Sábado 09 de Agosto de 2008
Un albañil y un empleado administrativo fueron espantados testigos del asesinato de un obrero durante un asalto en un edificio en construcción en el centro. Como guiado por un dato certero, un ladrón solitario ingresó ayer a la tarde al lugar en el momento que un pagador de la constructora abonaba los haberes semanales a uno de los peones. Otro de ellos, de 40 años, intentó frustrar el golpe. Le pegaron dos tiros, uno en el hombro y otro en el cadera. Murió a los diez minutos, cuando llegaban las ambulancias.
Mientras los obreros se abrazaban estremecidos por la vivencia, se presentó en el lugar un dirigente gremial de la seccional local de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra). Muy serio, dijo: "Estos son los riesgos de una situación irregular que en Rosario ocurre en muchas obras y es bien conocido: el pago de parte o la totalidad del sueldo en negro. Las empresas deberían depositar el dinero de los haberes en el banco. Hubo reiterados asaltos los días de pago. Acá vemos los riesgos lamentables que esto implica", afirmó Pablo Córdoba, secretario gremial de la entidad.
El drama. Antonio Lescano tenía 40 años y vivía en Nuevo Alberdi con su esposa y sus dos hijas: una nena de 11 años y una beba de 5 meses. Había llegado de Chaco hace veinte años y, según algunos compañeros, ese era el tiempo que llevaba trabajando en la constructora que edificaba en Balcarce 750, frente al Normal Nº 2.
El robo que terminó en asesinato se produjo ayer a las 16.15 cuando un hombre joven entró para despojar al pagador. Para todos fue evidente que contaba con información oportuna y sabía dónde dirigirse: el lugar del robo está a diez metros de la línea de edificación en un recodo en el medio del encofrado de la planta baja. Hacia allí fue.
El pagador le estaba abonando a un peón cuando el ladrón los encañonó a ambos y se apoderó de 5.600 pesos.
Según lo que contaron los testigos a la policía, Lescano estaba trepado a la losa, sobre el encofrado de madera, y advirtió lo que ocurría. Bajó con sigilo y sorprendió al asaltante, al que aferró por la cintura desde atrás para interrumpir el atraco.
El ladrón dio un giro sin soltar el arma y pudo zafarse del agarrón. Tras darse vuelta le disparó. Por la dinámica del movimiento se determinó que el delincuente es diestro. Los dos tiros que le pegó, uno en el hombro y otro en la cadera, ingresaron al cuerpo de la víctima en forma oblicua. El maleante salió corriendo y lo vieron perderse por calle Santa Fe.
Cuando llegaron los dos móviles del Sies, Lescano estaba inmóvil en el piso. Intentaron reanimarlo sin éxito
Al rato surgieron caminando por calle Córdoba la mujer de Lescano, su hermana y un par de amigos. La esposa cargaba a la beba de cinco meses en brazos. Ni bien tomaron contacto con los obreros estallaron en llanto. El cuerpo de la víctima seguía allí.
La decena de personas que estaban en la obra fueron a prestar testimonio ante la policía. Los que vieron toda la secuencia pudieron describir al agresor y contemplar álbumes con fotos para intentar individualizarlo. Se estima que el arma utilizada fue un revólver calibre 38
La llegada de patrulleros y el vallado policial hizo que una multitud de curiosos se amontonara en torno de la obra a la hora de salida de los chicos del Normal Nº 2.