Asesinan de tres tiros por la espalda a un joven ante su hermana de 12 años
Carlos Miguel Angel Rojas tenía 24 años y estaba a punto de completar sin conflictos su pauta de libertad condicional. Pero no pudo ser. El domingo por la noche, frente al centro de atención primaria de salud provincial de Estrella Federal y Guardia Morada, le dispararon tres veces por la espalda. Los vecinos se quejaron porque la ambulancia tardó más de dos horas en llegar y la policía no evacuó al joven en un móvil alegando que no podían tocar el cuerpo...

Lunes 28 de Diciembre de 2009

Carlos Miguel Angel Rojas tenía 24 años y estaba a punto de completar sin conflictos su pauta de libertad condicional. Pero no pudo ser. El domingo por la noche, frente al centro de atención primaria de salud provincial de Estrella Federal y Guardia Morada, le dispararon tres veces por la espalda. Los vecinos se quejaron porque la ambulancia tardó más de dos horas en llegar y la policía no evacuó al joven en un móvil alegando que no podían tocar el cuerpo. Rojas agonizó sobre el pavimento a 20 metros de un cartel que dice salud. Por su homicidio está detenido un adolescente de 16 años con el que mantuvo un fuerte cruce de palabras horas antes.
  “Gracias por venir. Cuando mi hijo murió pensé que en el diario iba a salir que era un ajuste de cuentas y esto nada tiene que ver con eso. Mi hijo estaba pagando por el error que cometió, pero se estaba cuidando. Ya no se drogaba, cirujeaba para darle de comer a su hijito y pasó las fiestas tranquilo. Me lo mataron igual”, dijo ayer Cristina. A trece horas del crimen no lograba terminar los trámites requeridos desde el Instituto Médico Legal para entregarle el cuerpo de Carlos. Lo único que quería esta mujer, madre de ocho hijos, era velarlo en la casa de pasillo en pasaje Lirio al 1900, el último rasgo catastral del municipio en barrio Las Flores.

Pobreza y muerte. Ninguno en la familia Rojas ocultó que Carlos tenía antecedentes penales “pero de cuando era menor”. También comentaron que junto a su tío Martín Alberto A. premaneció detenido como sospechoso del crimen de Jesús Emanuel Pereyra, de 18 años, asesinado de un escopetazo en la cabeza en mayo pasado. “Pero a los dos los dejaron libres por falta de mérito”, comentó Cristina. Carlos vivía junto a su pareja y su pequeño hijo de cuatro años en una humilde vivienda sobre Lirio entre Guardia Morada y España, justo detrás del centro de salud provincial número 15. Un sector donde los carros de cirujeo y los caballos ocupan el espacio que en otros barrios les toca a los autos. Y Carlos era uno más de los que se ganaba el mango cirujeando.
  Cristina contó que el domingo su hijo tuvo un entredicho con un pibe del barrio apodado Eze, de 16 años, ahora detenido como sospechoso de haber participado en el crimen. “Mi hijo estaba corriendo un caballo, que no era suyo, porque se acercaba a su yegua. En eso pasó este pibe re empastillado y lo desafió: «Dejala que la sirva. ¿O te la servís vos a la yegua”». Mi hijo le contesto: «Respetá si querés que te respeten»”, recordó la mujer. “Entonces el pibe le prometió tiros y Carlos le preguntó si en vez de meter bala no se la aguantaba boxeando”, continuó Cristina. Todo pareció quedar en un cruce de palabras áspero, que en lugares como Las Flores no suelen terminar allí.
  “Llegué de trabajar a las 15.30 y mi hijo me vino a ver dos veces. Me contó que este pibe lo andaba buscando con otro en una moto. Por eso le pidió a su mujer que se llevara el nene a la casa de su mamá”, a unas tres cuadras y media de Lirio al 1900, relató Cristina. “Se la veía venir”, indicó.

Tres disparos. Eran las 22 cuando Carlos y su hermana de 12 años salieron de la casa materna rumbo a la de la suegra del muchacho. Caminaron por Guardia Morada y al llegar a Estrella Federal, en la esquina del centro de salud “Juan Domingo Perón”, resonaron tres disparos.
  Hace un año y ocho meses, en abril de 2008, en esa esquina hubo otra balacera de final trágico: mataron a Pablo García, que tenía 11 años, e iba en moto con su papá (ver aparte).
  “Estábamos comiendo un asado y oímos el estruendo pero pensamos que eran cuetes ”, relató una mujer del barrio, que vive frente al lugar donde cayó Rojas. “Salimos y el muchacho estaba malherido en la calle. Nadie lo quiso tocar. Llamamos a la policía y tampoco lo levantaron. La ambulancia llegó como a las dos horas”, relató un vecino. “En este barrio estamos en manos de Dios”, reflexionó.
  Carlos Rojas recibió tres balazos. Uno le entró por el hombro izquierdo y le salió por hemitórax posterior derecho, Otro le dio en el brazo izquierdo y el tercero en la zona cervical derecha. El enorme charco de sangre que quedó grabado sobre el pavimento al costado de una zanjita pestilente daba una vaga idea, ayer al mediodía, del tiempo que la víctima agonizó sin asistencia. “Sentimos los tiros y corrimos hacia la esquina. Mi hijo ya estaba tirado en el suelo”, relató Cristina.
  Horas más tarde la policía detuvo a Eze, el pibe de 16 años con el que había discutido Rojas horas antes de su asesinato, quien reside a unos 50 metros del lugar del ataque sobre Guardia Morada. Según se precisó no tiene antecedentes y no hubo secuestro de arma. Mientras los pesquisas tratan de establecer qué participación tuvo en el hecho, los familiares de la víctima aseguran que no fue el autor material pero sí el ideólogo. También aportaron el apodo del supuesto matador, que sería mayor de edad. Investigan la subcomisaría 19ª y la Sección Homicidios.