Policiales

Bajo amenazas con armas robaron $ 3 mil de una heladería de Fisherton

Todo transcurría con normalidad la madrugada de ayer en una heladería del coqueto barrio de Fisherton. El local ya había cerrado sus puertas al público y dos empleadas entraban las mesas que hasta momentos antes habían estado ocupadas por los clientes.

Lunes 04 de Febrero de 2008

Todo transcurría con normalidad la madrugada de ayer en una heladería del coqueto barrio de Fisherton. El local ya había cerrado sus puertas al público y dos empleadas entraban las mesas que hasta momentos antes habían estado ocupadas por los clientes. Las trabajadoras cumplían con la tarea de rutina cuando los pasos presurosos de dos hombres armados las sorprendieron primero y las estremecieron después. Cuando uno de los recién llegados avisó que se trataba de un asalto, ya no les quedaron dudas de que estaban frente a maleantes. Entonces, detrás de los forasteros aparecieron otros dos cómplices y culminaron la tarea delictiva: inmovilizaron al dueño del local y a otros dos empleados y se llevaron 3 mil pesos en efectivo.
  El atraco ocurrió en la heladería Kivi, un moderno negocio ubicado en el cruce de Juan José Paso y Donado —en la zona residencial de Fisherton— con mesas desplegadas en el interior del local y fuera de él. A las 2.30 de ayer ya no quedaba ningún cliente. Entonces, dos jóvenes empleadas comenzaron a apilar las mesas y sillas que estaban en la vereda. En esas circunstancias fue que irrumpieron los dos desconocidos portando una pistola y un revólver.

Vano intento. Intimidada por el arma de fuego, una de las empleadas sólo atinó a cerrar una puerta interna que conecta el salón principal de la heladería con las oficinas del local en la cual se encontraba el propietario del comercio, Alberto Osman, de 58 años, contando el dinero de la recaudación.
  Allí fue sorprendido Osman por un asaltante que cubría su rostro con un pasamontañas. “El tipo estaba tan desesperado que se subió a una silla y de un salto atravesó la exhibidora de helados”, recordó el hombre.
  Apenas distinguió el gesto exaltado del malhechor, el comerciante trató de calmarlo: “Tranquilo, llevate todo y no lastimes a nadie”, le pidió.
  Pero, mientras Osman le entregaba los 3 mil pesos en efectivo que había rcaudado, entraron en acción otros dos delincuentes. Entonces, los cuatro empleados quedaron a merced de los intrusos y terminaron tirados en el suelo y encañonados por dos de los asaltantes que no les sacaban los ojos de encima. Sus socios no parecieron conformarse con el botín y abrieron todos los cajones de la oficina en busca de más efectivo aunque Osman les aseguró que no tenía un peso más. Como no hallaron otra cosas, los ladrones levantaron los teléfonos celulares de Osman y su esposa.
  Habían transcurrido unos escasos 5 minutos cuando los ladrones ya estaban en la calle. Los maleantes corrieron por Juan José Paso hacia el oeste y se esfumaron. “Yo no escuché el sonido del motor de ningún auto, pero tal vez los estaban esperando aquí cerca en un vehículo”, recordó el comerciante. Tras el escape, Osman se contactó con un operador del Comando Radioeléctrico y un móvil de esa fuerza de calle acudió “con rapidez” a la heladería, pero no pudo localizar a los ladrones.

Otros robos. El de ayer no fue el primer atraco que sufrió el dueño de la heladería de Fisherton. Desde que abrió el negocio, 15 años atrás, ya recibió la visita de ladrones en cuatro oportunidades. El último atraco ocurrió hace unos cuatro años cuando irrumpieron dos asaltantes y lastimaron al hijo del comerciante.
  Ante este nuevo episodio, Osman está preocupado por los atracos y señaló que, desde la entidad que agrupa a los dueños de heladerías, se planea pedir a las autoridades policiales medidas para controlar el delito (ver aparte).
  Sin embargo, el comerciante reconoció que efectivos de la comisaría 17ª (con jurisdicción en el lugar) y del Comando Radioeléctrico patrullan el barrio con asiduidad, pero considera que deberían asignarse más agentes para cumplir la tarea.

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