Policiales

Arrasan con dos locales señalados por vender droga en barrio Ludueña

Un niño hirió de dos balazos en el pecho a un joven y eso desató la furia de un centenar de vecinos. Estos incendiaron un quiosco y saquearon un centro comunitario. "Quemamos todo para que no vuelvan".

Miércoles 04 de Abril de 2012

Cerca de cien vecinos protagonizaron una rebelión barrial contra un quiosco de drogas en Ludueña: le prendieron fuego luego de que un soldadito de muy corta edad la emprendiera a tiros en una cancha de fútbol de Campbell y Barra e hiriera a Ricardo T., un joven del barrio que recibió dos balazos en el pecho y está internado en el Heca.

El estallido se desató a las 18 del lunes y para frenarlo intervinieron efectivos de las seccionales 12ª y 14ª y bomberos. Al finalizar la jornada se contabilizaban un detenido, dos prófugos, un búnker incendiado y un centro comunitario destruido y saqueado por los vecinos. Estos sostuvieron que desde ese lugar también "se vendían drogas".

En el búnker arrasado, en Tupac Amaru y Garzón, se encontraron al menos tres cartuchos de escopeta calibre 16. En el centro comunitario Vecinos Unidos, de Olavarría y Pasaje 1, los habitantes del barrio se apoderaron de documentación que acredita el trabajo social realizado por quien lo administraría, Mónica E. Las planillas y los DNI, al igual que los cartuchos, seguían ayer en manos de los vecinos.

Los hechos se sucedieron alocadamente. Los domingos o feriados por la tarde se hace en el barrio -un asentamiento en el que viven unas 5 mil personas- un torneo de fútbol en el que participan "hasta mujeres", como dijo Jorge, un antiguo vecino. Cerca de las 18 se acercó "un chiquito de no más de 12 años y empezó a tirar con una 22, estaba borracho o drogado, no sabemos", dijo el hombre.

De entre los jugadores emergió Ricardo, conocido en el barrio como Richard, y encaró al menor para que dejara de disparar. El chico no dudó y le asestó dos balazos en el pecho que, según sus familiares, están situados por detrás del corazón. "El está internado en estado reservado en el Heca" dijo la abuela.

Luego de los disparos la canchita fue un pandemónium. Los vecinos se alarmaron y se indignaron. Así, unas cien personas de "todo el barrio, algunos armados" fueron al quiosco de drogas de Garzón y Tupac Amaru.

En ese territorio de pasillos y profundas carencias un grupo tomó unas maderas, las roció con combustible y prendió fuego al búnker que en segundos pasó de ser una cueva de ratas a una trampa mortal. El lugar, de dimensiones mínimas, tenía orificios por donde se despachaba "marihuana y cocaína", al decir de los vecinos.

Hecho de ladrillos y con un acre olor a excrementos en el lugar había tres personas, una de ellas una chica embarazada que comenzó a gritar. "Cuando vimos que estaba con la panza rompimos a mazazos una pared y la sacamos", sostuvo Ana, una vecina conocida por todos.

La policía llegó rápido. "Se pusieron a buscar a uno de los chicos que estaba adentro y se escapó por los techos. A ese le tiraron pero se fue. Pero otro se escabulló por un agujero hacia el centro comunitario", manifestaron los vecinos, que no dudaron en lanzar acusaciones. "De la 12ª viene a buscar la plata un tal Chino, así que el lunes poco hicieron. Se quedaron parados cuando el pibe se metió en el centro comunitario".

En ese momento arranca otra historia: "El pibe se metió en lo de Mónica E., una mujer que administra el centro, pero nunca reparte nada y usa el lugar para vender merca. Le dijimos a la policía y a ella que sacaran al chico del centro, pero no quiso, entonces entramos y lo encontramos debajo de una cama", dijo María, otra de las vecinas.

Pero la acción seguía. Los vecinos dentro del lugar encontraron, al menos eso cuentan, "mucha mercadería para comer", además de calzado, ropa y electrodomésticos. "Las cosas las sacamos a la calle y se distribuyeron entre todos".

El chico, en tanto, fue sacado del centro comunitario y unos cuantos vecinos se abalanzaron sobre él, golpeándolo, mientras personal de la seccional 14ª hacía lo imposible para protegerlo y entregarlo a sus pares de la 12ª, que se lo llevaron.

En tanto la titular del centro comunitario, Mónica E., huyó acompañada de cuatro personas y sus nietos mientras sostenía una "frazada con drogas y una cartera. Cómo será que acá a la vuelta se le cayeron fasos" dijo una joven madre que vive a dos cuadras y estaba con su hija en brazos. "Estos se trasladan. Cuando se cierra el quiosco lo abren acá a una cuadra en lo de Sandra, donde venden pastillas", dijo refiriéndose a la comercialización de psicofármacos.

"Estamos cansados, acá hay tiros todas las noches. No se puede vivir. Quemamos todo para que no vuelvan" dijeron dos vecinas. Durante la presencia del cronista, frente al búnker se detuvieron dos motos. "No se vende más", le dijeron los vecinos a los ocupantes de los rodados que se marcharon. Entonces un chico armado, de no más de 20 años, increpó al fotógrafo de La Capital: "No me saques fotos, no me quemes". Un barrio tomado por los "narcos", como dicen los habitantes presos de las balas en Ludueña.

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