Policiales

Asesinatos en Rosario: no crecieron en 2012 y el sudeste es la zona más crítica

En el primer semestre hubo 87 casos contra 91 de 2011, que fue el año en que creció la tasa. La mayoría de los hechos son fuera del centro, no por robo y entre personas que ya se conocían.

Domingo 15 de Julio de 2012

En el primer semestre del año la cantidad de homicidios dolosos o intencionales ocurridos en Rosario no creció con respecto al mismo período del año pasado. Fueron 87 casos en 2012 mientras que a la misma altura de 2011 habían sido 91. La leve baja insinuada no marca un mejor estado de cosas. No solamente por el hecho de que la disminución es exigua sino porque los números se ubican en una plataforma que se elevó recientemente, de modo notorio, sin volver a decaer. Entre 2010 y 2011 la tasa de homicidio en el ámbito de la Unidad Regional II trepó más de un 30 por ciento: de 9 a 13 víctimas cada 100 mil habitantes por año. Esa escalada en tan poco tiempo está consolidada en la primera mitad de 2012 y advierte sobre un problema de política criminal a no descuidar.

   Pero los números en sí mismos pueden sonar con estridencia y decir muy poco. La semana pasada una legisladora provincial difundió con alarma el hecho de que en Rosario se registraron 85 homicidios dolosos. En realidad al terminar esta semana ya son 96 en todo el departamento Rosario. ¿Implican esas cifras mayor inseguridad general? ¿Están los rosarinos más expuestos a hechos cruentos que hace dos años?

Sumando todo. El homicidio es un parámetro útil para medir algún tipo de violencia pero no necesariamente la clase de criminalidad que provoca perturbación pública. Agrupar los homicidos sin discriminar produce alarma pero no es útil para dar cuenta de la violencia de una sociedad. Para entender problemas de seguridad urbana las sumas ayudan poco. No es lo mismo un comerciante que le dispara a su socio, un marido celoso que apuñala a su esposa, un vendedor de drogas que acribilla a un competidor barrial o alguien que mata para asegurar un arrebato. Todos son homicidios. Pero no todos implican una situación de peligro indiscriminado que es lo distintivo de los hechos de inseguridad.

   Cuando se habla de homicidios la imagen que predomina es la de una persona que mata o muere en un robo. Se trata de los casos que implican, de modo auténtico, escenarios de inseguridad. Pero que son estadísticamente, en Rosario y en el país, los menos frecuentes. Según la Dirección de Análisis Criminal del Ministerio de Seguridad provincial, de los 164 homicidios que hubo en Rosario durante 2011 solo 16 casos fueron en ocasión de robo. Es decir el 11 por ciento del total. En el primer semestre de 2012 hubo 10 homicidios con esta causa sobre un total de 87. También es el 11 por ciento de los casos.

   El martes pasado, cifra inusual para un día, se produjeron cinco muertes provocadas en Rosario. El caso más resonante fue el de dos hermanos carreros asesinados por la aparente disputa de unos caballos en un asentamiento precario cerca de barrio Rucci. También mataron de un escopetazo a un joven de 20 años en Garibaldi y Avellaneda en la llamada villa La Boca. En Villa Gobernador Gálvez ultimaron de un tiro en su casa a un ex preso de Coronda. Y por último murió tras dos días de agonía un joven de 19 años baleado en Arroyo Seco tras una discusión en un boliche.

   La sola enunciación del número, cinco homicidios en un día, se reiteró en la prensa. Ninguna muerte tiene más o menos importancia. Pero estos fueron casos poco o nada representativos de lo que suele entenderse por hechos de inseguridad. Resultaron de conflictos entre personas que ya se conocían. La mayoría en áreas urbanas relegadas habitadas por residentes que viven situaciones de inseguridad que llegan poco a los medios.

   La potencia de las cifras suele impedir que se vea esto último: no todos los habitantes de una ciudad están en condiciones de ser víctima potencial de homicidios. Los asesinatos en Rosario, al igual que los privilegios, tiene una distribución territorial muy desigual. El 16 por ciento de los homicidios se produjeron en un territorio que representa menos del cinco por ciento de la superficie urbana. Es la conocida franja de la zona sudeste que abarca los barrios La Tablada, Villa Manuelita, Villa del Tanque, Bajo Ayolas, Barrio Municipal y Saladillo, que ocupan una fracción de las comisarías 16ª y 11ª. En seis meses de 2012 allí fueron asesinadas 14 personas. Casi todas ellas, según el planteo oficial, por conflictos entre personas que se conocían previamente.

Riesgos. Esto no supone la situación de criminalidad abierta propia de la ocasión de robo. Aunque las disputas territoriales por el control de economías delictivas, o por conflictos derivados de allí, generan inseguridad que afecta a los habitantes no implicados en ellas. En La Tablada o en Saladillo los vecinos modifican sus rutinas, según testimonios recogidos por este diario, para no exponerse en la calle a la hora que suele haber enfrentamientos. Eso implica que el riesgo los acecha aún cuando sean ajenos a los grupos que contienden y entre los cuales suelen contarse agresores y víctimas de homicidio.

   Claramente quienes viven en esa zona están en una acechanza distinta que aquellos que residen en el área céntrica de Rosario. Entre los bulevares y el río, que es el distrito de mayor densidad poblacional, fueron víctima de homicidio 6 personas en el primer semestre del año. En porcentaje es el 7,32 % de la torta.

   Las manifestaciones de violencia son una parte propia y no ajena de estructuras sociales complejas como el departamento Rosario, de 1.200.000 habitantes, con núcleos de conflictividad acentuados por la desigualdad. Y de esa violencia típica de los entramados urbanos los homicidios en Rosario son una manifestación no desmesurada. Las estadísticas oficiales indican que, contra el sentido común predominante, los asesinatos por la inseguridad no son la mayoría y que la mayoría de ellos ocurren en zonas que están alejadas de la preocupación pública o de los vecinos con más capacidad de expresarse. Ahí está, a la vez, el problema y el desafío del Estado.

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