Policiales

Apresan a un chico de 17 años por matar a la pareja de su mamá

“Mamá, si podés perdoname, pero primero estaba yo”, le dijo Jonathan G., de 17 años, a la madre en la comisaría 19ª ayer a la mañana, tras ser detenido por el crimen de la pareja de la mujer. El muchacho asestó un golpe mortal con una baldosa a su padrastro, en el desenlace de una pelea y, cuando ya estaba moribundo, le anudó al cuello una cámara de una bicicleta...

Martes 11 de Diciembre de 2007

“Mamá, si podés perdoname, pero primero estaba yo”, le dijo Jonathan G., de 17 años, a la madre en la comisaría 19ª ayer a la mañana, tras ser detenido por el crimen de la pareja de la mujer. El muchacho asestó un golpe mortal con una baldosa a su padrastro, en el desenlace de una pelea y, cuando ya estaba moribundo, le anudó al cuello una cámara de una bicicleta. El muchacho, según una fuente policial, explicó su acto porque no toleraba más los tormentos que infligía a su madre.
  La relación de Julio Eduardo Abud, de 35 años, y de Rosa Beatriz Arriola, de 44 años, se inició cuatro años atrás. Ella había terminado un matrimonio. De esa unión habían nacido sus cuatro hijos, entre ellos Jonathan. El por entonces estaba separado de su mujer, con la que había tenido dos hijos. Dos años atrás, Abud y Arriola se fueron a vivir a un sector del barrio toba de Rouillón al 4000. Allí ocuparon una vivienda en el pasaje A al 5800, una calle de una cuadra transversal a Rouillón.

Vidas difíciles. Jonathan, que trabaja como carpintero, se fue a vivir con ellos. Y fue testigo de las desavenencias de la pareja. La vida de Rosa ya estaba signada por el dolor: su hija de 21 años había muerto a raíz de una meningitis y eso la había quebrado. La convivencia de Julio y Rosa no era la mejor. El, según la mujer, era “alcohólico” y, cuando estaba en ese estado se volvía “incontrolable”. El había trabajado como albañil y ahora se ganaba la vida como cocinero de una rotisería de 3 de Febrero y Paraguay. Ella limpia casas y recibe el mínimo beneficio de un plan de Jefas de Hogar.
  La tardecita del domingo, Rosa acudió al templo de un culto evangélico de San Martín al 1000, tal vez buscando la paz espiritual que creía haber perdido. Llegó decepcionada y se encontró con una escena que la llenó de bronca. Su marido yacía en el suelo. Según ella estaba borracho y sólo balbuceaba algunas palabras. “Como me dio rabia verlo así, no le hice la comida”, recordó ayer Rosa en su humilde vivienda.
  La mujer se sentó en la cocina y encendió un cigarrillo. Jonathan presenciaba la escena en silencio. Un rato después, Julio se incorporó e increpó a la mujer. “No te hagas la viva conmigo ”, asegura ella que le dijo en tono intimidante. “Le pregunté si quería comer algo. El me pidió que le devolviera los 20 pesos que me había dado para comprar la comida, pero le contesté que lo había gastado en las cosas para la cena”, contó la mujer.
  Rosa intentó tranquilizarlo. Le prometió que le pediría los 20 pesos a Jonathan y se los daría. Pero a cambio del dinero, la mujer le exigió a Julio que se marchara de la casa. El hombre, según Rosa, parecía extraviado. Jonathan entonces le puso la plata en uno de los bolsillos y le rogó que se fuera de la casa. La mujer se interpuso entre ellos. “Jonathan andá a dormir, Julio se va esta noche o mañana”, le anunció al hijo.

El golpe final. Sin embargo, el muchacho y Julio elevaron el tono de la disputa. Jonathan se golpeó el pecho mientras le gritaba a su padrastro que su madre no merecía ese maltrato. Entonces, los dos hombres se trenzaron en una pelea. Desesperada, la mujer corrió hasta la casa de una vecina para pedir ayuda y llamar a la policía.
  Un rato después, al regresar a su casa, distinguió el cuerpo ensangrentado de su pareja, mientras Jonathan le anudaba una cámara de bicicleta en el cuello. El rostro de Julio estaba desfigurado. Jonathan, según declaró a la policía, le había partido la cabeza con una baldosa.
  Tras el ataque, el muchacho se fue de la casa y Rosa corrió a llamar a la policía. Según ella, una patrulla del Comando Radioeléctrico llegó recién “unas dos horas después” cuando Julio ya había muerto. A Rosa la llevaron demorada a la comisaría 19ª, donde les contó a los agentes lo que había ocurrido. Un rato después, Jonathan fue detenido en la casa de un familiar ubicada en Presidente Quintana al 3900.

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