Lunes 23 de Marzo de 2009
El sábado a la noche Juan Bautista Villagra regresaba en su moto a la pizzería de la zona oeste de la ciudad donde trabajaba. Había dejado un pedido y le faltaba entregar dos más para terminar la jornada. Cuando llegó al cruce de Provincias Unidas y José Ingenieros se detuvo para dejar pasar algunos vehículos. Entonces, una pareja se le acercó con la intención de robarle el rodado y él intentó resistirse. En respuesta, el asaltante le hundió un cuchillo en el corazón y lo mató.
Juan tenía 24 años y trabajaba en la pizzería que desde hace un par de años su padrastro, Claudio Rolón, tiene en la misma esquina donde ocurrió el trágico asalto. Eran las 23.30 del sábado cuando el muchacho volvía al negocio en su Zanella 110 tras dejar un pedido en una casa situada a un par de cuadras del local. El tránsito que circulaba por Provincias Unidas lo obligó a detenerse y fue en ese momento que una joven pareja se le acercó caminando por un lavadero de vehículos.
Resistencia fatal. Al parecer, Juan sospechó e intentó eludir a los ladrones. Pero lo agarraron y forcejeó con ellos. "Aparentemente, mi hijo no quiso entregarles la moto. Entonces el tipo le dio una puñalada y la chica lo empujó al suelo", contó Rolón.
A pesar de estar malherido, el muchacho logró incorporarse mientras sus atacantes escapaban corriendo y sin llevarse nada. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Juan cruzó la avenida en dirección a la pizzería y se derrumbó en medio de un charco de sangre. Murió frente al comercio sin saber que los maleantes habían dejado la moto tirada en la vereda.
Una vecina acudió en auxilio del cadete, que con sus ojos abiertos parecía clamar ayuda sin poder pronunciar palabras. La mujer se contactó con el Sies pero, mientras esperaban, una ambulancia privada pasó por el lugar y los médicos intentaron reanimar a Juan sin éxito. El muchacho murió cuando lo llevaban al Heca.
Rolón estaba detrás del mostrador del negocio cuando los vecinos le avisaron lo que había ocurrido. Desesperado, salió a buscar a los asesinos pero no los halló. Sin embargo, por algunos testimonios, sabe que viven en la barriada, en una villa situada a unas tres cuadras de la escena del crimen. "Se esconden en un canchita de Juan B. Justo y Fraga porque allí le dan protección", comentó un vecino.
La vida de Juan estuvo signada por el esfuerzo. Unos meses atrás le habían robado otra moto mientras realizaba un reparto, en José Ingenieros y México, y para comprar el rodado nuevo "había sacado un crédito", contó Rolón, quien conoció a la madre de Juan cuando éste todavía era un nene. "Prácticamente lo crié yo", dijo con orgullo.
Ayer Rolón lucía desencajado, parecía impotente y sólo repetía que "de esta manera no se puede seguir trabajando". "El sábado a la noche estuvimos comentando la inseguridad que hay en Buenos Aires después de ver un noticiero, y ahora nos tocó a nosotros", reflexionó.
"Solamente trabajaba y no salía nunca", comentó Rolón mientras una vecina conmovida se acercó a saludarlo. "Era un buen muchacho", dijo la mujer. Juan vivía con la mamá y sus hermanos en José Ingenieros al 6900, a dos cuadras de la pizzería y muy cerca de donde ayer su familia acondicionaba un pequeño salón para poder velarlo.