Policiales

Asesinó de un puntazo a su esposo en el epílogo de una nueva pelea

Ocurrió la noche del jueves en una casa de La Tablada y mientras los dos hijos de la pareja dormían. Fue el final de una historia de violencia repartida y cebada por el alcohol y las drogas.

Viernes 06 de Abril de 2012

No era la primera vez que Roxana y Aldo discutían. Era parte de una rutina de pareja dominada por el desencanto, la desocupación, el alcohol y las adicciones. Una rutina de su malvivir que era compartida por sus dos hijos, de 8 y 12 años. Ayer, cerca de las 2 de la mañana, fue la última pelea que tuvieron. José Luis, el padre de Roxana, contó que a esa hora su yerno golpeó la puerta de su casa ya agonizante y pidiendo ayuda. Tenía un profundo puntazo en el cuello. El desenlace fue cuestión de unos minutos.

Cuando la policía llegó al lugar se topó en la vereda de la humilde casa de Biedma al 200 con Roxana abrazando el cuerpo de Aldo en medio de un charco de sangre. Al muchacho lo trasladaron en el auto de un vecino al hospital Roque Sáenz Peña, pero llegó muerto. Roxana, en tanto, fue detenida y quedó a disposición de la jueza de Instrucción Mónica Lamperti.

"Yo me cansé de meterme. Durante años, cada discusión o pelea que tenían, yo los agarraba por separado y les hablaba, les explicaba, les trataba de hacer entender. Pero me cansé. Anoche, cuando mi hijo me contó que Roxana le había pegado a Aldo no me sorprendió, porque era cosa de todos los días". José Luis, padre de la joven mujer, describió el cuadro previo a la tragedia con los ojos enrojecidos. "No sé que voy a hacer con los dos nietos. Yo ya tengo a diez viviendo en mi casa. Uno ya sabe lo que pasó y el otro recién se levanta y se lo tengo que decir", explicó el hombre de 48 años que trabaja en un taller de refrigeración. "Ellos se ponían a tomar vino y esa porquería que les arruina la vida a los pibes (por la droga) y por cualquier cosa, por cualquier pelotudez por más chiquita que sea, empezaba una pelea que era el fin del mundo", relató el hombre.

La escena del crimen. Biedma al 200, entre Colón y Ayacucho, barrio La Tablada. Allí vivían desde hace algo más de una década Roxana María P., de 31 años, y Aldo Adrián Gauna de la misma edad. Habitaban junto a sus hijos, de 8 y 12 años, una humilde construcción en el fondo de la casa de José Luis, el padre de ella. "Los padres de Aldo viven en la zona de Necochea y Esteban de Luca. No sé ni siquiera donde lo velan. No quiero ir para allá porque andá a saber qué se piensan que es uno", explicó el padre de Roxana. "Mi hija fue siempre ama de casa y él supo trabajar de camionero, pero hace unos años se quedó sin trabajo y se mantenía con changas", relató el hombre.

De acuerdo a lo que se pudo reconstruir, el miércoles por la noche Aldo y Roxana estuvieron tomando alcohol desde la tardecita. La mecánica fue la de siempre, al menos ante los ojos de José Luis. Las adicciones y la violencia naturalizada habían ya dejado un surco irreparable en una pareja que estaba hecha polvo y donde el cachetazo estaba a la orden del día. A un lado y al otro de la pareja. "Los escuchamos discutir y nosotros nos fuimos a dormir. A eso de las 2 o 3 de la mañana, ya no sé, Aldo golpeó en mi casa y le dijo a mi otro hijo, el de 25 años, que estaba herido. Que por favor lo llevara al hospital. Cuando yo me levanté, Aldo estaba tirado casi en la calle, frente a mi casa (y señala los restos del charco de sangre) y Roxana lo sostenía llorando", explicó José.

Ante el cuadro desolador, el suegro de Aldo y su cuñado corrieron dos cuadras hasta la estación de servicios de bulevar Seguí y Ayacucho. "Ahí había un patrullero y pedimos ayuda. Cuando volvimos a la casa ya había otros tres móviles. Entonces a Aldo lo cargamos en el auto de Sergio, un vecino, y ellos se fueron para el hospital", explicó el hombre. "A mi hija no la vi más. Se la llevaron presa. No pude hablar ni preguntarle qué fue lo que pasó", contó José antes de ser saludado por un vecino. "¿Qué pasó?", preguntó el residente. "La Roxana lo mató a Aldo", le respondió José sin medias tintas. Desde la comisaría 16ª se explicó que el cuchillo utilizado en el crimen no pudo ser encontrado y que en la seccional de Ayacucho al 3300 no figuraban registros de denuncias de violencia doméstica en esa pareja. El asesinato de Aldo, cayendo en el lugar común, fue la crónica de una muerte anunciada. Un homicidio y varias víctimas.

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