balazo, el primero de la secuencia del robo, atravesó la pared e ingresó a la altura del tercer sillón de los cuatro que hay en el salón. El hueco quedó a 1,50 metro de altura, a la altura de las cabezas de las clientas que eran atendidas. El proyectil recorrió los 8 metros de ancho del salón y destruyó un exhibidor de vidrio con tinturas sin alcanzar a ninguna de las presentes.

  "Fue un momento muy feo. Ese es el sillón en el que más se trabaja y por lo general uno está cortando a la izquierda del cliente. Justo en la línea del disparo", dijo Sonia angustiada. Según contó, en el lugar había cinco mujeres y tres niños.

  Los dos ladrones salieron del autoservicio rumbo a bulevar Seguí. Entonces se toparon con un hombre que estaba en bicicleta con su hijo de 3 años. "Vos callate la boca y quedate quieto", fue lo que escuchó Armando mientras le apuntaban con el revólver. Instintivamente el hombre giró para proteger al niño de un posible disparo y los ladrones aprovecharon para sacarle la bici. "Mi marido estaba en la vereda con mi hijo. Se llevaron un susto enorme y el nene se quedó como mudo. Hoy se tuvo que ir a trabajar en colectivo", relató una vecina.

  A Ibar, a quien todos valoraron como un "un hombre muy laburante, de esos que trabajan de lunes a lunes", lo llevaron en un patrullero de la seccional 18ª al Heca. Tenía un balazo con orificios de entrada y salida sobre el costado izquierdo del abdomen, arriba de la cintura. Quedó internado fuera de peligro, coincidieron sus vecinos y la policía. De la peluquería de Sonia los pesquisas rescataron el proyectil que atravesó el revestimiento: "Podría ser un calibre 32, aunque la ojiva está esquirlada", explicó un vocero. l