Viernes 11 de Septiembre de 2009
Es poco lo que conocemos. Hay un chico que mata a su hermano, que ataca a su madre, que luego mata a un vecino. ¿Qué ocurre cuando ocurre algo así? Armar cuestiones de estructura llevará tiempo porque cada caso tiene su fantasmática. Lo que sí sabemos es que quien pasa al acto de esta manera está perdido como sujeto, aplastado en un lugar de objeto. De alguna manera resulta él mismo objeto de su crimen.
¿Por qué pasa al acto y mata? Porque hay algo inadmisible de él mismo que ha quedado en evidencia en el otro. La tensión agresiva puesta en el acto implica que hubo algo insoportable puesto de manifiesto por quien tiene en frente. Con esto se pone en juego su necesidad, de manera aberrante, de hacer funcionar algo de la ley.
Tradicionalmente en el momento del juicio desde la psiquiatría se propone una alternativa: definir si el sujeto es responsable o no al momento del acto. Se procura entonces definir si no hubo conciencia porque existió obnubilación o si el involucrado es un perverso. Esa alternativa que define todo desde la decisión voluntaria o la irracionalidad saltea una posibilidad. Se ubica en un sujeto al que no se le supone ningún inconsciente.
Y actos como este no suelen ser activados desde la conciencia.
Solemos decir, en casos así, que el sujeto no es contemporáneo de su acto. Queremos decir que el sujeto está borrado o que en el momento de su crimen no hay sujeto. En este pasaje al acto el que actúa está excluido de sí mismo.
Para poder restablecer clínicamente a alguien que produce algo de esta magnitud debemos devolver al sujeto su acto. Responsabilidad no es una cuestión de conciencia. Hay una posición inconsciente a la que tenemos que llevar al sujeto para que reconstruya su historia y se pueda hacer responsable de ella.
(*) Psicoanalista. Docente de la Maestría de la Facultad de Psicología UNR