Policiales

Alegó inocencia el acusado de matar a un repartidor, pero lo complicaron

Fue en el juicio oral por el crimen de Darío Tirabassi, baleado en 2009 en el barrio Saladillo. El imputado alegó que estaba pescando. Pero una testigo dijo que guiaba la moto del que tiró.

Jueves 02 de Junio de 2011

"Yo me declaro inocente. Ese día yo me encontraba pescando". Desde su asiento de acusado, Hugo Daniel Aranda estrenó los micrófonos de la sala para procesos orales donde ayer se inició el juicio en su contra por el crimen del repartidor de Arcor Darío Tirabassi, quien en 2009 fue asesinado durante un asalto en el barrio Saladillo.

La audiencia de ayer, a sala llena y con un público compuesto en su mayoría por jueces, abogados, puso de relieve las expectativas por el ciclo de juicios orales que dispuso la reforma procesal penal en la provincia. Este es el segundo juicio con la modalidad oral que se realiza en Rosario tras el cambio legislativo, que dejará atrás el proceso escrito. Se hizo en una de las salas que se construyeron en el primer piso del edificio de Balcarce 1650.

El tribunal, presidido por Gustavo Salvador e integrado por Carlos Carbone e Ismael Manfrín, medió en los contrapuntos entre el fiscal Aníbal Vescovo y las defensoras Estrella Galán y Marcela De Luca, por cuestiones de la prueba y la forma de interrogar a testigos.

El pescador. Hugo Daniel Aranda, un pescador de 26 años al que le dicen La Mona, llegó a juicio acusado en tres causas: una por el robo de 10 pesos a una vecina de 10 años, ocurrido el 28 de enero de 2006, otra por la tenencia en su casa de una escopeta recortada que le incautaron en abril de 2009, y por último el asesinato de Tirabassi durante el asalto al distribuidor, a quien balearon en elmentón cuando bajaba de su camión de reparto.

Fue el 14 de octubre de 2009 al mediodía. Tirabassi estacionó frente a una granja de Hilarión de la Quintana al 12 bis su furgón Ford 4000 y lo abordaron dos jóvenes en moto para robarle la recaudación. A corta distancia le dispararon con un revólver calibre 22 y escaparon. La bala le ingresó por el mentón y quedó alojada en la cabeza. Tres días después falleció.

Por llamados anónimos a la comisaría 11ª, el 17 de octubre la policía allanó la casa de Aranda en la cortada Mangrullo a metros de 1º de mayo y secuestró un revólver 22 marca Brenta, con una vaina servida y dos proyectiles intactos. A él lo apresaron más tarde, en diciembre, tras otro allanamiento en la vivienda.

El detenido, que ya obtuvo condenas anteriores, llegó a la audiencia con jeans rayados, zapatillas y remera salmón. Al rato su defensora pidió que le cedieran un abrigo porque tenía frío. Fue procesado como autor de un homicidio calificado, lo que se pena con prisión perpetua. Pero en la audiencia de ayer el fiscal modificó el encuadre y lo acusó de otra figura legal, el homicidio en ocasión de robo. El cambio se debe a que el encargado de la acusación (con intervenciones muy precisas durante la audiencia) había realizado esa postulación legal para un acuerdo de juicio abreviado que no prosperó. Ese delito tiene una pena más leve, con un mínimo que ronda los diez años.

Para Vescovo, el crimen ocurrió en un asalto pero no fue realizado para buscar impunidad. También acusó a Aranda de la portación del arma, el robo calificado a la nena de 10 años y la tenencia de la escopeta.

En cambio los querellantes Karina Bartocci y Martín Ricardi, del Centro de Asistencia Judicial, anticiparon que pedirán su condena por la figura penal más grave. Ellos representan al padre de la víctima y reclamaron que se considere homicidio calificado criminis causa: dicen que a Tirabassi lo mataron al no poder concretar el fin de robo.

"Y qué pescaban". La defensa, por último, se inclinó por la absolución alegando que el día del hecho Aranda estaba en otro lugar. Cuando le preguntaron si quería declarar, el detenido aseguró lo mismo: "Yo me encontraba pescando. Nos fuimos por tres o cuatro días". Relató que la semana del crimen estuvo en la isla frente al barrio El Mangrullo con un conocido y que esa semana volvieron a Rosario por combustible. Sin ahondar en detalles, dijo que dormían bajo un toldo. "¿Y qué pescaban?", lo invitó a explayarse la querella. "Pescado", fue la lacónica respuesta de Aranda, que arrancó risitas entre el público. "Volvimos un viernes a la tarde y me encuentro con esto que se me está imputando ahora", se defendió.

Entre los testigos estuvo el entonces jefe de la comisaría 11ª, subcomisario Julio Brunelli, quien declaró en dos ocasiones. Primero por el operativo de secuestro de la escopeta recortada, ocurrido seis meses antes del homicidio, y luego por el ataque a Tirabassi. Habló sobre los llamados anónimos que -según dijo- atribuían el ataque a "La Mona" Aranda. Y sobre el secuestro en la casa del detenido de un arma calibre 22. El jefe de la Sección Balística, subcomisario Gustavo Colombo, dijo luego que no se pudo comparar ese revólver con la bala extraída al cuerpo de la víctima porque estaba deformada.

A la tarde declaró María Graciela P., una testigo que complicó la situación de Aranda. Sin vacilar, la mujer lo apuntó como quien conducía la moto "Cripton de color azul" en la que se movilizaron los dos hombres que asaltaron y mataron al repartidor de productos alimenticios. "¿Puede decirnos si el imputado está en esta sala"?, le preguntó Martín Ricardi, uno de los abogados querellantes. "Sí", respondió Maria P, mientras señalaba a "La Mona".

Dos en moto. Antes, a pedido de la defensa de Aranda, se leyó la declaración dela testigo en la comisaría 11ª. En ese relato, la mujer explicó que, a las 11.55 del 14 de octubre del 2009 estaba en su casa con su hija, Lorena. "A esa hora se cortó la luz y salí a la calle para ver qué había pasado. En ese momento, escuché una detonación y después vi a dos hombres que iban en una moto Cripton azul por Hilarión de la Quintana. Uno de los tipos era morrudo, tenía cara redonda y llevaba una camisa a cuadros. El otro que iba atrás (del rodado) tenía una gorra blanca con una visera", sostuvo en ese momento.

María P. dijo en sede policial tras el crimen que estaba en condiciones de reconocer a los autores del violento asalto. "Los conozco de vista porque los dos (asaltantes) siempre iban a un bar que estaba en avenida del Rosario y Dinamarca. Y yo vívía arriba" (del comercio). Luego se leyó la declaración que brindó ante el juez Luis María Caterina, el juez instructor del caso. En el tribunal aseguró que el que disparó el balazo que terminó con la vida de Tirabassi fue el maleante que iba como acompañante. "El que tiró está libre", aseguró.

La hija. Después, brindó su testimonio ante el tribunal oral Lorena H., la hija de María Graciela P., una enfermera que trabaja con chicos discapacitados. La mujer contó que mientras salía a la calle porque se había cortado la luz escuchó una detonación.

"En la vereda vi que goteaba sangre de la camioneta. Me acerqué y vi al repartidor herido. Después lo acomodé en la camioneta y le pedí al almacenero de enfrente que llamara al Sies. Balbuceaba, pero no entendía lo que decía", recordó. La enfermera también contó que distinguió a una moto de color azul tras la estampida. "Iban (los ocupantes del rodado) de contramano y doblaron en Castro Barros", indicó.

Amenazas

María Graciela P. dijo que fue amenazada tras el crimen de Tirabassi por un joven al que le dicen "Oreja" o "Pachu". "Yo sé que vos me viste, pero yo no lo maté. Fue Sánchez. Yo sé dónde vivís. Vos sos la vigilante que vivía arriba del bar", recordó con angustia. Dijo que después que apuntó a Aranda "le pusieron un arma en la cabeza a mi hija en mi casa".

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario