Asalto repetido en una chacra de General Lagos
"Ya nos robaron todo. Ahora sólo falta que nos lleven la vida". En esa desolada afirmación se resumen las sensaciones de Teresa, luego de que su familia hubiera sido asaltada dos veces en los últimos cuatro meses en su chacra de General Lagos, un par de kilómetros al suroeste de la autopista a Buenos Aires. No sólo la visita los impresionó, también el desparpajo de uno de los ladrones.

Miércoles 29 de Julio de 2009

"Ya nos robaron todo. Ahora sólo falta que nos lleven la vida". En esa desolada afirmación se resumen las sensaciones de Teresa, luego de que su familia hubiera sido asaltada dos veces en los últimos cuatro meses en su chacra de General Lagos, un par de kilómetros al suroeste de la autopista a Buenos Aires. No sólo la visita los impresionó, también el desparpajo de uno de los ladrones. "El único que estaba encapuchado me dijo que había estado también en el robo anterior y me preguntaba por qué esta vez no había plata en la casa", sostuvo.

El último atraco ocurrió el lunes a la noche. Ese día tres hombres ingresaron a punta de pistola y redujeron a las tres personas que había en la vivienda, entre ellos una mujer de 83 años. Después de atarlos y encerrarlos en una habitación sólo se llevaron un teléfono celular, dos cachorros de Rottweiler y unos pocos pesos, pero dejaron la casa como si hubiese ocurrido un terremoto.

El martes por la noche, Pedro, Teresa y su hijo, los dueños de casa, fueron hasta General Lagos al festejo de cumpleaños de un familiar. En la vivienda habían quedado la madre, un cuñado de Pedro y Rafaela, una amiga de la familia que ayuda en las tareas domésticas.

La propiedad está ubicada al costado de la planta de silos de la firma Careaga y Teglia, donde además de acopio de cereales hay una planta procesadora de legumbres. Al establecimiento se llega por un camino de ripio en excelentes condiciones, que a pocos metros empalma con otros que desembocan en la autopista a Buenos Aires o, hacia el otro lado, en el pueblo de Monte Flores, muy cerca de Rosario.

Rafaela contó que todo se inició a las 22.30 del lunes. "Patearon una de las puertas de chapa, rompieron el vidrio y nos encañonaron con revólveres hasta que les abrimos. Uno de ellos se lastimó la pierna con uno de los vidrios de la puerta, así que se la envolvió con un trapo, pero igual perdió mucha sangre y dejó rastros por toda la casa", recordó la mujer, mientras ordenaba los cajones desordenados.

Atados y encerrados. A Rafaela y al cuñado de Pedro les ataron los pies y las manos y los encerraron en una de las habitaciones. Mientras que la anciana permaneció en otro cuarto, pero no la maniataron. En poco menos de una hora los intrusos revolvieron todos los cuartos y muebles de la casa mientras intimidaban a los dueños de casa para que revelaran los lugares donde podría haber dinero.

Casi una hora después, los asaltantes se marcharon y sólo pudieron llevarse un teléfono celular, dos cachorros de Rottweiler, un reproductor de DVD y unos pocos pesos en efectivo. Antes de irse dejaron una estufa encendida cerca de la puerta de un ropero que casi provoca un incendio.

Como pudo, Rafaela zafó de las ataduras y esperó durante media hora el arribo de los dueños de casa. "Les pedí que no me ataran fuerte porque sufro del corazón", recordó. "Esta es la segunda vez que nos asaltan. La otra fue el 10 de marzo, cuando estábamos con mi esposo y mi hijo. Ese día se llevaron una camioneta Toyota Hilux, que nunca fue encontrada, una computadora, celulares, una cámara digital y unos mil pesos", relató Teresa, indignada por la escasa protección policial que existe en esa zona.