Miércoles 17 de Noviembre de 2021
Lo poco que se sabe sobre el atentado a la sede céntrica de Rosario Central es que dos personas primero arrojaron piedras para romper el vidrio y luego tiraron combustible y fuego para incendiar el lugar. Esa es la base de la investigación que inició la fiscalía de Flagrancia, pesquisa que dependerá en gran parte de la información que brinden las cámaras de vigilancia que hay alrededor. Mientras tanto, durante toda la mañana del miércoles no cesó el movimiento de trabajadores del club que intentaban rescatar del lugar, devenido en ruinas, algo de todo lo que sucumbió ante un fuego muy feroz.
Alrededor de la sede de Mitre al 800 transcurrió lo irremediable: el movimiento de ciudadanos y comerciantes de la zona que, con el impulso mismo de la cotidianidad, redujeron el hecho a uno episodio violento más de los tantos que ocurren cada semana en Rosario. Esta vez se destaca la particularidad de que ocurrió en el centro, sector de la ciudad en el que este tipo de violencia no es habitual.
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Es una característica que le da un condimento especial a un hecho que sin embargo no deja de formar parte de una sucesión de otros episodios violentos. En lo particular tiene que ver con lo que aparenta ser una disputa entre las hinchadas de Newell`s y Rosario Central que comenzó con la vandalización del busto del fundador del club del Parque. Pero en términos generales, es un hecho que se acopla a una problemática más compleja: la violencia como medio. Algo que en otros tipos de conflictos, en la misma ciudad, ya se cobró más de 200 vidas en lo que va del año.
Durante la mañana del miércoles los ciudadanos pasaron por la sede incendiada, miraron y continuaron su marcha. Algunos comentarios al pasar hacían foco principal en la violencia y la indignación que genera, compartida en expresiones como "así no se puede seguir" o "hasta dónde va a llegar esto". "¿Sabés lo que va a ser el vuelto de esto?", comentó un hombre mientras sacaba fotos a las ruinas que dejó el fuego. En ese imaginario colectivo, nutrido por casos como este e incluso más graves, este incipiente intercambio de ataques puede desembocar en algo peor.
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Hubo una persona afectada: el joven de 23 años que trabaja como vigilador privado en la sede incendiada y resultó con heridas, aunque ya está fuera de peligro. Ahora los funcionarios de Seguridad de la provincia avisaron que habrá custodia policial en las distintas sedes de ambos clubes, con la intención de prevenir represalias o la continuidad de hechos de este tipo. Aun así, en tanto no se conozca quiénes están detrás de estos sucesos, el abanico de posibilidades y formas de la violencia vuelve inabarcable a este conflicto solo con tareas de prevención.
Es un reflejo de lo que en aspectos generales acontece en Rosario. Sin ir más lejos los trabajadores de las estaciones de servicios todavía cumplen su jornada laboral con el temor que generó la seguidilla de balaceras contra locales del rubro. Fueron seis en una semana y ninguna se esclareció, aunque el ministro de Seguridad de la provincia haya dicho públicamente que habían detenido a una persona vinculada a uno de esos hechos. Lo cierto es que lo detuvieron porque lo buscaban por un homicidio y tenía cocaína encima, y que sobre las balaceras a las estaciones de servicio no se echó nada de luz.
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Tanto el incendio intencional en la sede céntrica de Rosario Central como las balaceras a las estaciones de servicios son episodios que ponen a la problemática de la violencia ante los ojos de toda la población. Los sectores medios y altos ya no solo ven por televisión o leen en los diarios cómo las balas acaban con vidas en las barriadas rosarinas. Ahora ven los agujeros de los balazos mientras desayunan en el minishop de una estación de servicio o mientras llenan el tanque de combustible de su auto. Ahora, mientras salen y entran de las galerías céntricas para comprar, ven un local atentado con fuego. Todo sucede en la misma ciudad, aunque cueste ver cada episodio como parte de una misma problemática de fondo.